Cuentos en la Web - Cuéntame un cuento http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web Sat, 19 Aug 2017 20:39:12 +0000 Joomla! - Open Source Content Management es-es cuentameuncuento.es@gmail.com (Cuentame Un Cuento) Presentación del Hombre Pelo http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/120-20140901cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/120-20140901cuento-2 20140901ilustracion cuento web

 

* Hay más que lo que vemos
* Todo es posible, si lo imaginamos
* Siempre hay alguien dispuesto a echarte una mano

Si alguna vez oís una voz, pero no veis a nadie, no os preocupéis, porque quizá sea El Hombre Pelo.

El Hombre Pelo es muy, muy fino, tan fino como un pelo, por eso nadie le ve, excepto algunos niños. Esos niños no necesitan verle, porque, al oírle, imaginan cómo es realmente.

El Hombre Pelo está siempre yendo de un lado para otro. Normalmente llevado por el aire que produce su amigo Viento.

Pero sus amigos de verdad son los niños que viven en las casas donde se refugia, huyendo de aquellos que le quieren tirar a la basura cuando le encuentran en la sopa, que le gusta muchísimo. O en el lavabo, cuando se quiere lavar para quitarse el polvo de los viajes.

Estas personas normalmente dicen: "¡Qué asco, un pelo en la sopa!" o "¡Qué guarrería, pelos en el lavabo!". La próxima vez que oigáis decir eso a alguien, escuchad atentamente. Si oís una voz que proviene de esos lugares, podría ser el Hombre Pelo que ha entrado en vuestra casa y que quiere estar bien comido y muy limpio, para cuando vaya a visitaros a vuestra habitación a contar sus aventuras. Y no os preocupéis si le han tirado a la basura, él está acostumbrado a salir de las bolsas donde normalmente le tiran.

El Hombre Pelo no cree ni en la buena ni en la mala suerte. Le pase lo que le pase, bueno o malo, él se lo toma siempre como si fuese lo mejor que le puede pasar. Aprende de todo y disfruta de la Aventura.

Algo que muy pocos saben es que está enamorado. Él nunca ha hablado con su amada, pero sí la oye entre sueños. A veces cuando está solo y, sobre todo, cuando es feliz. En ocasiones ella parece que se esconde detrás de las hojas de los árboles de los bosques o entre la gente. Cuando se acerca para verla, huye y desaparece. En los momentos difíciles este amor le ayuda a seguir.

Uno de los momentos más peligrosos que ha vivido fue en su encuentro con la que después sería su amiga, Águila Real. Casi pierde la vida. Águila le confundió con una lombriz y ... 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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pedroperezgomez@gmail.com (Pedro Pérez Gómez) Cuentos en la Web Sat, 17 May 2014 16:22:22 +0000
Capítulo 1 - El Hombre Pelo y Águila Real http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/155-20140902cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/155-20140902cuento-2 20140902ilustracion cuento web 

Uno de los momentos más peligrosos que ha vivido el Hombre Pelo fue en su encuentro con la que después sería su amiga, Águila Real. Casi pierde la vida.

 

Como ya sabéis el Hombre Pelo debe su nombre a que es tan fino como un pelo. Esto tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Las ventajas son muchas, puedes volar llevado por el viento, puedes hacerte casi invisible, si no te mueves o te metes entre otros pelos de verdad. Pero también te puede dar problemas.

 

Uno de eso problemas lo tuvo en su primer encuentro con Águila Real. Águila le confundió con una lombriz, porque se había caído en un suelo lleno de barro. Al intentar salir, se le fue pegando el barro por todo su fino cuerpo que, poco a poco, dejó de ser fino para hacerse más gordo. Ser más grueso y realizar movimientos para escapar le hacían parecer cada vez más una lombriz.

 

Justo encima de él empezó a volar un águila real que tenía un hambre terrible, porque llevaba unos cuantos días sin nada que llevarse a la boca. Los conejos estaban escondidos y los ratoncitos también. Cuando la veían volar y acercarse se metían en sus madrigueras. Habían aprendido que cuando Águila vuela cerca es para comerse a alguno de ellos. Es la Ley de la Naturaleza. Algunos animales se tienen que comer a otros como alimento para sobrevivir. Pero a los conejos y a los ratoncillos no les hacía ninguna gracia esa Ley. Todos huían despavoridos en cuanto veían algo grande volando en el cielo.

 

Así que Águila tenía el estómago más vacío que un globo deshinchado. Y como, para poder cazar, las águilas tienen una vista fabulosa, vio desde lo alto que algo se movía, retorciéndose en el barro. Pensó: comida, poca, pero comida. Y, sin dudarlo, se lanzó a volar en picado a por la "lombriz". Que en realidad era el Hombre Pelo lleno de barro. Como estaba pendiente de salir de la trampa en la que había caído, no se dio cuenta de que Águila venía a por él.

 

En un abrir y cerrar de ojos, Águila le cogió con el pico y se elevó de nuevo por los aires. El Hombre Pelo, al principio pensó que un amable pajarito le llevaba de paseo por los aires. Estaba encantado de ver esos paisajes, liberado por fin del pegajoso barro en el que se había caído.

 

Desde la altura se veían las montañas muy pequeñas y los ríos parecían arroyos. Algunas nubes estaban abajo en lugar de arriba. Águila y él estaban en el cielo. Todo muy bonito.

 

Pero, de pronto, todo se oscureció. Notó algo húmedo que le llevaba hacia una cueva. Empezó a moverse desesperadamente para salir de esa cueva que le tragaba. Se vio morir, casi cortada la respiración. Apretado contra las paredes y lleno de unos líquidos rarísimos. Quiso gritar pero no pudo. Y, cuando por fin consiguió decir alguna palabra de socorro, nadie parecía escucharle, porque sus palabras se las tragaban las paredes de esa cueva oscura.

 

Cuando ya estaba despidiéndose del mundo, de su vida aventurera, ocurrió algo diferente. Unos movimientos de la cueva empezaron a empujarle hacia arriba. Le dolía todo el cuerpo con tanto golpe y tanto apretujón. Y ¡oh, sorpresa! salió otra vez por donde había entrado.

 

Águila se había posado sobre una roca y expulsó al Hombre Pelo contra ella. Lo que le faltaba. Menos mal que era muy flexible y no tenía los huesos muy duros. Pero el golpe fue morrocotudo. Lo único que le consolaba es que había salido de la cueva garganta de Águila. Tan contento estaba que gritó: "¡Al fin libre!".

 

Águila estaba muy sorprendida. Una lombriz que sabe a tierra y que además habla. ¡Qué raro!. Mirándole fijamente le dijo, en su lenguaje aguileño, "¿Y tú quién eres?". El hombre Pelo que, en sus viajes por todo el mundo, entendía casi todas las lenguas, le respondió: "Todos me conocen como el Hombre Pelo, por lo delgadito que soy. ¿Y tú quién eres y por qué has intentado comerme?".

 

Águila se lo explicó: "Creía que eras una lombriz y, con el hambre que tengo, no me he dado cuenta de que tenías barro pegado. Al llegar al estómago, me han dado ganas de vomitar y te he echado fuera". "¡Puaj qué asco!" dijo el Hombre Pelo. "Pero gracias a eso me he salvado de morir".

 

Águila ya no le miraba como alguien a quien comerse, sino como un amigo simpático. El Hombre Pelo se dio cuenta de que Águila era buena y que había que ayudarla a conseguir comida. Se subió encima de su cuello y le dijo: "¡Vamos en busca de un restaurante!" Águila no sabía lo que era un "restaurante". Nunca había ido a uno, pero este hombrecito parecía saber lo que hacía. Así que siguió sus instrucciones y voló hacia el pueblo más cercano. Aterrizaron detrás del restaurante como le dijo su nuevo amigo y allí encontraron ......

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pedroperezgomez@gmail.com (Pedro Pérez Gómez) Cuentos en la Web Sat, 17 May 2014 16:30:17 +0000
Capítulo 2 - El Hombre Pelo en El Restaurante http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/157-20140903cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/157-20140903cuento-2 20140903ilustracion cuento web

Como ya sabéis por el capítulo anterior, Águila confundió al Hombre Pelo con una lombriz y como tenía tanta hambre se le tragó. Unos minutos después le vomitó porque estaba lleno de barro. Después de hablar con él, Águila ya no le miraba como algo para comer, sino como un amigo simpático.

 

El Hombre Pelo se dio cuenta de que Águila era buena y que había que ayudarla a conseguir comida, porque tenía mucha hambre. Se subió encima de su cuello y le dijo: "¡Vamos en busca de un restaurante!" Águila no sabía lo que era un "restaurante". Nunca había ido a uno, pero pensó: "Este hombrecito parece que sabe lo que hace". Así que siguió sus instrucciones y voló hacia el pueblo más cercano.

 

Aterrizaron detrás del restaurante, como le indicó su nuevo amigo, y allí encontraron restos de comida en la basura. Águila tenía tanta hambre, que se lanzó a comer todo lo que podía. Con tanta prisa, no se dio cuenta de que, el cubo de la basura, empezaba a moverse peligrosamente para todos los lados. En uno de esos movimientos, el cubo se cayó al suelo, produciendo un ruido tan fuerte, que hizo que saliera uno de los cocineros a ver qué pasaba. Salió con un cuchillo en la mano que estaba utilizando para cortar queso. Águila empezó a mover las alas para levantar el vuelo, pero se chocaba contra el suelo y con el cubo caído. El cocinero se acercaba con el cuchillo en la mano. Sus gestos no eran de amistad. Águila ya se veía convertida en una plato de pollo frito para el restaurante.

 

El Hombre Pelo observaba la escena aterrorizado. Acababa de hacer una amiga y su vida ya corría peligro. Sin pensarlo ni un segundo, se lanzó a la cabeza del cocinero, justo detrás de la oreja, camuflado entre los otros pelos de verdad. Una vez allí empezó a gritar: "Fuego, fuego, fuego". El cocinero se paró en seco. No hay nada que aterrorice más a los seres humanos, que oír la palabra fuego. Así que, se dio media vuelta hacia la cocina, que era el único lugar donde podía haber un fuego.

 

Águila aprovechó la ayuda de su amigo para salir volando tan lejos como pudo. Mientras, el cocinero miraba y miraba a ver dónde estaba el fuego, sin encontrarlo, porque no había ningún fuego. La idea del Hombre Pelo, para salvar a su amiga, había funcionado, pero ahora era él el que se encontraba en peligro, si le descubrían.

 

El cocinero, preocupado por las voces que había oído, empezó a tocarse la cabeza, con tan mala pata que el Hombre Pelo se le quedó enganchado en uno de los dedos. El cocinero se sacudió la mano y, el Hombre Pelo, fue a parar a uno de los platos de sopa, que un camarero iba a servir. Como la sopa es uno de los platos preferidos de Pelo, le pareció que estaba de suerte y se puso a comer, porque él también había empezado a tener hambre con tanto ajetreo.

 

El camarero llevó la sopa a la mesa correspondiente. Allí, una mujer muy guapa, acompañada de un joven también muy guapo, estaban esperando para comerse esa deliciosa sopa que les traían.

 

A la joven le tocó el plato en el que el Hombre Pelo estaba disfrutando. Al llevarse la cuchara a la boca, Pelo le gritó: "¡Por favor, no me comas!". No quería repetir la experiencia de la cueva oscura que tuvo con Águila.

 

La chica horrorizada lanzó la cuchara al aire gritando: "¡Qué asco, un pelo en la sopa! ¡Y además habla!". El resto de los que estaban en el restaurante pensaron que se había vuelto loca. Así que no le hicieron mucho caso. Aprovechó el Hombre Pelo esta confusión para salir del restaurante como pudo.

 

Un fuerte viento le esperaba en la puerta de salida y le levantó hacia el cielo, mientras escuchaba decir al Aire: "¡Fiu, que divertido, Fiu, ¿quieres que te ayude?". En esta situación el Hombre Pelo no tenía mucha elección, así que le contestó que sí. Aire le susurró "¿Y a dónde quieres que te lleve?". "A un sitio tranquilo, por favor". Y dicho y hecho, le llevó a la habitación de (aquí el nombre del niño o los niños o niñas a los que se les está leyendo el cuento). Detrás de él, la mamá cerró la ventana que se había abierto con el Aire. El Hombre Pelo estaba tan cansado, que se tumbó en la alfombra y no pudo evitar que se le escapase un pedete. Tanto aire le había afectado. Los niños lo oyeron y empezaron a buscar quién había sido. Pelo respondió: "Perdón, he sido yo, es que he tragado mucho aire cuando he venido volando". "¿Volando? ¿Y eso cómo se hace?".

 

En ese momento, entró la madre, "¿Con quién habláis?".

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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pedroperezgomez@gmail.com (Pedro Pérez Gómez) Cuentos en la Web Sat, 17 May 2014 16:32:38 +0000
Capítulo 3 - El Hombre Pelo en La Habitación http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/158-20140904cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/158-20140904cuento-2 20140904ilustracion cuento web

 

Empujado por el fuerte viento, que le esperaba en la puerta de salida del restaurante del que huía, el Hombre Pelo llegó hasta una casa. El viento abrió una de las ventanas por la que entró en la habitación de (aquí el nombre del niño o los niños o niñas a los que se les está leyendo el cuento).

 

Detrás de él, la mamá cerró la ventana que se había abierto con el Aire. El Hombre Pelo estaba tan cansado, que se tumbó en la alfombra y no pudo evitar que se le escapase un pedete. Tanto aire le había afectado. Los niños lo oyeron y empezaron a buscar quién había sido. Pelo respondió: "Perdón, he sido yo, es que he tragado mucho aire cuando he venido volando". "¿Volando? ¿Y eso cómo se hace?".

 

En ese momento, entró la madre, "¿Con quién habláis?".

 

Los niños respondieron: "No, con nadie" y no mentían. En realidad, aún no sabían si hablaban con alguien o se lo estaban imaginando. Así que, cuando se fue la madre, le volvieron a preguntar: "¿Cómo puedes volar?".

 

El Hombre Pelo estaba muy cansado, después de todo lo que le había pasado en el restaurante con Águila, y sólo quería dormir, pero le preguntaban con tantas ganas, que no podía echarse a dormir sin más y no responder. No le dejarían. Así que se armó de paciencia y empezó a contarles esa parte de su historia.

 

Todos me llaman el Hombre Pelo porque, como veis, soy delgadito como un pelo y, por eso, casi nadie me ve. Y, si me sopláis, salgo volando.

 

Un día, cuando estaba tranquilamente durmiendo la siesta en el campo, encima de una roca, empecé a oír un sonido lejano parecido al de una flauta. Fiuuuu, fiuuuuu.

 

Al principio me gustó bastante. Era como música, que me ayudaba a dormir. Pero, poco a poco, el sonido se fue acercando. Fiuuuuu, fiuuuuu, fiuuuuu. Como tenía mucho sueño, intenté seguir durmiendo. Al poco, una hoja cayó sobre mi. Abrí los ojos, para ver qué estaba pasando.

 

En el cielo había unas águilas volando. Parecía que les gustaba volar, casi sin mover las alas. Más abajo, un montón de hojas secas también "volaban". Esto me pareció un poco raro, porque las hojas no vuelan, pero, como me acababa de despertar, pensé que era parte de un sueño.

 

La flauta ya sonaba casi dentro de mis oídos. Fiiiiiuuuuu, fiiiiiiuuuuu, fiiiiiiuuuuuuu. En ese momento, oí una voz que parecía cantar muy contenta: "Soy Aire, soy Aire", casi parecía que lo decía bailando "Soy Aire, soy Aire".

 

Abrí bien los ojos para ver quién me hablaba, como vosotros hace un rato al oírme. Pero no vi a nadie. La voz seguía diciendo "Soy Aire, soy Aire". Y añadió: "Yo produzco el viento, que hace volar a todos".

 

Entonces lo comprendí todo. El Aire se movía para producir el viento, que permitía volar a las águilas sin mover las alas, y a las hojas "volar" hacia mi. No pude pensar más, porque el Aire con su viento me alcanzó y me llevó volando, acompañado por cientos de hojas, que parecían una bandada de pájaros de color marrón clarito.

 

Una de esas hojas se puso debajo de mi y me pareció oírle decir: "¡Súbete!". Me dejé llevar. Fue un viaje delicioso. Montañas, ríos, pájaros, el sol, la luna, pueblos, gente andando. Y yo arriba mirándolo todo.

 

Poco a poco, el viento fue parando y la hoja bajó a la tierra, conmigo encima de ella. Me dejó entre la hierba verde. Por si acaso me contestaba, le pregunté: "Aire ¿dónde estás?". "Aquí, aquí, aquí. Tú no me ves, pero yo estoy por todas partes".

 

Desde entonces, viene a ayudarme cuando le necesito, aunque, a veces, se enfada y produce huracanes que pueden levantar casas y árboles.

 

De pronto, se dio cuenta de que estaban muy callados. Miró a las camas y vio que todos estaban dormidos. No podía quedarse allí. Seguro que, a la mañana siguiente, se lo contarían a su madre y tendría que dar explicaciones. Según estaba pensando esto, apareció el gato de la familia. Pasó por su lado, le olió y el Hombre Pelo se le quedó pegado a los bigotes. Con el movimiento le empezó a hacer cosquillas y salió corriendo por el pasillo. El Hombre Pelo se agarró con fuerza al bigote del gato y se preparó para una nueva aventura.

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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pedroperezgomez@gmail.com (Pedro Pérez Gómez) Cuentos en la Web Sat, 17 May 2014 16:34:41 +0000
Capítulo 4 - El Hombre Pelo y Gatoni http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/121-20141001cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/121-20141001cuento-2 20141001ilustracion cuento web 

De pronto, El Hombre Pelo, que había sido llevado por el Viento a la habitación de unos niños, se dio cuenta de que estaban muy callados. Miró a las camas y vio que todos estaban dormidos. No podía quedarse allí. Seguro que, a la mañana siguiente, se lo contarían a su madre y tendría que dar explicaciones. Según estaba pensando esto, apareció el gato de la familia. Pasó por su lado, le olió y el Hombre Pelo se le quedó pegado a los bigotes. Con el movimiento le empezó a hacer cosquillas y salió corriendo por el pasillo. El Hombre Pelo se agarró con fuerza al bigote del gato y se preparó para una nueva aventura.

 

El gato se dirigió a una puerta como si estuviese poseído. Se iba a lanzar contra ella. Pelo pensó: "Este gato está loco, se va a estampar contra esa puerta". Él quedaría también hecho trizas, espachurrado como un moco seco en un pañuelo, cuando la cabeza del gato y él se estrellasen contra la madera.

 

Pero ocurrió algo fantástico. Cuando se esperaba el golpe fatal, la madera cedió y el gato salió al exterior. Había una puertita movible por la que, seguramente, siempre salía. Eso no le libró de seguir horrorizado. Frente a ellos la noche oscura y un frío de congelador de nevera les esperaba. No quería soltarse de los pelos del gato porque podía ser peor, caído entre la hierba podría ser devorado por los Seres de la Noche, que veían en la oscuridad y que estaban dispuestos a zamparse cualquier cosa que se moviese.

 

Después de dar un montón de vueltas a la casa corriendo a todo correr, el gato paró. Sin ninguna explicación, sin ningún motivo aparente, el gato paró. Los gatos son muy diferentes a los perros, no son predecibles. Siempre hacen lo que les da la gana. Y, si intentas entenderles, mirándoles, se te quedan con los ojos fijos que parece que te dicen: "Como me quieras hacer algo te enteras". Mientras estás intentando comprender lo que ocurre, salen disparados, como si les persiguiese su mayor enemigo.

 

Así que, el gato se paró de repente y Pelo fue a parar al suelo. Menos mal que la arena era blandita. Allí tirado pensó que era su último minuto, que se lo comería inmediatamente. Pero no fue así. Empezó a lanzarle la pata sacando sus uñas. Parecía jugar, pero ese juego podía ser peligroso. En una de esas patadas Pelo se enganchó a una de las uñas. El gato se lo llevó a la nariz para olerle. Pelo se vio morir, pero no. Le puso en el suelo y le miró fijamente. Pelo le gritó: "¡Por favor, no me comas, tengo muy poca carne!". A lo que el gato respondió con gesto de sorpresa levantando las orejas. "Sólo estoy jugando contigo, creía que te gustaba. Mi nombre es Gatoni" y le acercó una pata para saludarle. El Hombre Pelo no sabía si responderle o salir corriendo. Decidió ser educado y darle la mano. Gatoni quiso hacerle una gracia y retiró la pata justo en ese momento. Pelo pensó: "Decididamente no entiendo a los gatos".

 

Gatoni comprendió que Pelo no iba a ser su mejor compañero de juegos, así que, le puso sobre su cabeza y comenzó a andar muy elegantemente, hasta llegar a una casita de madera que los niños tenían en el patio. Allí le puso sobre una mantita y, dándose la vuelta, salió por la misma puerta por la que había entrado. A Pelo le pareció ver un gesto de desprecio por no haber jugado con él.

 

Fue lo último que vio, había muy poca luz. La luna era aún del tamaño de un plátano y apenas iluminaba. Cerró los ojos, agotado, y se quedó dormido.

 

¡Kikirikí!. Pelo abrió los ojos. ¡Kikirikí!, cantó el gallo otra vez. Pelo miró a su alrededor y recordó vagamente la aventura de la noche anterior. Se puso de pie dispuesto a irse de allí, no fuese a venir otra vez ¿cómo se llamaba? ¡Ah sí!, Gatoni. No fuese a venir Gatoni con ganas de jugar.

 

Afuera ya empezaba la actividad. El cielo empezaba a ponerse azul claro. La noche se estaba yendo en el horizonte. Pelo se puso a andar por un camino lleno de piedras. Qué bien le vendría ahora su amigo Viento para salir rápidamente de allí. Pero eso no dependía de él. Viento se presentaba cuando le daba la gana, a horas diferentes. Y tan pronto soplaba durante días, como dejaba de hacerlo durante semanas.

 

Mientras andaba, Pelo iba mirando al horizonte. Unas montañas preciosas tenían nieve en sus picos. Pero estaban tan lejos que tardaría días en llegar a ellas.

 

¿Y eso que hay junto al árbol, tirado en el suelo, qué es?. Se fue acercando poco a poco, por si acaso. De pronto, aquello se empezó a mover. Sorpresa. Era su amiga Alfombra Mágica, a la que conoció en un lejano país que llamaban Persia. Alfombra Mágica también quedó sorprendida al ver por allí a su viejo amigo, el Hombre Pelo.

 

"Pelo ¿qué haces tú por aquí?" Pelo no dudó ni un segundo: "Si me llevas volando a aquellas montañas, te cuento lo que he vivido en las últimas horas". "Eso está hecho, sube" dijo Alfombra Mágica. "Sube que nos vamos".

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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pedroperezgomez@gmail.com (Pedro Pérez Gómez) Cuentos en la Web Fri, 23 May 2014 02:06:39 +0000
Capítulo 5 - El Hombre Pelo y La Alfombra Mágica http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/222-20141002cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/222-20141002cuento-2  20141002ilustracion cuento web

 

Después de salir de la casita de madera donde había dormido, Pelo se puso a andar. ¿Y eso que hay junto al árbol, tirado en el suelo, qué es?. El hombre Pelo se fue acercando poco a poco, por si acaso. De pronto, aquello se empezó a mover. Sorpresa. Era su amiga Alfombra Mágica, a la que conoció en un lejano país que llamaban Persia. Alfombra Mágica también quedó sorprendida al ver por allí a su viejo amigo, el Hombre Pelo.

 

"Pelo ¿qué haces tú por aquí?" Pelo no dudó ni un segundo: "Si me llevas volando a aquellas montañas, te cuento lo que he vivido en los últimos días". "Eso está hecho, sube" dijo Alfombra Mágica. "Sube que nos vamos".

 

En un abrir y cerrar de ojos, estaban volando por encima de los árboles. Al Hombre Pelo le encantaba volar de esta manera, cómodamente sentado en la Alfombra Mágica, con los pájaros acompañándoles, extrañados de que una alfombra volase. Los pájaros hablando su propio idioma, que es muy musical. Una vez les acompañaron una bandada muy grande y, como iban en el medio, parecía que estaban en una sala de conciertos.

 

A Pelo también le gustaba tumbarse sobre Alfombra y mirar por el borde hacia abajo. Ver los ríos haciendo curvas y más curvas. Y de pronto, una nube que lo tapa todo y luego se va yendo, como si también fuese de viaje. Allí abajo las personas son muy graciosas, andando como hormigas. Haciendo de todo como si lo vieses en un mapa. Y mientras, el viento dándole en la cara. Eso sí, tenía que agarrarse con fuerza porque ya sabéis que Viento, a veces, se pone "graciosillo" y juega con todo lo que hay por donde pasa y, sin darse apenas cuenta, se convierte en un huracán que ya no tiene ni pizca de gracia. Una vez vio una casa de madera dando vueltas por los aires, con la gente dentro chillando y agarrándose a las ventanas.

 

Con estos pensamientos, Pelo no se había dado cuenta de que estaban llegando a las montañas y, a esa altura, el aire se enfría con la nieve. Le pidió a la Alfombra Mágica, que bajase un poco, hacia un lugar que parecía más templado. Pero lo hizo tan rápido que Pelo se empezó a marear y vomitó. Alfombra se llenó de porquería, por lo que tuvieron que ir a un río a lavarse. "Lo siento", le decía Pelo. "Ha sido por mi culpa", le respondió Alfombra, "Pensé que te gustaría bajar en picado".

 

Menos mal que, junto al río, hacía buena temperatura y se pudieron bañar los dos en el agua. Ya limpios se tumbaron al sol a secarse. Mientras, los peces del río se comían los restos de lo que había vomitado el Hombre Pelo. ¿Dónde le cabría tanta comida a Pelo siendo tan fino?. Eso era un misterio.

 

Ya casi secos, Alfombra le preguntó sobre lo que había vivido últimamente. Según se lo estaba contando, oyeron un ruido, como pisadas sobre hojas. Era un perro que se dirigía hacia ellos. No parecía muy agresivo, pero nunca se sabe. Pararon la conversación y esperaron a ver qué pasaba. Como sabéis no hay nada que le guste más a un perro que mearse en un árbol, en una esquina de una casa o.... ¡en una alfombra!. Y ni corto ni perezoso levantó la pata y soltó una gran meada sobre Pelo y Alfombra.

 

"¡Puaj, qué asco!" dijeron Pelo y Alfombra a la vez. El perro, al oír hablar a una alfombra y a alguien invisible, salió corriendo asustado. Para terminar la faena, una paloma que pasaba por allí echó una cagadita que fue a caer ¿adivináis dónde?. Efectivamente, encima de Alfombra, salpicando a Pelo.

 

Menos mal que estaban cerca del río y se podían lavar otra vez, pensaron los dos. Pero no les dio tiempo. Una niña venía cantando cada vez más cerca. Cuando se puso enfrente de ellos pensaron que lo peor estaba por venir. La pesadilla no había terminado.

 

"¡Andá, que alfombra más bonita!", dijo la niña, pisando la esquina con un pie. "Me la voy a llevar a mi habitación". Pero se dio cuenta de que estaba mojada por la meada del perro y con una gran cagadita de paloma en el medio. Sin pensarlo dos veces la metió en el río para lavarla. Pelo, que estaba sujeto a Alfombra por el miedo, también entró en el río. La niña golpeaba y estrujaba la alfombra con fuerza. Cuando les sacó fuera, tenían golpes por todas partes, pero por lo menos estaban limpios. Les puso al sol y esperó a su lado para que se secaran. Mientras, la niña cantaba canciones muy bonitas. Pelo y Alfombra no se atrevían a decir ni mu, por si acaso.

 

Una vez secos, la niña enrolló la alfombra y se fue andando para su casa. Pelo no podía dejar sola a su amiga Alfombra, así que se fue detrás de los dos.

 

Ya se veía la casa y, en la ventana, una señora gritaba: "Pero Nieves ¿qué traes ahí?". La niña se dio cuenta de que su madre le iba a hacer tirar la alfombra a la basura, y a ella le gustaba mucho. Así que, se le ocurrió decir que era mágica, para que le dejase ponerla en su habitación. "Mamá es que esta alfombra es mágica, la he visto volar", mintió, "déjame que la tenga sólo un día en mi habitación".

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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pedroperezgomez@gmail.com (Pedro Pérez Gómez) Cuentos en la Web Fri, 23 May 2014 02:09:15 +0000
Capítulo 6 - El Hombre Pelo y Nieves http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/159-20141003cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/159-20141003cuento-2  20141003ilustracion cuento web

 

Después de lavarse en el río, Pelo y Alfombra Mágica iban camino de una casa, llevados por una niña, que les había encontrado. Ya se veía la casa y, en la ventana, una señora gritaba: "Pero Nieves ¿qué traes ahí?". La niña se dio cuenta de que su madre le iba a hacer tirar la alfombra a la basura, y a ella le gustaba mucho. Así que, se le ocurrió decirle que era mágica, para que le dejase ponerla en su habitación. "Mamá es que esta alfombra es mágica, la he visto volar", mintió, "déjame que la tenga sólo un día en mi habitación".

 

El Hombre Pelo seguía, a corta distancia, a la niña con Alfombra Mágica al hombro. Pudo entrar con ellas en la casa, justo cuando ya se cerraba la puerta. Es la ventaja de ser como un pelo, que pasas por sitios muy estrechos.

"¡Tira esa sucia alfombra inmediatamente, Nieves!", le dijo la mamá, en cuanto traspasó la puerta de la casa. A Alfombra no le gustó que la llamasen sucia, pero permaneció en silencio para no complicar más las cosas. "¡Pero, mamá, si la he lavado en el río!". Eso era cierto, aún le dolían a Pelo y a Alfombra los golpes que les dio la niña para lavarla. "Sólo un día mamá, por favoooor". Esto lo dijo con esa carita de pena que saben poner los niños cuando quieren convencer a sus mamás. "Porfa mami" insistió.

 

"Vale, pero solamente un día ¿eh?", dijo la mamá finalmente al comprobar que, efectivamente, la alfombra no estaba tan sucia como pensaba.

 

Nieves salió corriendo hacia su habitación muy muy contenta. Extendió la alfombra entre su cama y el armario de los juguetes. El Hombre Pelo no se separaba de ellas. Por eso, casi le pisa Nieves al dar marcha atrás, para ver lo bonita que quedaba su nueva alfombra "mágica". No sabía ella lo mágica que era de verdad, pero Pelo y Alfombra ni se movieron, ni hablaron, para no empeorar la situación.

 

La mamá de Nieves la llamó: "¡A merendar!" . Pelo y Alfombra aprovecharon ese momento para poder hablar entre ellos. "¿Nos vamos ya o qué?" le dijo Pelo.

 

"¿Por dónde?" "¡Por la ventana¡" "Pero si está cerrada" "Prueba a ver si la puedes abrir". Alfombra echó a volar hacia la ventana. Justo en ese momento, Nieves venía con la merienda en la mano, dispuesta a comérsela encima de la alfombra. Al verla volar de verdad se paró y gritó: "¡Mamá, mamá, mira como sí que vuela!". Alfombra volvió al suelo y se quedó muy quieta. Pelo no pudo evitar decirle "Ni te muevas". Nieves le oyó y volvió a gritar: "¡Y también habla!". Pelo se escondió debajo de la cama sin volver a decir palabra.

 

La mamá vino corriendo, pensando que le pasaba algo a Nieves. "De verdad mamá, que la he visto volar hacia la ventana". "Nieves, no imagines tanto, las alfombras no vuelan. ¿No ves que está muy quieta en el suelo?". Nieves la levantaba un poco, para ver si volvía a volar, pero Alfombra se hacía la alfombra normal. La mamá salió de la habitación.
"¿Por qué me haces esto?", le dijo Nieves a Alfombra, cogiéndole suavemente de una esquina. "Yo te he visto volar, no es mentira".

 

Tan triste la vieron que Pelo decidió intervenir, saliendo de debajo de la cama "No te asustes, yo soy el Hombre Pelo, que casi no se me ve y ésta es mi amiga Alfombra Mágica, que vuela y me lleva a muchos sitios. "¡Ajá, ya lo sabía yo!", dijo la niña, como si fuese lo más normal del mundo que un pelo hablase, y que una alfombra volase. "Yo también quiero volar contigo".

 

"¡Súbete!" le contestó Alfombra y le dio una vuelta por la habitación. Nieves estaba encantada. "No debes contárselo a nadie porque ya ves que no te van a creer. Cuando pase un tiempo volveremos para llevarte a sitios preciosos, mientras los demás duermen". "¡Bieeeen!" le contestó. "¿Me lo prometéis?" "Prometido". "¿Y no me podéis dar un viaje cortito ahora mismo?" "¿Y si viene tu madre?" "Mejor esta noche o mañana" "Vale, pero no os vayáis".

 

Nieves se puso a leer un cuento. Le gustaba mucho leer y que le leyesen cuentos. Historias fantásticas de otros lugares y de viajes. Por eso, estaba encantada de poder hacerlo con Alfombra y Pelo. Esa noche quizá pudiese volar. Justo en ese momento se oyó un trueno, y un relámpago iluminó la ventana con un color azul intenso. "No me lo puedo creer, va a llover la noche de mi primer vuelo en alfombra". Pelo se le acercó: "No te preocupes, lo haremos otro día".

 

Por la mañana, la mamá de Nieves la fue a levantar y, al ver que la alfombra seguía allí, le recordó que tenía que llevársela, que había acordado que se quedaba solamente un día. La niña le respondió: "De acuerdo".

 

A Nieves ya no le importaba que Alfombra no fuese a estar en su habitación. Le habían prometido volver por la noche para salir a volar. Así que, enrolló a Alfombra con el Hombre Pelo dentro y, después de desayunar se fue al colegio con Alfombra Mágica bajo el brazo.

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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pedroperezgomez@gmail.com (Pedro Pérez Gómez) Cuentos en la Web Fri, 23 May 2014 02:13:20 +0000
Capítulo 7 - El Hombre Pelo por las alcantarillas http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/223-20141004cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/223-20141004cuento-2 20141004ilustracion cuento web

 

Por la mañana, la mamá de Nieves la fue a levantar y, al ver que la alfombra seguía allí, le recordó que tenía que llevársela, que había acordado que se quedaba solamente un día. La niña le respondió: "De acuerdo".

 

A Nieves ya no le importaba que Alfombra no fuese a estar en su habitación. Le habían prometido volver por la noche para salir a volar. Así que, enrolló a Alfombra con el Hombre Pelo dentro y, después de desayunar se fue al colegio con Alfombra Mágica bajo el brazo.

 

Como los niños son muy ocurrentes y a Nieves se le ocurrían cosas todo el rato, pensó que estaría muy bien ir volando en Alfombra Mágica al colegio. Alfombra que, a veces, leía el pensamiento, se desenrolló inmediatamente toda enfadada y se puso delante de ella "¡Ah no, eso no! ¡Imagínate a todos los niños contándoselo a los profesores y a sus padres!. Me querrían llevar todos a su casa y sería el fin, hecha trocitos. ¡Definitivamente no!". "¿Y Pelo? ¿Dónde está Pelo?".

 

No se habían dado cuenta de que, al desenrollarse Alfombra, Pelo había salido disparado y había caído por donde entra el agua de la calle, en las alcantarillas.

 

Tampoco se fijaron en que venía otra niña detrás de ellas y que vio como Alfombra se plantaba delante de Nieves y le hablaba. Empezó a gritar: "¡Una alfombra que habla y se mueve! ¡Que habla y se mueve!". Sin pensarlo, Mágica salió volando al cielo, huyendo de aquel peligro.

 

Las dos niñas se quedaron quietas sin saber qué hacer. Otras compañeras fueron apareciendo, algunas con sus padres. Se lo contaron a todas, pero nadie les creyó.

 

Mientras tanto, el Hombre Pelo viajaba por el agua apestosa de las alcantarillas, sin saber muy bien dónde estaba. Todo oscuro, con ruidos extraños. Se agarró a lo que parecía un palo flotando. Al final se veía algo de luz. Cuando llegaron, comprobó que no era un palo, sino una especie de culebra rasposa, sin ojos, que vivía en las profundidades y que se alimentaba de lo que la gente tiraba al agua. O sea cacas, pises y cosas por el estilo. A Pelo le horrorizó estar encima de ese bicho, pero ¿qué podía hacer?.

 

A los lados de ese río asqueroso, había una especie de aceras por las que corrían unas enormes ratas, que gritaban todo el rato como riéndose y enseñando los dientes. Pelo no podía imaginar un final peor para su vida de aventuras. Rodeado de un olor pestilente, subido sobre un bicho asqueroso que come cacas y pises, y devorado por una rata aún más asquerosa. "¡No quiero morir así!" gritó. "¡No quiero!". El bicho y las ratas miraron hacia donde se oían las voces, pero no vieron nada. En ese momento una enorme cascada apareció en el horizonte. Pelo cerró los ojos horrorizado. Se sintió caer sin poder hacer nada. El aire seguía oliendo fatal y, cuando abrió los ojos de nuevo, la oscuridad más negra le acompañaba.

 

Ya no sabía que era mejor, si ser comido por las ratas asquerosas o esta tortura de no saber hacia dónde vas, con la seguridad de que algo malo va a pasar.

 

Se encendieron unas luces y pudo ver como una enorme boca abierta, llena de dientes, le esperaba al final de la cascada. Se parecía a un tiburón, pero no tenía aleta. Pelo se dejó caer y se despidió de todos sus amigos y de su vida.

 

De nuevo la oscuridad le rodeó. Un líquido pegajoso le pringó todo el cuerpo. ¿Qué estaba pasando?. Angustiado empezó a moverse. Parece que esto le hizo cosquillas en la lengua al monstruo que soltó un gran estornudo. Pelo salió lanzado hacia un agujero que había en la pared.

 

Fue a caer en el bocadillo que se estaba comiendo un vagabundo que vivía en esas cloacas. Pelo volvió a gritar: "¡No me comas, por favor!. El hombre le miró y dijo "¡Anda, que bien, un pelo que habla!". Estaba acostumbrado a ver cosas aún más raras allí abajo.

 

El Hombre Pelo no sabía si esta bienvenida era buena o era mala.

 

Mientras tanto, Nieves y su amiga habían llegado al colegio y no podían pensar en otra cosa que no fuese la Alfombra Mágica y voladora. La profesora les tuvo que decir varias veces que prestasen atención. Sin conseguirlo.

 

Alfombra Mágica cogió tanta velocidad que dio tres vueltas a la Tierra en un abrir y cerrar de ojos. Por algo era mágica y podía hacer estas cosas.

 

Pelo seguía escuchando decir cosas al vagabundo, "Por fin tengo a alguien con quién hablar, que no sean ratas. Creo que vamos a ser buenos amigos ¿no te parece?". El Hombre Pelo no sabía si contestar o no. Para él, un amigo era algo más que tener a alguien con quién hablar. Finalmente, dijo: "¿Cómo se sale de aquí?". El vagabundo soltó una enorme carcajada, que se oyó por toda la alcantarilla. "Ja, ja, ja, siento decirte que de aquí no se sale nunca".

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pedroperezgomez@gmail.com (Pedro Pérez Gómez) Cuentos en la Web Fri, 23 May 2014 02:16:48 +0000
Capítulo 8 - El Hombre Pelo en Un olor inolvidable http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/122-20141101cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/122-20141101cuento-2 20141101ilustracion cuento web

 

 

El Hombre Pelo seguía escuchando decir cosas al vagabundo de la alcantarilla en la que había caído, "Por fin tengo a alguien con quién hablar, que no sean ratas. Creo que vamos a ser buenos amigos, ¿no te parece?". El Hombre Pelo no sabía si contestar o no. Para él, un amigo era algo más que tener a alguien con quién hablar. Finalmente, dijo: "¿Cómo se sale de aquí?". El vagabundo soltó una enorme carcajada, que se oyó por toda la alcantarilla. "Ja, ja, ja, siento decirte que de aquí no se sale nunca".

 

Las carcajadas de este habitante de las alcantarillas hicieron eco en la cabeza de Pelo, "de aquí no se sale nunca, no se sale nunca, nunca nunca....".

 

Pelo estaba horrorizado. No salir de allí le parecía lo peor. Pero no era de los que se rendían ante un problema. Decidió que eso de no salir nunca era sólo para los que vivían allí, las ratas, las culebras comecacas y el vagabundo. Para él no. Empezó a pensar en cómo era el mundo exterior, con su cielo azul, sus nubes y su sol. Con gente paseando que, a veces, no comprendían que se oyese hablar a alguien como él, que apenas veían. Y los niños, que sí le comprendían, cuando entraba en sus habitaciones, llevado por su amigo Viento o por Alfombra Mágica.

 

Y, sobre todo, lo que más le hacía querer salir de este lugar inmundo era su Amor. Porque Pelo estaba enamorado. Muy pocas personas lo sabían, pero él tenía un Amor.

 

La primera vez que la vio, fue mientras intentaba cruzar un paso de peatones. Esto no era fácil para el Hombre Pelo. Ningún coche le veía y claro no paraban para que pudiese cruzar. Después de un rato esperando, una guapísima chica se puso a su lado. Él la miró y se quedó embobado. Fue un flechazo. Amor a la primera. Tan embobado se quedó que, cuando ella empezó a cruzar, sólo pudo mirar cómo lo hacía. Moviendo su melena y sus caderas al mismo tiempo. Parecía volar en vez de andar.

 

Cuando Pelo se quiso dar cuenta, su amada estaba al otro lado. Y él seguía sin poder cruzar. Se arrimó a un árbol y se quedó apoyado en él. La esperaría hasta que volviese. No le importaba el tiempo que tuviese que estar allí. Merecía la pena.

 

Vino mucha gente y cruzaron el paso de peatones, pero Pelo sólo quería cruzarlo con una persona, la chica de la melena que parecía volar en lugar de andar.

 

Ya se estaba haciendo de noche, cuando vio como a lo lejos venía el irrepetible movimiento de su amada. Sí, era ella. Se puso tan nervioso después de tanto esperar que, al dirigirse al borde de la acera, se enganchó con los pelos de un perro, que cruzaba con otra persona. Sólo pudo verla pasar junto a él, cruzando en sentido contrario. Y oler su perfume. Un olor indescriptible que nunca antes había olido. No era perfume, era su olor natural.

 

Un olor inolvidable que ahora, metido en la alcantarilla, con el vagabundo hablándole, le parecía muy muy lejano, pero que le daba fuerzas para salir de allí.

 

Pelo volvió más veces al mismo lugar, para ver si su amada volvía a pasar. Pero no volvió a aparecer. Quizá sólo existe en mi imaginación, pensó. Triste y cabizbajo se fue andando por la acera. Aunque se la hubiese imaginado, el amor era de verdad y quería volver a verla alguna vez.

 

Pasaron muchos meses, en los que Pelo viajó por diferentes lugares, siempre viviendo aventuras con sus amigos Viento, Aguila Real, Alfombra Mágica. Poco a poco, la imagen del cruce de peatones y su olor, se fueron quedando atrás. Aunque no se le olvidaba.

 

Un día, cuando ya pensaba que no la vería jamás, apareció delante de sus ojos, ¡en un anunció en la pared!. Un anuncio de gafas, con un mensaje que parecía dirigido a él. "Te voy a ver de nuevo". No se lo podía creer. Estaba allí y con un mensaje clarísimo de que se iban a volver a ver.

 

Después de un buen rato mirando el cartel, Pelo se dio cuenta de que estaba pensando tonterías, que el mensaje no podía ser sólo para él. Miles de personas lo leerían y, quizá, más de uno pensaría lo mismo. Un mensaje personal de esa chica tan, tan, tan...... todo.

 

Ya se estaba dando la vuelta cuando, en la acera de enfrente, cruzando, estaba de nuevo ella. Pelo se puso a hacer gestos "¡Estoy aquí, te veo de nuevo!, ¿Cómo te llamas?". La gente a su alrededor miraba a todas partes, extrañados al oír voces y no ver a nadie.

 

Cuando la chica iba por la mitad, pareció recordar que se había olvidado de algo y se dio la vuelta. Pelo no sabía si llorar o salir corriendo detrás de ella. Salió corriendo, pero, entre tanta gente, perdió de vista a la chica.

 

Sentado en un banco, muy triste, pensó que, por lo menos, ahora sabía que no era producto de su imaginación. Ella existía y no pararía hasta encontrarla y declararle su amor. Así que, se puso a andar en busca de la tienda de gafas, para que le dijesen cómo localizarla.

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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pedroperezgomez@gmail.com (Pedro Pérez Gómez) Cuentos en la Web Thu, 29 May 2014 02:14:05 +0000
Capítulo 9 - El Hombre Pelo y El Vagabundo http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/224-20141102cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/224-20141102cuento-2 20141102ilustracion cuento web

 

Sentado en un banco, muy triste, El Hombre Pelo pensó que, por lo menos, ahora sabía que su Amada no era producto de la imaginación. Ella existía y no pararía hasta encontrarla y declararle su amor. Así que, se puso a andar en busca de la tienda de gafas, del anuncio en el que aparecía, para que le dijesen cómo localizarla.

 

Ese Amor que se le escapaba cada vez que estaba a punto de conseguirlo. Muchas veces, pensaba que podría ocurrir que, el día que pudiese hablar con ella, a lo mejor no le gustaba su forma de vida. O quizá, ella tuviese una voz desagradable que le rompiese todo el encanto.

 

No. Esto era imposible. Su voz se movería como ella, casi cantando, volando por el aire. El amor hace que imaginemos estas cosas.

 

Pero Pelo seguía en manos del vagabundo, en la alcantarilla en la que había caído y no se le ocurría una manera de salir de allí. Así que, le preguntó al vagabundo: "¿Tú has estado alguna vez enamorado?". Al hombre le cambió la cara al oírle decir esto. Se quedó callado un buen rato, con la mirada perdida en la otra pared de la cloaca. Sí, él también estuvo enamorado una vez, pero de eso hacía tanto tiempo que casi se le había olvidado.

 

Una lágrima le fue cayendo desde el ojo hasta los labios. Durante unos momentos se vio con ella en su casa, felices. Apenas recordaba su cara. Habían pasado muchos años. Primero la guerra les había separado, y luego alguien le dijo que ella había muerto, entre los muros de una casa destruida por las bombas. ¡Maldita guerra!. Al oír que ella había muerto, creyó volverse loco y se puso a andar sin rumbo, sin saber a dónde iba. Ya nada le importaba.

 

Durante meses estuvo yendo de un pueblo para otro, comiendo lo que encontraba en la basura, durmiendo en rincones para que nadie le viera. Por fin, llegó a una ciudad grande. Pensó que allí tendría más posibilidades de empezar una vida de nuevo. Pero no fue así. Con su aspecto nadie se le quería acercar. Todos le rehuían. Buscar trabajo era imposible. Siguió cogiendo algo para comer en la basura.

 

Un día, vio como unos obreros abrían una tapa en el suelo, y se metían por debajo de la calle. Estuvo observándoles sin que le vieran. Cuando se fueron a comer, aprovechó para entrar y ver qué era lo que había allí. Se quedó alucinado. Allí abajo existía otra ciudad. Una ciudad con su río y todo. Un río de agua sucia, que olía muy mal según entrabas, pero al que, según pasaba el tiempo, te ibas acostumbrando. Pensó que podría ser un buen lugar para cobijarse del frío y de la lluvia. Así que trazó un plan.

 

Por la noche volvería con lo poco que tenía escondido, en una casa abandonada de la ciudad. Una casa sin techo y sin puertas.

 

En un carrito robado del hipermercado, llevó todas sus pertenencias hasta la boca de su nuevo hogar. Un viejo colchón, unas mantas rotas, una botella de cristal con agua, unos cartones y poco más. Unas luces, con muy poca fuerza, iluminaban el largo pasillo por el que iba el río de agua sucia. Allí no había ni noche ni día, pero a él le empezó a entrar el sueño. Cayó rendido.

 

El ruido de las risas de las ratas le despertó. Se levantó y salió a la calle. Si antes todos se apartaban, ahora le miraban con desprecio. Incluso algunos le insultaban. Su olor era nauseabundo y su aspecto demacrado.

 

Las veces que, a lo largo de los años, salía al mundo exterior era para coger comida y agua para beber. Con el paso del tiempo, se convirtió en una habitante del mundo inferior. Fuera ya no tenía nada ni nadie que le hiciese volver. Estaba atrapado.

 

El Hombre Pelo le miró con pena. Y él que pensaba que estaba perdido. Este hombre sí que estaba perdido. Le volvió a mirar y le dijo: "Yo te ayudaré". "No quiero ayuda, sólo un poco de conversación. Y que me cuentes un cuento antes de dormir". Pelo no podía negarse. Le contó una de sus aventuras y, el vagabundo, poco a poco, fue cerrando los ojos hasta quedarse dormido.

 

Aprovechando ese momento, Pelo se escapó. Buscó la salida. Cuando respiró el aire de la calle no se lo podía creer. Era libre de nuevo. Él no estaba atrapado por pensamientos negativos, como el vagabundo. Él tenía amigos y una mujer a la que amaba, aunque ella no lo supiese.

 

Como era de noche, empezó a buscar un lugar dónde dormir. A su lado pasó una niña agarrada de la mano de su madre. Llevaba unas botas con flecos colgando. Al pasar, por donde estaba Pelo, uno de esos flecos le enganchó y se fue en la bota de la niña. Cuando entró en la casa, se quedó muy callado para que no le vieran. La niña se quitó las botas. Pelo aprovechó para meterse dentro de una de ellas y así esconderse a dormir. Olía un poco a queso, pero después del olor de la alcantarilla, aquello era un perfume exquisito.

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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pedroperezgomez@gmail.com (Pedro Pérez Gómez) Cuentos en la Web Tue, 03 Jun 2014 03:10:13 +0000
Capítulo 10 - El Hombre Pelo y Luchía http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/160-20141103cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/160-20141103cuento-2 20141103ilustracion cuento web

 

Como era de noche, el Hombre Pelo empezó a buscar un lugar dónde dormir. A su lado pasó una niña agarrada de la mano de su madre. Llevaba unas botas con flecos colgando. Al pasar, por donde estaba Pelo, uno de esos flecos le enganchó y se fue en la bota de la niña. Cuando entró en la casa, se quedó muy callado para que no le vieran. La niña se quitó las botas. Pelo aprovechó para meterse dentro de una de ellas y así esconderse a dormir. Olía un poco a queso, pero después del olor de la alcantarilla, aquello era un perfume exquisito.

 

Se quedó dormido inmediatamente. Los últimos días habían sido muy agitados. Soñó con paisajes llenos de flores, con abejas que hacían miel. Con pájaros que hacían música mientras volaban. Con playas enormes en las que se bañaba rodeado de amigos, de niños que saltaban las olas y se reían constantemente. Soñó que estaba tumbado mirando las nubes pasar. Hacían muchas formas caprichosas. Tan pronto parecían montañas con lagos como se transformaban en una manada de elefantes que iban por la llanura poblada de árboles. También aparecían barcos navegando hacia tierra lejanas. Incluso piratas buenos. Y unas cuantas chicas.

 

Durante un tiempo pareció que no soñaba, que solamente descansaba profundamente. Por fin podía descansar de verdad.

 

De pronto, algo interrumpió su descanso. Algo enorme se dirigía hacia él. No podía evitarlo. Se apartó contra la pared del zapato en el que se había quedado dormido la noche anterior y esperó a ver qué pasaba.

 

Oyó voces fuera del zapato. "¡Qué bien, Luchía, ya te sabes poner los zapatos tú sola!" "¿Quieres que te enseñe a atártelos?". "¡Yo puedo, yo puedo sola!".

 

De pronto, el Hombre Pelo, se dio cuenta de que se había quedado atrapado en el zapato y de que no podía salir. Luchía empezó a andar. Prefirió no moverse de donde estaba para que no le despachurrase. En ese rincón no estaba mal. Sintió como la niña corría por las calles, cantando una canción muy alegre. Finalmente, se paró y anduvo más despacio.

 

Ahora, había muchas voces parecidas que gritaban muy contentas, y le decían: "¡Hola, Luchía!". Una voz de adulto se oyó por encima del griterío: "¡A clase!". Había llegado al colegio subido en el zapato de Luchía.

 

Después de un buen rato, Pelo ya no podía más y empezó a moverse. Eso le hizo cosquillas a Luchía, que empezó a rascarse metiendo un dedo dentro del zapato. Pelo la esquivó como pudo y se quedó quieto. Pero, al rato, volvió a moverse para intentar salir. La niña metió de nuevo el dedo en el zapato y se enganchó con lo que ella pensaba que era una lombriz y le puso encima de la mesa junto a su cuaderno.

 

"¡Hola!" fue todo lo que se le ocurrió decir al Hombre Pelo, moviendo sólo una mano para saludar y dejando todo el cuerpo quieto, para no llamar demasiado la atención. Esa niña era muy guapa y muy simpática, pensó. No me va a hacer daño.

 

"¡Hola!" Le respondió, como si fuese normal hablar con un pelo. "¿De donde vienes?". "De tu zapato. He dormido toda la noche en él y esta mañana no me dio tiempo a salir".

 

"¡Qué divertido! ¿Me ayudas a hacer los deberes?" Pelo no podía decir que no. "¿De qué se trata?". "Tengo que dibujar una historia inventada por mi".

 

Otra cosa no tendría, pero historias Pelo tenía muchas. Así que, le empezó a contar su aventura con Águila en el restaurante. Luchía se reía al oír lo que decía. La profesora se acercó a preguntarle qué le hacía tanta gracia. "Es que me estoy inventando una historia muy graciosa". "Pues no te rías tan alto que distraes a tus compañeros" "Vaaaale" le respondió mientras tapaba al Hombre Pelo con una hoja de papel.

 

Luchía dibujó todos los detalles de la historia que le contaba Pelo. Cuando le entregó el trabajo a la profesora, le pareció tan bonita que le pidió que se la contase a todos sus compañeros. Pelo la estaba mirando desde la mesa y era todo oídos. La niña se puso a narrar lo que había escuchado a Pelo, pero añadió un par de cosas más. Como, por ejemplo, que una niña, casualmente parecida a ella, ayudaba a escaparse a Águila. Lo cual podría haber sido verdad, porque Pelo no pudo ver lo que pasó exactamente, entretenido como estaba en hacer creer al cocinero que había un fuego en la cocina.

 

Cuando volvió al asiento todos aplaudieron lo bien que lo había contado. Se acercó a Pelo, que seguía tumbado sin moverse en la mesa y le dijo, muy bajito: "Gracias". Y le volvió a poner en su zapato, pero esta vez asomando por el calcetín para que no se agobiase.

 

De vuelta a casa, Luchía iba muy contenta. Tenía un nuevo amigo que, además, le ayudaba en las tareas. Entró dando saltos a su casa, lo que mareó un poco al Hombre Pelo.

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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pedroperezgomez@gmail.com (Pedro Pérez Gómez) Cuentos en la Web Tue, 03 Jun 2014 03:12:55 +0000
Capítulo 11 - El Hombre Pelo y Abeja http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/225-20141104cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/225-20141104cuento-2 20141104ilustracion cuento web

 

De vuelta a casa, Luchía iba muy contenta. Tenía un nuevo amigo que, además, le ayudaba en las tareas. Entró dando saltos a su casa, lo que mareó un poco al Hombre Pelo.

 

En el campo y en las ciudades ya había empezado la primavera. Las flores salían de los lugares más increíbles. Entre las piedras, en los pequeños agujeros de las aceras. Incluso por donde pasaban los coches. A veces, parecían agacharse para no morir bajo las ruedas.

 

Pero las más bonitas eran las amapolas rojas en los campos de trigo. Mucha gente paraba a hacer fotos. Los primeros días, cuando se abrían, tenían un color muy rojo. Luego iban perdiendo color hasta que se caían a la tierra o se las llevaba el viento. Había muchos insectos en ellas. Venían a por alimento y a veces, si se hacía de noche, se quedaban a dormir allí.

 

Pelo echaba de menos volar con su amigo Viento, entre las amapolas y otras flores. Pero, claro, dentro de la casa de Luchía no había viento.

 

Mientras pensaba esto, la niña jugaba en su habitación, cantando canciones que a Pelo le gustaron mucho. La verdad es que, en esa casa, no se estaba mal, pero él necesitaba moverse por el mundo. Viajar y correr aventuras.

 

En ese momento, una abeja entró por no se sabe dónde y se puso justo a lado de donde estaba el Hombre Pelo. Pelo quiso ser amable, porque sabía que las abejas picaban y no quería que le picase. Así que le dijo muy suavemente "¡Hola, abejita!".

 

Las abejas están acostumbradas a ver y oír muchas cosas, en sus viajes a las flores a coger néctar para hacer miel. Pero Abeja nunca había visto, ni oído hablar a un pelo. Sorprendida, empezó a zumbar con sus alas por si era peligroso y había que irse. Con el aire que producían las alas, Pelo salió volando hacia una esquina de la habitación. Abeja, curiosa, se le acercó y volvió a hacer aire con las alas. Pelo volvió a volar, subió por la pared y fue a caer en el hueco de una ventana. Ahora sabía por donde había entrado la abeja. La ventana estaba entreabierta.

 

Justo en ese momento, la abeja pasó por allí, para salir por la misma ventana por la que había entrado, y se le enganchó una de las patas al Hombre Pelo. A volar de nuevo, pensó. La abeja quería soltarle, pero Pelo se agarraba con mucha fuerza para no caerse. Debajo de ellos, el campo estaba lleno de flores, y otras abejas volaban cerca, extrañadas de ver a una de sus compañeras con una pata tan larga. No sabían que era el Hombre Pelo colgando de Abeja.

 

Así llegaron a la colmena. La casa donde vivía Abeja. Las guardianas la olieron para ver si era de las suyas y, al comprobar que tenía el olor de todas, el olor de la Reina Madre, la dejaron pasar. Pensaron también que una de las patas era un poco extraña, pero estaban tan atareadas que no le dieron mucha importancia al detalle.

 

Pelo se quedó asombrado al ver lo que había dentro de la colmena. Para empezar, estaba llenísima de abejas moviéndose por todas partes. Algunas entraban y salían, en cuanto podían, a toda velocidad. Otras amasaban el néctar de las flores que traían sus hermanas del campo. Lo convertían en miel. "¡Qué rica!", pensó Pelo.

 

Abeja, que finalmente se había desprendido de Pelo, se le acercó y, viendo que no era peligroso, le dijo: "¿Quieres que te enseñe mi casa?". "¡Por supuesto!", le contestó entusiasmado. No podía perder la oportunidad de ver un mundo tan desconocido para él. Así que, Abeja le volvió a enganchar de una de sus patas y le hizo un recorrido turístico por la colmena.

 

"En estas celditas de cera están los huevos que pone esa señora tan elegante que ves allí. Es la Reina Madre de todas nosotras. Antes de que ponga el huevo, las trabajadoras le han preparado el nido, la celdilla. Tiene que estar superlimpio y cubierto con una capa muy fina de una sustancia, que las abejas sacamos de los árboles, y que transformamos en un producto que se llama propóleo. Así no hay infecciones en la colmena. Las acompañantes de la Reina, esa corte de jovencitas, la van limpiando, le dan masajes con las patas y la alimentan con una comida fantástica que se llama Jalea Real. La Reina pone un huevo por minuto. Así que, tiene que estar muy bien alimentada.

 

Pelo estaba fascinado con la excursión. Un poco más allá, había un grupo muy atareado con la miel y con algo que traían en las patas, las abejas que venían del campo. "¿De dónde sacan esas bolitas de colores que llevan en las patas?", le preguntó intrigado. "Eso es polen. Es un polvito muy fino, que cogemos de las flores y que mezclamos con la miel, para poder llevarlo sujeto a las patas. Después, al meterlo en las celdillas, lo amasamos con más miel y lo transformamos en Pan de Abeja, otro de nuestros alimentos".

 

Pelo quería seguir preguntando, pero en ese momento se formó un gran jaleo. Una avispa había entrado en la colmena y estaba luchando ferozmente con otras abejas.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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pedroperezgomez@gmail.com (Pedro Pérez Gómez) Cuentos en la Web Thu, 12 Jun 2014 02:28:44 +0000
Capítulo 12 - La Pelea con Avispas http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/123-20141201cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/123-20141201cuento-2 20141201ilustracion cuento web

 

Pelo estaba fascinado con la excursión al interior de la colmena con Abeja. Un poco más allá había un grupo muy atareado con la miel y con algo que traían en las patas las abejas que venían del campo. "¿De dónde sacan esas bolitas de colores que llevan en las patas?", le preguntó intrigado. "Eso es polen. Es un polvito muy fino que cogemos de las flores y que mezclamos con la miel para poder llevarlo sujeto a las patas. Después, al meterlo en las celdillas, lo amasamos con más miel y lo transformamos en Pan de Abeja, otro de nuestros alimentos", le dijo su amiga.

 

Pelo quería seguir preguntando, pero en ese momento se formó un gran jaleo. Unas avispas habían entrado en la colmena y estaban luchando ferozmente con otras abejas.

 

Las avispas son amarillas con rayas negras y son muy agresivas. Como tenían hambre, querían llevarse la miel, que las abejas habían estado recogiendo con mucha paciencia y trabajo. Y, claro, las abejas no estaban dispuestas a permitírselo. Las guardianas de la colmena son guerreras muy fuertes y pelean en la puerta para que no pase nadie, que no tenga el olor de la reina.

 

Las avispas son muy valientes y atrevidas y, aunque las guardianas también lo son, intentan entrar a robar una y otra vez. A veces, consiguen llevarse algo de miel y salen volando a toda velocidad. Otras veces, se ponen tan pesadas que se forma una gran pelea entre las avispas y las guardianas de la colmena. En la mayoría de los casos la avispa tiene todas las de perder, porque dentro hay entre diez mil y ochenta mil abejas, dispuestas a defender su tesoro.

 

Eso es exactamente lo que estaba viendo el Hombre Pelo, una pelea a muerte entre las avispas que entraban a robar y las abejas que no se lo permitían. Se colocó en una esquina, acompañado de su nueva amiga Abeja, para evitar que le diesen a él un picotazo.

 

Desde ese rincón podía ver y oír la pelea. Unos sonidos muy agudos que alertaron a todas las abejas, dispuestas a entrar en combate si hacía falta. Pero, esta vez, fueron suficientes unos cuantos empujones de las guardianas, que acabaron con las invasoras en el exterior de la colmena. Las abejas continuaron trabajando.

 

Pelo se despidió de su amiga y salió con ella afuera. Le hubiese gustado vivir una temporada allí dentro de la colmena, pero no sabía cuál sería su función en ese mundo tan bien organizado. Le prometió volver en otra ocasión para aprender más cosas. Las antenas de Abeja cayeron tristes hacia abajo. El Hombre Pelo le había caído estupendamente. No sabía si volvería a verle. Las abejas viven muy poco. Algo más de un mes. Y, para cuando volviese, ella quizá ya no estaría.

 

Enfrente de Pelo se extendía un mundo lleno de flores, a las que iban las abejas a coger el néctar, para hacer la miel. Y el polen, como le había explicado Abeja. Le gustaba ese mundo, pero ahora, tenía que reanudar la búsqueda de su amada, con la que no había podido ni hablar, pero que le hacía sentir algo, que nadie antes le había hecho sentir. Ahora sabía lo que era el Amor. Sabía que volvería a encontrarla. Mientras tanto, la tenía dentro de él, en un lugar que no sabría decir exactamente, pero que le hacía sentir una especie de calor y cosquilleo por todo el cuerpo, cada vez que se acordaba de ella.

 

Con estos pensamientos no se había dado cuenta de que el cielo se estaba poniendo muy oscuro y que amenazaba tormenta. La luz de un relámpago, y el sonido del trueno después, le hicieron volver a la realidad. ¿Dónde me puedo refugiar?, fue lo primero que pensó. Su amiga Abeja le había contado que ellas se metían dentro de las flores con pétalos grandes para no mojarse, pero él era un poco más largo y se saldría por los lados. No era la mejor idea.

 

A corta distancia vio una especie de agujero que parecía servirle. Fue andando despacio hacia él, porque, cuando hay tormenta, no se puede correr. Los rayos persiguen a los que se mueven deprisa y les pueden matar.

 

Por fin llegó a la cueva. Parecía muy profunda y oscura. Con mucho cuidado fue entrando. Quedarse a la puerta tampoco era bueno. Los rayos también pueden entrar por ahí.

 

De pronto, vio que algo se movía, sin hacer apenas ruido. Se paró en seco. ¿Qué era aquello?.

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Tue, 15 Jul 2014 23:55:26 +0000
Capítulo 13 - La Cueva http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/226-20141202cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/226-20141202cuento-2 20141202ilustracion cuento web

 

A corta distancia, el Hombre Pelo, que acababa de salir de la colmena y despedir a su amiga Abeja, vio una especie de agujero que parecía servirle de refugio de la lluvia. Fue andando despacio hacia él, porque, cuando hay tormenta, no se puede correr. Los rayos persiguen a los que se mueven deprisa y les pueden matar.

 

Por fin llegó a la cueva. Parecía muy profunda y oscura. Con mucho cuidado fue entrando. Quedarse a la puerta tampoco era bueno. Los rayos también pueden entrar por ahí.

 

De pronto, vio que algo se movía sin hacer apenas ruido. Se paró en seco. ¿Qué era aquello?. Parecía una araña con sus largas patas. Sin dudarlo, Pelo le preguntó, "¿Quién eres?". La araña, pues efectivamente era una araña, alargó una de sus patas y rozó al Hombre Pelo. No parecía tener muchas ganas de hablar. En ese momento, una mosca entró por la puerta de la cueva, probablemente escapando también de la tormenta. En unos segundos quedó atrapada en la tela que la araña había puesto, precisamente para cazar moscas.

 

El primer impulso de Pelo fue acudir a ayudar a la mosca, que se retorcía entre los hilos pegajosos de la tela de la araña. Cuanto más intentaba escapar, más se enganchaba. La araña le lanzaba veneno y, finalmente, la mosca se quedó quieta. Pelo no podía hacer nada, excepto no llamar la atención. Fuera estaba la tormenta y en la cueva la araña, que no parecía tener muchas ganas de hablar amistosamente. Aunque, pensó Pelo, no me cae tan mal. Las moscas son muy pesadas y las arañas atrapan moscas. Pero le dio un poco de pena por la mosca ya muerta. Hace unos momentos podría haber sido él, el atrapado en la tela de la araña.

 

A medida que se fue adaptando a la oscuridad, empezó a ver que había más habitantes en esa cueva. Hormigas sobre todo. Y al fondo le pareció ver un bigote, que, si no recordaba mal, debía ser de un ratoncillo de campo, una musaraña.

 

No tardó mucho en comprobarlo. El ratoncillo salió un poco más y saludó al Hombre Pelo, "¡Hola!, soy Musi, ¿Quién eres tú?". "Ya estamos", pensó Pelo, "un ratón que habla".

 

"A mí me llaman Pelo, el Hombre Pelo". "¡Mola!", le respondió Musi, "¿y qué haces aquí?", "Protegerme de la tormenta". "Yo vivo aquí". Musi era más simpático que la araña, pero, a estas alturas, Pelo no se fiaba de todos los que parecían buenos y simpáticos. "¿Quieres comer algo conmigo?. Tengo unos granos de trigo almacenados al fondo. Son de la última cosecha y están riquísimos". Pelo no quería ser antipático, así que aceptó por lo menos ver esos granos. Musi se puso tan contenta, porque no era un ratoncillo, sino una ratoncilla. Quedó claro cuando, camino del granero aparecieron un montón de pequeños ratones que la llamaban mamá. "Quietos niños, no alborotéis que tenemos un invitado". "¿Dónde, dónde?" , preguntaban al no ver al Hombre Pelo que, como sabéis, al ser tan fino, era difícil de ver. "Soy yo", protestó Pelo. Los ratoncillos se acercaron a olerle. "Hueles muy bien. Un poco a queso". Pelo recordó su aventura en los zapatos de Luchía. Esperaba que no se le comiesen, pensando que el olor era a queso de verdad.

 

Al fondo se podía ver el almacén que Musi guardaba para pasar el invierno. Montones de granos de trigo por todas partes. Pelo no podía comer el trigo así, tan duro. No tenía los dientes tan afilados como los de los ratones. Pero Musi ya lo sabía, los ratones y sobre todo las ratonas son muy listos. Le ofreció un trozo de pan que habían cogido hacía unos días en una casa cercana. Pelo no podía rechazarlo. Le estaban dando lo mejor que tenían. Y uno de los pequeños hasta le trajo un poco de queso.

 

El pan con queso suele estar muy bueno, pero a Pelo le dio la sensación de que aquello no lo iba a estar tanto. Pensó decir que no tenía hambre. Pero no hizo falta. Unas cuantas hormigas se empezaron a llevar el queso y el pan en trocitos, aprovechando que Pelo se había sentado en un rincón y lo había puesto en el suelo.

 

Un ruido de agua empezó a oírse. "¡Al refugio, al refugio!", empezaron a gritar ratones y hormigas a la vez. Pelo les siguió sin pensarlo ni un minuto.

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Tue, 15 Jul 2014 23:57:45 +0000
Capítulo 14 - Delfines y Ballenas http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/161-20141203cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/161-20141203cuento-2 20141203ilustracion cuento web

 

Los ratones de la cueva, en la que se había refugiado Pelo de la lluvia, le ofrecieron comida. El pan con queso suele estar muy bueno, pero a Pelo le dio la sensación de que aquello no lo iba a estar tanto. Pensó decir que no tenía hambre. Pero no hizo falta. Unas cuantas hormigas se empezaron a llevar el queso y el pan en trocitos, aprovechando que Pelo se había sentado en un rincón y lo había puesto en el suelo.

 

Un ruido de agua empezó a oírse. "¡Al refugio, al refugio!", empezaron a gritar ratones y hormigas a la vez. Pelo les siguió sin pensarlo ni un minuto.

 

Una especie de balcones, a ambos lados de la cueva, servían de refugio cuando entraba el agua de la lluvia. El Hombre Pelo se quedó muy quieto, esperando a que pasase aquel río lleno de barro. Aunque allí adentro no había apenas luz, los ojos iban acostumbrándose, poco a poco, a la oscuridad, y era un espectáculo ver el agua corriendo muy deprisa, buscando salida. De pronto, se acordó del almacén de trigo de Musi, la madre de los ratoncitos. Seguro que el agua se lo había llevado todo. Musi, que estaba a su lado, le leyó el pensamiento y le dijo: "No te preocupes, está a salvo. Esto pasa de vez en cuando y el granero está más alto que el agua".

 

Pelo se dio cuenta, de que los animales son más listos que nosotros en las cosas importantes, y resuelven los problemas mucho mejor que las personas. Él tenía la suerte de conocer esos mundos, que la mayoría de la gente desconocía.

 

Con estos pensamientos se fue quedando dormido. Sintió una tranquilidad muy grande por todo su cuerpo. Se sentía seguro rodeado de Musi, sus hijos y las hormigas. El ruido del río subterráneo sonaba como una música que, poco a poco, le hizo imaginar que llegaba al mar y flotaba rodeado de ballenas y delfines que jugaban con él.

 

Unos gritos le despertaron. "¡Rápido, rápido, que se escapa! ¡Lanza el arpón!". Pero bueno ¿qué había pasado?. Si hace un instante estaba quedándose dormido en la cueva con sus nuevos amigos. ¿Cómo había podido llegar hasta allí? ¿Se habría caído al río subterráneo y le habría llevado al mar?. No podía ser. En la caída se habría despertado. ¡Qué extraño!, pensó.

 

Los pescadores intentaban cazar a una ballena. Eso estaba prohibido, pero estos eran pescadores piratas y sólo querían conseguir su trofeo. Pelo vio como lanzaban un arpón, justo en el momento en el que él se estaba subiendo a la ballena. La punta del arma venía directamente a donde él se encontraba. Se vio morir. "¡Malditos asesinos!", empezó a gritar.

 

Musi le tranquilizó. "No pasa nada, amigo. Era solamente un mal sueño". Pelo se había quedado dormido. Era sólo eso. Menos mal. Abrió los ojos y pudo comprobar que ya apenas había agua. Y que todos empezaban a andar camino de sus casas. Él también debería salir de allí. Al fin y al cabo, sólo había entrado para refugiarse de la tormenta.

 

Se despidió de todos. "¡Vuelve cuando quieras!", le gritó Musi. Así lo haría en algún momento. Un sol radiante apareció entre las nubes al llegar a la salida de la cueva. Un arco iris iba de una montaña a otra. Pelo se sentía feliz. Pensó en lo poco que se necesita para sentirse como él se sentía ahora. Oliendo el aire fresco de después de la lluvia. Olor a tierra mojada y a hierba. Pasó por delante de un arbusto que le saludó con su olor perfumado. Era una jara negra. Olía a colonia natural. Y era verde, a pesar de su nombre.

 

Los pájaros empezaron a cantar, muy contentos también de que se hubiese pasado la tormenta. Las nubes habían regado todo y, ahora, saldrían nuevas flores, que visitarían las abejas y que darían semillas, que servirían de alimento a muchos animales y también a algunas personas.

 

Pelo se dio cuenta de que, con todo el jaleo, no había comido. Así que, empezó a andar por un camino, a ver si llegaba a algún pueblo cercano y encontraba algo de comer.

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Tue, 15 Jul 2014 23:59:40 +0000
Capítulo 15 - El Camino del Puente http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/228-20141204cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/228-20141204cuento-2 20141204ilustracion cuento web

 

Los pájaros empezaron a cantar, muy contentos también de que se hubiese pasado la tormenta. Las nubes habían regado todo y, ahora, saldrían nuevas flores, que visitarían las abejas y que darían semillas, que servirían de alimento a muchos animales y también a algunas personas.

 

Pelo, que había salido de la cueva en la que se había refugiado de la lluvia, se dio cuenta de que, con todo el jaleo, no había comido. Así que, empezó a andar por un camino, a ver si llegaba a algún pueblo cercano y encontraba algo de comer.

 

Después de andar varias horas, Pelo no encontraba ningún pueblo. Empezó a buscar alguna fuente para beber. Después de la tormenta el sol calentaba mucho. Por fin, encontró un manantial que salía de la roca. Ummm qué agua tan fresca, pensó. Se mojó la cara y las manos antes de beber para refrescarse. En ese momento, una avispa, que también estaba bebiendo, se fue a por él, sin que Pelo le hubiese hecho nada, y le picó en un brazo. Notó un dolor horroroso. Se acordó de que una vez le dijeron que lo mejor para estas picaduras era ponerse barro. Junto a la fuente había una pared de tierra con barro rojo. Raspó un poco con un palo, lo mezcló con agua del manantial y se lo puso en el brazo que ya se empezaba a hinchar. Notó un alivio inmediato.

 

El problema mayor es que estaba perdido. ¿Cómo podría llegar a un lugar donde hubiese algo para comer?. Se puso a andar por lo que parecía un camino, pero había muchas zarzas y era muy desagradable avanzar. Un cuervo empezó a volar cerca de él y a hacer los sonidos que hacen los cuervos, craag, craag. Se iba y volvía. Seguía gritándole craag, craag. Los cuervos son muy inteligentes, así que algo quería decirle. De nuevo craag, craag.

 

Miró hacia arriba, donde volaba el cuervo, que parecía indicarle con su vuelo "sal de ahí, ese sitio no es bueno". Cuando bajó de nuevo la vista al suelo, pudo ver que una especie de culebra pequeña estaba justamente delante de él. Podría haberla pisado si no es por el cuervo. ¡Era una víbora!. Su veneno podría haberle matado. Retrocedió en el camino. El cuervo seguía volando en una dirección. Le hizo caso y, así encontró un camino más amplio. El cuervo se fue, soltando un último craag, craag. Había cumplido su misión: ayudarle.

 

Pelo se acordó de lo que le contó un amigo, (¿o quizá fue un familiar?), para cuando estuviese perdido. "Sigue un camino que lleve hacia abajo. Si encuentras un arroyo, síguelo, que te llevará a un río. Y continúa por la corriente del agua hacia abajo. Seguro que, tarde o temprano, encontrarás un puente. Y los puentes suelen estar en caminos por los que pasa gente y que llevan a algún pueblo. Así encontrarás un lugar habitado".

 

Al principio no supo qué hacer, porque todo era llano. Miró al horizonte y vio un grupo de cigüeñas. Pensó que estos pájaros suelen estar en lugares con gente, sobre todo en torres altas. Así que, se puso a andar en esa dirección. Pronto encontró un camino que bajaba y, enseguida, un pequeño riachuelo y un puente sobre un río más grande. Siguió el nuevo camino, más cuidado, y con señales de que por allí pasaba gente. En menos de una hora estaba llegando a lo que parecía un pueblo.

 

No había nadie. ¿Dónde estarían las personas que se supone vivían allí?. Quizá se habrían guardado de la tormenta y estaban metidos en sus casas. Pero llamó a una puerta y no obtuvo respuesta. Llamó a dos o tres más, con el mismo resultado.

 

En medio de este silencio le pareció oír cantar a alguien a lo lejos. Se dirigió hacia el lugar de donde venían los sonidos. Poco a poco, iban aumentando de volumen. Casi podía escuchar lo que decían. Empezó a andar más deprisa. Allí estaba. Cantando a todo volumen. "Soy feliz, aquí, como una perdiz..."

 

Era una señora lavando ropa. Con un moño en el pelo. Junto a un árbol de fruta que le daba sombra. Y un perro que se le acercó, con cara de pocos amigos. Con el hambre que tenía, Pelo no podía correr.

 

"¿A dónde vas Tuffy? ¿No ves que no hay nadie?", le decía la buena mujer. Pero Tuffy tenía muy buen olfato y sabía que por allí se acercaba un extraño. Pelo se quedó inmóvil.

 

Ante la insistencia del perro, la señora se acercó también. Pelo aprovechó para decirle: "Buenos días, señora. Tengo hambre". Al verle tan fino como un pelo, le respondió: "¿Tanto hace que no comes que estás tan delgado?"

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Wed, 16 Jul 2014 23:59:40 +0000
Capitulo 16 - El Pueblo y el Oso http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/138-20150101cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/138-20150101cuento-2 20150101ilustracion cuento web

 

Pelo se había perdido, cuando se puso a andar después de la tormenta. Tenía mucha hambre y, por fin, encontró un pueblo. Pero no veía a nadie. Sólo se oía una voz lejana. Pelo se fue acercando, a ver de quién era esa voz.

 

Vio a una señora lavando ropa. Con un moño en el pelo. Junto a un árbol de fruta que le daba sombra. Y un perro que se le acercó, con cara de pocos amigos. Con el hambre que tenía, Pelo no podía correr. El perro podía morderle.

 

"¿A dónde vas Tuffy? ¿No ves que no hay nadie?", le decía la buena mujer. Pero Tuffy tenía muy buen olfato y sabía que por allí se acercaba un extraño. Pelo se quedó inmóvil.

 

Ante la insistencia del perro, la señora se acercó también. Pelo aprovechó para decirle: "Buenos días, señora. Tengo hambre". Al verle tan fino como un pelo, le respondió: "¿Tanto hace que no comes que estás tan delgado?".

 

La preguntita, pensó Pelo. Pero, claro, ella no tenía por qué saber que él era El Hombre Pelo. Así que no dijo nada.

 

La señora se fue a su casa y le trajo un bocadillo. Tuffy, el perro, le miraba aún de forma rara ¿Era un hombre o era un pelo?, pensaba. Pelo le preguntó a la señora por qué no había nadie en el pueblo. "¿Nadie? ¿Y Tuffy y yo qué somos? ¿aire?", le respondió entre enfadada y divertida. Pelo se puso a comer mientras hablaba. Tenía mucha hambre. "Quería decir aparte de usted y Tuffy". "No, si ya te había entendido", respondió la señoira, mientras se echaba a reír. "Por cierto, mi nombre es Brunilda" "A mi me llaman Pelo, el Hombre Pelo". "Muy apropiado" le contestó la mujer, que empezó a contarle la razón de que no hubiese otra gente más que ellos.

 

"Hace unos días hubo una especie de huracán, un viento muy fuerte que estuvo a punto de llevarse las casas". "Mi amigo Viento haciendo de las suyas", pensó Pelo. "Pero lo peor no fue eso. Lo peor fue que, entre el polvo que traía, muchos dijeron que venían monstruos horribles queriéndose comer a la gente. Algunos enormes, tan altos como casas, con pelos y uñas larguísimos. Yo sabía que se lo estaban imaginando debido al miedo que tenían, pero no hubo manera de convencerles". Salieron todos huyendo sin volver la vista atrás. Y aquí estamos, Tuffy y yo, con todo el pueblo para nosotros.

 

Pelo estaba a punto de acabar el bocadillo, tal era su hambre. La mujer, que era muy observadora, se dio cuenta y le ofreció algo más: "¿Quieres una sopa calentita?". ¡Sopa! Su plato preferido. ¡Qué buena idea!.

 

Pelo pensó que estaba de suerte. Pero Tuffy le seguía mirando con gesto raro. Aún no lo tenía claro. ¿Un pelo? ¿Un hombre? ¿Un pelo que habla? Raro, raro. No le quitaba ni el ojo, ni el olfato de encima, por si acaso.

 

Brunilda volvió con un plato, un cazo y una olla llena de sopa. Le sirvió y ella también se puso otro. A Tuffy le mojó unos trozos de pan en la sopa y se los echó a su plato, en el suelo.

 

De pronto, a lo lejos, se empezaron a oír gritos. Una multitud venía corriendo y gritando: "¡Un oso, un oso!"

 

Brunilda miró y dijo: "¡Ya están de vuelta los vecinos! Y, como siempre, con el miedo en el cuerpo". Aunque esta vez parecía que iba en serio. Un oso venía detrás de ellos.

 

Tuffy se puso a ladrar ante tanto jaleo. La gente iba llegando al pueblo y se fueron metiendo en las casas para protegerse del oso. Brunilda fue a por la escopeta que tenía dentro de la casa. Pelo no sabía si esperar a comerse la sopa o esconderse debajo de la mesa. El oso podría con todos.
"¡Quieto ahí!" gritó Brunilda al oso, mientras le apuntaba con su escopeta.

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Thu, 17 Jul 2014 23:55:26 +0000
Capítulo 17 - Pelo descansa en el pueblo. Una mosca en la sopa http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/229-20150102cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/229-20150102cuento-2 20150102ilustracion cuento web

 

Pelo llegó a un pueblo en el que quedaba una sola persona y un perro. Tenía mucho hambre y le dieron comida. Pero, de pronto, empezó a venir gente corriendo, los mismos que habían huido del pueblo por un huracán. Un oso les perseguía.

 

Tuffy se puso a ladrar ante tanto jaleo. La gente iba llegando al pueblo y se fueron metiendo en sus casas para protegerse del oso. Brunilda, la única mujer que se había quedado en el pueblo con su perro, fue a por la escopeta que tenía dentro de la casa. Pelo no sabía si esperar a comerse la sopa, que Brunilda le había servido, o esconderse debajo de la mesa. El oso podría con todos.
"¡Quieto ahí!" gritó Brunilda al oso, mientras le apuntaba con su escopeta.

 

El oso se paró en seco y empezó a hablar: "¡Por favor, señora, no dispare!". Brunilda había visto muchas cosas raras, pero a un oso hablando, nunca.

 

Para mayor sorpresa, el oso se quitó la cabeza. Debajo apareció un hombre que seguía gritando: "¡No dispare, soy una persona!".

 

Y se puso a explicarle: "Estas gentes vinieron a nuestro pueblo huyendo del huracán y querían meterse en nuestras casas. Como tengo este disfraz de oso con el que voy por las ferias, se me ocurrió que les podía asustar para que se fuesen. Y lo he conseguido". "Ya, pero por poco te mato", le respondió la mujer, aún con la escopeta en la mano.

 

La gente comenzó a salir de sus casas al ver al oso con cabeza de persona. Ahora querían lincharle por haberles asustado. Brunilda dirigió su escopeta hacia los que venían, y les dijo lo que le había dicho al oso-hombre, hacía unos minutos: "¡Quietos ahí, cobardes! ¡Dejad que este hombre vuelva a su pueblo, el que quisisteis asaltar!". El hombre-oso apenas acertó a decir gracias, se dio la vuelta y se volvió por donde había venido.

 

Junto a Brunilda, los vecinos pudieron ver cómo un plato de sopa flotaba en el aire. Ellos no sabían que era el Hombre Pelo, que sujetaba su plato, y empezaron a decir: "¡Brujería, brujería!". Brunilda volvió a levantar la escopeta: "Es mi amigo, Pelo, que es muy fino y casi no se le ve. Dejadle que coma en paz". La verdad es que, después de tantas sorpresas, a Pelo casi se le había quitado el hambre, pero no podía desperdiciar esa sopa tan rica.

 

"¡Puaj! ¿Qué es esto?" gritó Pelo, escupiendo algo oscuro con la sopa. "¡Una mosca! ¡Casi me como una mosca! ¡Qué asco!". La mosca se limpió la sopa como pudo y salió corriendo, porque no podía volar con las alas mojadas. Pelo dejó lo que quedaba de sopa en un lado, y se sentó en un asiento de piedra, que había junto al árbol. Todos se echaron a reír. Pelo, también.

 

Después de esto, el pueblo volvió a la normalidad. Los niños querían jugar con Pelo al escondite. Todos le proponían que fuese de su equipo porque, al ser casi invisible, ganaban siempre.

 

Pelo pasó unas semanas tranquilo, descansando en ese pueblo que le había acogido tan amablemente. Pero empezaba a aburrirse. Necesitaba aventuras.

 

Un día, a lo lejos, empezaron a verse unas nubes de polvo y lo que parecían unas carretas. "¡Los cómicos! ¡Los cómicos!", gritaban los niños. Pelo no sabía quienes eran los cómicos. Un niño del pueblo en el que estaba, le explicó que hacían teatro y juegos malabares, y que eran muy divertidos. Su llegada siempre hacía que el pueblo se revolucionase. Solían venir después de la cosecha. Así siempre les daban, al menos, algo para comer. Y, a veces, hasta algo de dinero.

 

Sus carretas pintadas de colores llamaron la atención de Pelo. ¿Cómo sería eso del teatro y los juegos malabares?. Los hombres no paraban de hacer ejercicios, vestidos con unos trajes muy exóticos, que decían haber comprado en un lejano país llamado India. Y las mujeres, todas bellísimas, también llevaban unos trajes que las hacían aún más bellas. Realizaban movimientos increíbles. Pelo no pudo evitar acordarse de su amada. ¿Dónde estaría ahora?. ¡Cómo le gustaría compartir estos momentos con ella!, pensó suspirando. 

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Wed, 30 Jul 2014 00:36:24 +0000
Capítulo 18 - Letisia http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/162-20150103cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/162-20150103cuento-2 20150103ilustracion cuento web

 

Pelo llevaba un tiempo descansando en un pueblo, pero ya se estaba empezando a aburrir. Un día, a lo lejos, empezaron a verse unas nubes de polvo y lo que parecían unas carretas. "¡Los cómicos! ¡Los cómicos!", gritaban los niños. Pelo no sabía quienes eran los cómicos. Un niño del pueblo en el que estaba, le explicó que hacían teatro y juegos malabares, y que eran muy divertidos. Su llegada siempre hacía que el pueblo se revolucionase. Solían venir después de la cosecha. Así siempre les daban, al menos, algo para comer. Y, a veces, hasta dinero.

 

Sus carretas pintadas de colores llamaron la atención de Pelo. ¿Cómo sería eso del teatro y los juegos malabares?. Los hombres no paraban de hacer ejercicios, vestidos con unos trajes muy exóticos, que decían haber comprado en un lejano país llamado India. Y las mujeres, todas bellísimas, también llevaban unos trajes que las hacían aún más bellas. Realizaban unos movimientos increíbles. Pelo no pudo evitar acordarse de su amada. ¿Dónde estaría ahora?. ¡Cómo le gustaría compartir estos momentos con ella!, pensó suspirando.

 

"¡Letisia, no corras tanto, que te vas a caer!" Una de las mujeres, con vestidos exóticos, le decía a una niña que fuese prudente. Letisia, como la había llamado su madre, saltó al suelo, como si saliese de una jaula, en cuanto paró la carreta. Con la buena o mala suerte de que Pelo estaba en su camino. Cuando la vio venir corriendo, pensó que era muy difícil que, justamente, se chocase con él. Había mucho espacio alrededor como para que tuviese que chocar con alguien tan fino. Pero, si algo puede pasar, pasa. La niña fue directa a él y tropezó con una raíz del suelo. Pelo gritó "¡Nooooo!", cuando se fueron a caer en el único charco que había detrás de él.

 

Letisia no paraba de reír. Su vestido ahora era de color marrón, lo que parecía hacerle mucha gracia, y, además, oía voces que le hablaban. Pelo estaba lleno de barro, como una croqueta de barro. Igual que cuando Águila le confundió con una lombriz*. Empezó a moverse para salir de allí. Al verlo, a Letisia le dio aún más risa "¡Ja,ja,ja, un palo que se mueve y que habla! Yo quiero uno así para jugar". Y, sin pensarlo ni un minuto, agarró lo que ella creía que era un palo y se volvió hacia su carreta.

 

"¡Mamá, mamá, mira lo que he encontrado, un palo que habla". Pelo no sabía si callarse o hablar, y decir que no era Palo sino Pelo, y que no era un juguete. Pero la madre ya le estaba diciendo a Letisia que lo tirase lejos. No sirvió de nada que llorase, ni que utilizase todos los trucos que, como todos saben, los niños utilizan para convencer a los padres . Así que salió de la carreta, fingió que lo tiraba, pero lo que hizo fue meter a Pelo en una caja de herramientas, que llevaba la carreta por fuera.

 

Pelo no se lo podía creer. Estaba rodeado de martillos y alicates. Con un olor a grasa y a metal y a todo, que casi no le dejaba respirar. ¿Cómo saldría de allí?. Un poco de luz entraba por una rendija de la tapa. Pelo se quitó como pudo el barro, ya casi seco, y empezó a salir por ese pequeño hueco. Es la ventaja de ser fino como un pelo. Pero, justo en ese momento, volvió a aparecer Letisia y, al ver cómo salía, le dijo: "¡Qué gracioso eres! Y estás más limpio. Seguro que, a mi mamá, ahora no le importa que estés conmigo".

 

Esta vez Pelo habló claro: "¡No soy un juguete! ¡Soy una persona, muy fina, pero una persona y me llamo Pelo, no Palo!". A la niña esto le hizo todavía más gracia y le cogió con la mano, mientras decía: "¡Un Pelo, un Pelo!". Otros niños se acercaron a ver qué era aquello, que hacía que Letisia estuviese tan contenta.

 

Letisia se fue corriendo al bosque, no quería que los demás niños le quitasen su nuevo juguete-amigo. Pelo estaba mareado con tanto movimiento y, claro, vomitó. Menos mal que lo hizo hacia la tierra. Letisia se paró a la sombra de un árbol y empezó a limpiarle y a acariciarle. Pelo le miró a los ojos y no pudo enfadarse. Tenía unos ojos preciosos que miraban de una forma muy especial. ¡Qué rabia! con las ganas que tenía de enfadarse con la niña, por todo lo que le había hecho pasar. Letisia empezó a contarle cosas sobre cómo era esa vida, de ir de un sitio para otro, con la carreta de los cómicos.

* Ver Capítulo 1 - El Hombre Pelo y Águila Real

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Wed, 30 Jul 2014 21:23:23 +0000
Capítulo 19 - Los lobos y el mago Pablum http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/230-20150104cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/230-20150104cuento-2 20150104ilustracion cuento web

 

Letisia, la niña que venía con las carretas de los cómicos, que llegaron al pueblo donde estaba Pelo, quería convertirle en su juguete.

 

Esta vez Pelo habló claro: "¡No soy un juguete! ¡Soy una persona, muy fina, pero una persona y me llamo Pelo, no Palo!". A la niña esto le hizo todavía más gracia y le cogió con la mano, mientras decía: "¡Un Pelo, un Pelo!". Otros niños se acercaron a ver qué era aquello, que hacía que Letisia estuviese tan contenta.

 

Letisia se fue corriendo al bosque, no quería que los demás niños le quitasen su nuevo juguete-amigo. Pelo estaba mareado con tanto movimiento y, claro, vomitó. Menos mal que lo hizo hacia la tierra. Letisia se paró a la sombra de un árbol y empezó a limpiarle y a acariciarle. Pelo la miró a los ojos y no pudo enfadarse. Tenía unos ojos preciosos que miraban de una forma muy especial. ¡Qué rabia!, con las ganas que tenía de enfadarse con la niña, por todo lo que le había hecho pasar. Letisia empezó a contarle cosas sobre cómo era esa vida, de ir de un sitio para otro, con la carreta de los cómicos.

 

Los cómicos, dijo Letisia, no somos de ninguna parte y somos de todas partes. Algunos han nacido en un pueblo, otros en una ciudad y yo misma nací en el camino entre dos ciudades. A veces, vamos a otros países con nuestras carretas. Entre nosotros nos entendemos muy bien, aunque hablamos muchos idiomas diferentes.

 

Hacemos teatro, representamos historias antiguas y también otras que nos inventamos. A mí me gusta mucho salir al escenario a inventarme, allí mismo, un cuento o una canción. A veces, no sé qué decir, pero los demás me ayudan soltando cosas como: "Por favor, trae un poco de agua" o "Eres como los fantasmas, que apareces y desapareces". En cuanto me dicen algo yo ya sé cómo tengo que seguir. Es muy divertido.

 

Pelo le hubiese preguntado muchas cosas como, por ejemplo, si iban al colegio o no, pero prefirió no decir nada. Por ahora, estaba muy bien allí en el bosque con Letisia, que siguió contándole cómo era su vida. "También hacemos juegos malabares y magia. Tenemos un mago muy bueno, que se llama Pablum, y que cuenta historias mientras hace magia. Yo creo que no hace trucos, yo creo que es mago de verdad. ¿Tú crees que la magia existe?", le preguntó directamente a Pelo, que se limitó a decir "Sí". Estaba encantado de oírla y no quería interrumpir.

 

En ese momento, apareció entre los árboles un animal enorme, con unos cuernos que parecían ramas de árboles. Era Ciervo. Como Letisia y Pelo entendían el lenguaje de los animales, le oyeron decir "¡¿Dónde está mi hijo? Salió corriendo y le he perdido!". Letisia y Pelo se encogieron de hombros. No habían visto a ningún cervatillo por allí.

 

De pronto, al otro lado apareció corriendo, muy asustado, el hijo de Ciervo y, detrás de él, venía una manada de lobos. Dandy, que así se llamaba el cervatillo, corrió hacia su padre que le gritaba "¡Dandy, Dandy, ven conmigo!" y le puso detrás de él. Pelo y Letisia no sabían qué hacer, paralizados por el miedo.

 

En un instante, en la copa de un árbol cercano, apareció Pablum, el mago de los cómicos. Como era mago, se había enterado de que alguien necesitaba de su ayuda. Bajó despacio y, muy lentamente, se dirigió hacia los lobos que enseñaban sus dientes hambrientos. Pablum empezó a contarles una historia mientras iba, paso a paso, hacia ellos.

 

"Una vez, hubo una tormenta con mucha lluvia y muchos truenos. Uno de los relámpagos alcanzó a un árbol, que empezó a arder. Luego la lluvia apagó el fuego. De eso hace mucho tiempo, pero todavía el árbol guarda el secreto del fuego, que yo también conozco, porque él me lo enseñó. Y aquí lo tengo". De sus manos aparecieron dos antorchas de fuego, que asustaron tanto a los lobos, que salieron corriendo despavoridos. Todos los animales temen al fuego, porque saben que es peligroso, y huyen en cuanto lo ven o lo huelen. Especialmente los lobos.

 

En cuanto se fueron, Pablum hizo desaparecer las antorchas de fuego, igual que habían aparecido. Pelo, Letisia, Ciervo y Dandy estaban alucinados con la magia salvadora de Pablum. Empezaron a aplaudirle y a gritar "¡Bravo, bravo!.". Ciervo y Dandy golpeaban el suelo con sus patas, para agradecerle lo que había hecho. Luego se dieron la vuelta y desaparecieron entre los árboles del bosque.

 

Pablum hizo un chasquido con los dedos y apareció Alfombra Mágica, la amiga de Pelo, que también era amiga del mago. Se subieron todos en ella y.... 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Thu, 14 Aug 2014 01:50:27 +0000
Capítulo 20 - El Viaje en el Tiempo http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/143-20150201cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/143-20150201cuento-2 20150201ilustracion cuento web

 

Pelo estaba en el bosque con Letisia, la niña que vivía con los cómicos. De pronto, aparecieron unos lobos que se querían comer a Dandy, un cervatillo perdido. Pablum, el mago de los cómicos sacó dos antorchas y los lobos huyeron.


En cuanto los lobos se fueron, Pablum hizo desaparecer las antorchas de fuego, igual que habían aparecido. Pelo, Letisia, Ciervo y Dandy estaban alucinados con la magia salvadora de Pablum. Empezaron a aplaudirle y a gritar "¡Bravo, bravo!..". Ciervo y Dandy golpeaban el suelo con sus patas, para agradecerle lo que había hecho. Luego se dieron la vuelta y desaparecieron entre los árboles del bosque.

 

Pablum hizo un chasquido con los dedos y apareció Alfombra Mágica, la amiga de Pelo, que también era amiga del mago. Se subieron todos en ella y les preguntó ¿queréis volar?. A lo que todos respondieron "¡Síiiiiiiiii!".

 

Este viaje no iba a ser un viaje cualquiera. No. Iba a ser un viaje a través del tiempo.

 

Alfombra venía de un país muy antiguo que algunos llamaban Persia. Allí se fabricaban muchas alfombras. Unas eran para que el suelo estuviese caliente en invierno y poder andar descalzo sobre ellas. Y otras, muy pocas, las hacían con el poder mágico de volar. Por eso, Pablum el mago, era amigo de Alfombra. Se habían conocido en un Encuentro Universal de Magia que se hacía en Marte. Sí, en Marte. Y otras veces en Júpiter. Y, por supuesto, en la Luna. Siendo mago puedes hacerlo donde te de la gana.

 

Pelo y Letisia se dieron cuenta de que el bosque se iba quedando cada vez más abajo. Parecía muy pequeñito. En el pueblo se veían las carretas de los cómicos. Después entraron en lo que parecía una nube. Un instante después volvían a bajar y ya no había ni pueblo ni carretas. Unos animales enormes se peleaban entre grandes rugidos. Sus cuellos larguísimos se movían en el aire intentando esquivar a su rival.

 

Letisia gritó: "¡Dinosaurios, son dinosaurios!. ¡Mi profe de Historia me los enseñó en un libro!" . Pelo pensó que eso no podía ser, que los dinosaurios habían desaparecido hacía millones de años. Seguramente era el rodaje de una película y, en cualquier momento, aparecerían los actores. Pero no fue así.

 

Alfombra aterrizó a cierta distancia para que no fuese peligroso. Pero uno de los dinosaurios hizo un giro con su cabeza, con tanta fuerza, que se le escapó un moco, que parecía sopa sucia. El moco voló hacia donde estaban nuestros amigos. Todos se agacharon. Justo a tiempo para que no les diese de lleno. Se fue a estrellar contra una pared de tierra que tenían detrás. Como era un moco enorme les salpicó. "¡Qué asco!", dijeron todos, excepto Pablum, que pensó lo divertido que sería hacer algo así, pero que no manchase, para poder jugar con ello. Hasta se le ocurrió el nombre que le pondría, Moquiblú. Cuando volviesen, empezaría a trabajar en la idea.

 

Los dinosaurios seguían a lo suyo, pelearse. Alfombra pensó que era mejor elevarse, por si se escapaba otro moco. Así que, al grito de "¡Arriba!", todos se subieron encima y volvieron a ver como todo se hacía pequeño.

 

A Pelo le pareció que viajaban hacia el Sol. Una luz cegadora les hizo taparse los ojos a todos los viajeros. Cuando se los destaparon pudieron ver que ya no había dinosaurios, sino una especie de naves voladoras, mezcla de nube y avión. Dentro se veían como sombras moviéndose. Probablemente pasajeros. En el suelo se veían otra clase de nubes quietas.

 

Alfombra, que ya había hecho esto muchas veces, les comunicó que estaban en el futuro. Y que las personas se podían mezclar entre si y separarse, como lo hacían las nubes. Ya no necesitaban aviones para viajar, porque bastaba con unirse para elevarse, y así poder ir a donde quisieran. "¡Me encanta!", dijo Letisia, que estaba harta de lo lentas que iban las carretas.

 

Justo cuando estaba pensando esto, Alfombra decidió irse. ¿Dónde o cuándo estaban ahora?.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Fri, 15 Aug 2014 23:55:00 +0000
Capítulo 21 - Encuentro mágico en la Luna http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/231-20150202cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/231-20150202cuento-2 20150202ilustracion cuento web

 

Alfombra Mágica llevó a Pelo y a Letisia a un viaje en el tiempo. Visitaron una época en la que unos dinosaurios soltaban mocos mientras peleaban y, después fueron al futuro, en el que las personas se podían mezclar entre si y separarse, como lo hacían las nubes. Ya no necesitaban aviones para viajar, porque bastaba con unirse para elevarse, y así poder ir a donde quisieran. "¡Me encanta!", dijo Letisia, que estaba harta de lo lentas que iban las carretas de los cómicos, en las que ella vivía.

 

Justo cuando estaba pensando esto, Alfombra decidió irse. ¿Dónde o cuándo estaban ahora?.

 

Estaban de vuelta al pueblo, con las carretas de los cómicos. La mamá de Letisia, al verla llegar, le preguntó: "¿De dónde vienes?". "Del futuro", le respondió. "¡Qué imaginación tienes!". La mamá no se imaginaba que decía la verdad.

 

Pelo ya no sabía en qué momento estaba. En sus viajes había visto muchas épocas, muchos lugares. Y lo que importaba de verdad eran las personas, no la época ni el lugar.

 

Ahora pensó que ya debía irse de aquel pueblo, que le había acogido tan bien. Quería tener más aventuras. Su amiga Alfombra Mágica le ofreció ir a un encuentro de Magos, que se celebraba en la Luna. Como eran magos podían hacerlo donde les diese la gana. A Pelo le pareció una buena idea. Se despidió de todos, especialmente de Brunilda y de su perro Tuffy *. Pero Letisia era la única que sabía a dónde iba.

 

Esta vez, Alfombra pensó que prefería hacer un viaje tranquilo, en lugar del viaje instantáneo que casi siempre hacía. Así, podrían disfrutar de las vistas que ofrecía el recorrido de la Tierra a la Luna.

 

Pronto, el horizonte empezó a verse cada vez más redondo, la Tierra se fue convirtiendo, poco a poco, en una pequeña pelota azul con nubes blancas. ¡Qué hermoso!, pensó Pelo. La Tierra flotaba en un universo oscuro. Allí había mucha gente viviendo y muchos animales y muchas cosas interesantes. Pelo, además, tenía en ese planeta a su amada, con la que quería encontrarse de nuevo. Cómo le gustaría compartir esta vista tan estupenda de la Tierra con ella.

 

Alfombra había creado, mágicamente, una pequeña habitación volante, con paredes transparentes. Las vistas eran impresionantes. Pelo giró la cabeza, en sentido contrario al que estaba mirando, y descubrió que la Luna se iba acercando. Blanca como la nieve, enorme, muy enorme. Con la emoción le entraron ganas de hacer pis. Pero no sabía cómo se hacía pis en el espacio. Se lo preguntó a Alfombra. "Hay unas bolsas especiales en aquella esquina", le contestó. Pelo cogió una bolsa para hacer pis en ella. Cuando terminó le preguntó a Alfombra qué hacía con ella. "Conéctala a ese tubo, vas a ver cristales amarillos saliendo al espacio". Con tanto frío como hacía ahí fuera, el pis se convertía en hielo. Parecían polvos mágicos. De pronto, hicieron una forma que parecía un pájaro y, un minuto después, una sonrisa. Finalmente, se formó una P gigante. ¡La P de Pelo!, naturalmente. Al fin y al cabo era su pis. Al pensarlo le dio la risa.

 

Alfombra avisó a Pelo de que pronto llegarían a la Luna. "¿Y dónde se va a celebrar el encuentro de Magos?". "En la cara oculta de la Luna, lógicamente. Así no nos verán desde la Tierra", le respondió Alfombra.

 

Después de un par de vueltas muy rápidas alrededor de la Luna, Alfombra aterrizó, mejor dicho, alunizó en el lado que no se ve desde la Tierra. Todo estaba muy oscuro pero, en cuanto tocaron suelo, una luz lo iluminó todo. ¡Estaban en la Luna! Pelo estaba alucinado o alunizado, pensó.

 

Pablum, el mago y un grupo de amigos estaban esperándoles. "¿Qué tal el viaje?" "Alunizante" le respondió Pelo, haciendo un juego palabras con Alucinante y Luna. Pablum y sus amigos se echaron unas risas al oírlo. A ellos también les gustaba hacer magia con las palabras.

 

Hasta ese momento, Pelo no se había dado cuenta, pero ahora vio que todos llevaban una especie de bola transparente en la cabeza. Sería para protegerles y poder respirar, pensó. Pero no era así. Como eran magos no lo necesitaban. La bola de cristal transparente era la última moda entre los magos. Pablum se quitó la suya, nada más llegar a un edificio precioso, en el que ponía "Encuentro de Magos" y debajo, "Por favor, no olviden sus varitas y sus polvos mágicos" 

* Ver Capítulo 16 - El Pueblo y el Oso

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Wed, 20 Aug 2014 22:59:35 +0000
Capítulo 22 - Buzz Aldrin, el segundo hombre en la Luna http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/163-20150203cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/163-20150203cuento-2 20150203ilustracion cuento web

 

Alfombra Mágica había llevado a su amigo Pelo a la Luna, a un encuentro de Magos. Con la emoción del momento, Pelo no se había dado cuenta de que todos llevaban una especie de bola transparente, en la cabeza. Sería para protegerles y poder respirar, pensó. Pero no era así. Como eran magos no lo necesitaban. La bola de cristal era la última moda entre los magos. Pablum se quitó la suya, nada más llegar a un edificio precioso, en el que ponía "Encuentro de Magos" y debajo, "Por favor, no olviden sus varitas y sus polvos mágicos".

 

Por fuera, el edificio era como esos castillos de arena que hacen los niños en la playa. Pero de un tamaño enorme, para que pudiesen entrar allí todos los magos. Pelo no pudo aguantarse y preguntar "¿Quién ha hecho este castillo tan enorme?". Pablum el mago* y sus amigos se echaron a reír. "Somos magos y algunos hacen que aparezcan castillos" le contestaron.

 

Dentro del castillo de arena todo era precioso. Brillando como estrellas se veían unas luces en el techo. Multitud de ventanas con dibujos de colores pintaban, el suelo y las paredes, de luces mágicas. Las mesas eran de unas maderas rarísimas, como troncos retorcidos. Encima de ellas había unos vasos de un material, que Pelo no había visto nunca. Cuando los levantaban se llenaban de unos líquidos de diferentes colores, que salían del aire de manera mágica, como todo lo que sucedía allí. Pelo pensó que le gustaría ser Mago. Pablum le adivinó el pensamiento y le dijo "Tenemos una escuela de magos, te puedes apuntar si te gusta". Pelo no lo dudó ni un instante. Se apuntó.

 

Lo primero que le enseñaron fue que la magia necesita de mucha práctica, todos los días. Y que la mayor Magia la tenemos en nuestra imaginación. Cuando alguien te cuenta algo, tú lo ves en tu cabeza. Puedes ver cosas que nunca hayan existido. Antes de que hubiese coches alguien los tuvo que imaginar. Y lo mismo con los teléfonos. O con casi todo lo que vemos alrededor. Por eso, es importante que, los que están viendo actuar al mago, imaginen lo que está sucediendo. Los magos siempre cuentan historias mientras hacen magia.

 

También le enseñaron algunos trucos de magia. Pelo estaba deseando practicarlos, para hacer pasar un buen rato a los niños, que siempre le dejaban un hueco en su habitación, durante sus viajes por el mundo.

 

Llegó la hora de comer y a Pelo le invitaron a la mesa. Como todos eran magos, no paraban de hacer trucos de magia, mientras llegaba la comida. Por ejemplo, uno le pidió a Pelo que firmase el menú y, con un movimiento rápido, lo metió en una botella, que estaba aún sin abrir. Pelo no salía de su asombro. ¡Qué magos tan buenos!. Otro sacó el pan de detrás de sus orejas. Y hasta fueron capaces de hacer aparecer y desaparecer un elefante, encima de la mesa. Nunca había visto una cosa igual. Menos mal que le hicieron desaparecer. Si le da al elefante por hacerse una de sus enormes cacas, adiós comida.

 

Después de comer, se fueron todos a echarse una siesta. Pelo prefirió ir a dar una vuelta por la cara oscura de la Luna. No quería perder esta oportunidad de visitarla. A la salida, en una mesa en una esquina, estaba un hombre mayor sonriendo. Le saludó. Como Pelo era tan fino, el hombre respondió: "¿Eh? ¿Quién me habla?". "Soy yo, el Hombre Pelo". "¡Ah!, yo soy Buzz Aldrin" "¡Buzz Aldrin!" exclamó Pelo, "Tiene el mismo nombre que el segundo hombre que llegó a la Luna", "Claro" dijo Buzz "Es que soy yo, el auténtico Buzz Aldrin". "¿Y qué hace usted aquí?, creí que había vuelto a la Tierra hace muchos años", "Es que me han invitado al Encuentro de Magos, para que les cuente cómo viví ese momento mágico".

 

Pelo pensó que nadie en la Tierra le iba a creer, cuando le contase lo que estaba viviendo. Estaba hablando con el segundo hombre que visitó la Luna, el mismísimo Buzz Aldrin. Se despidió de él con un fuerte apretón de manos. Se alejó un poco más del Castillo de Arena gigante. Como en la Luna se pesa menos, empezó a dar grandes saltos, sin apenas esfuerzo. Se lo estaba pasando en grande. Sin perder de vista el Castillo de Arena, bajó por la ladera de una montaña lunar y se asomó a un cráter que había en el fondo. Era un cráter pequeñito, pero parecía muy profundo. Intentó asomarse un poco más para ver si veía el fondo.

 

Aquello estaba muy oscuro. Pensó que, si tuviese una linterna, podría ver lo hondo que era. Se asomó un poco más y, sin darse cuenta, se fue inclinando y, en un instante, estaba cayendo por el agujero negro. Parecía flotar como una pluma. Intentó agarrarse a las paredes, pero no pudo, aquello no parecía acabarse nunca. ¿A dónde llevaría ese cráter?. Pronto lo sabría, porque se empezaron a oír unos sonidos familiares.

 

* Ver Capítulo 19 - Los lobos y el mago Pablum

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Tue, 26 Aug 2014 04:39:39 +0000
Capítulo 23 - De vuelta a la Tierra http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/232-20150204cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/232-20150204cuento-2 20150204ilustracion cuento web

 

Pelo había llegado a la Luna con el mago Pablum, subidos en su amiga Alfombra Mágica. Allí, en el lado oscuro, había un Encuentro de Magos en un castillo gigante de arena. Después de aprender unos cuantos trucos de magia, Pelo se fue a dar una vuelta por la Luna y descubrió un cráter.

 

Aquello estaba muy oscuro. Pensó que, si tuviese una linterna, podría ver lo hondo que era. Se asomó un poco más y, sin darse cuenta, se fue inclinando y, en un instante, estaba cayendo por el agujero negro del cráter. Parecía flotar como una pluma, intentó agarrarse a las paredes, pero no pudo, aquello no parecía acabarse nunca. ¿A dónde le llevaría ese cráter?. Pronto lo sabría, porque se empezaron a oír unos sonidos familiares.

 

Pelo estaba de nuevo en la Tierra. Le parecía increíble, porque hacía sólo unos minutos estaba en la Luna. Seguramente, los magos utilizaban ese truco para viajar a la Luna y a otros lugares.
Gatoni * le estaba esperando.

 

Pelo entendía el lenguaje de este Gato y de otros animales que había conocido en sus viajes por el mundo. Así que, se puso a hablar con él. "Pero, ¿y la familia y los niños con los que vivías?, ¿dónde están?". "Ahora estoy en Australia". "¿En Australia?", se asombró el Hombre Pelo. "¿Y cómo has llegado hasta aquí?".

 

"Un día estaba paseando por el puerto, cerca de mi casa, y vi que llegaba un barco de pescar. El olor a pescado era irresistible. Era un barco enorme, lleno de comida. Cuando pusieron la escalera para subir y bajar del barco, di un salto y me metí dentro". "¡Maldito gato!", gritó el marinero que estaba poniendo la escalera. Pero era demasiado tarde, Gatoni ya estaba corriendo hacia el olor a pescado que tanto le gustaba. Allí en las bodegas estaba todo para él.

 

Después de llenarse a tope la barriga, pensó que estaría bien echarse una siesta. Buscó un lugar escondido para que no le viesen.

 

Cuando despertó y salió a la cubierta del barco, dispuesto a volver a su casa, se dio cuenta de que el barco había vuelto a salir del puerto. Había dormido tanto, que no sabía las horas que habían pasado. Después de muchos días de viaje, llegaron a un país desconocido. Era Australia. Muy lejos de su casa, al otro lado del mundo.

 

A Pelo le encantó la aventura. Quería saber más. "Y, por el camino, ¿hiciste amigos?". "Muchos", respondió Gatoni. "Los marineros, las gaviotas y hasta un ratoncillo" "¿Un ratoncillo?. ¡Si a los gatos no os gustan los ratones!". "Ya, pero éste era muy simpático. Estaba yo durmiendo en una esquina y, de repente, oí un ruido y un olor raro me vino a la nariz. Era que Raui, un ratoncillo, se había tirado un pedete. Fui a por él, enfadadísimo, pero se puso contra la pared con la manos arriba y me pidió perdón". "¡Perdón, perdón!. Se me ha escapado". "Me hizo tanta gracia verle así, con esa cara, que me eché a reír. Él también empezó a reírse y acabamos siendo amigos. Me enseñó muchos rincones increíbles de ese barco tan grande".

 

"Paramos en muchos sitios, pero yo no me bajaba por si me perdía otra vez. Finalmente llegamos a Australia y pensé que era tiempo de salir del barco".

 

Pelo estaba encantado oyendo lo que le contaba Gatoni, pero, en ese momento, un animal rarísimo empezó a acercarse. Llevaba una bolsa enorme delante, en su barriga. Caminaba a saltos. Se parecía a un ratón gigante "¿No será ese tu amigo Raui?". Gatoni se echó a reír revolcándose por los suelos. "No. Eso no es un ratón, es un canguro. También es amigo. Se llama Kahn Gurú. ¿Te gustaría dar una vuelta en la bolsa de su barriga?". "¡Por supuesto!". Sin pensarlo, subieron los dos a la bolsa, y Kahn se puso a dar saltos, por un camino polvoriento. En un momento estaban en un lugar, en el que no había nadie o, al menos, eso parecía. Gatoni le dijo a Pelo: "Te presento al Desierto".

 

Pelo había oído hablar de él, pero era la primera vez que estaba en uno de verdad. No se veía ni una nube y el sol calentaba a lo grande.

* Ver Capítulo 4 - El hombre Pelo y Gatoni

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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Capítulo 24 - En el desierto http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/168-20150301cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/168-20150301cuento-2 20150301ilustracion cuento web

 

Pelo apareció de nuevo en la Tierra, cuando se cayó por un cráter de la Luna. Allí se encontró a su amigo Gatoni que había viajado en barco hasta Australia. Pelo quiso saber cómo había llegado hasta allí, desde el otro lado del mundo.

 

Pelo estaba encantado oyendo lo que le contaba Gatoni, pero, en ese momento, un animal rarísimo empezó a acercarse. Llevaba una bolsa enorme delante, en su barriga. Caminaba a saltos. Se parecía a un ratón gigante "¿No será ese tu amigo Raui, el ratón?". Gatoni se echó a reír revolcándose por los suelos. "No. Eso no es un ratón, es un canguro. También es amigo. Se llama Kahn Gurú. ¿Te gustaría dar una vuelta en la bolsa de su barriga?". "¡Por supuesto!". Sin pensarlo, subieron los dos a la bolsa, y Kahn se puso a dar saltos, por un camino polvoriento. En un momento estaban en un lugar, en el que no había nadie o, al menos, eso parecía. Gatoni le dijo a Pelo: "Te presento al Desierto".

 

Pelo había oído hablar de él, pero era la primera vez que estaba en un desierto de verdad. No se veía ni una nube y el sol calentaba a lo grande.

 

Al fondo se veía una montaña enorme, saliendo del suelo y sin nada alrededor. Era tan grande que parecía que estaba cerca, pero no era así. Era el Monte Uluru, el Ombligo del Mundo, la Montaña Sagrada de los aborígenes, los habitantes originales de Australia, una isla enorme que además es un continente. La montaña tenía un color rojizo impresionante.

 

De entre los matorrales aparecieron, como por arte de magia, varias personas de piel muy oscura. Kahn Gurú parecía conocerles. Les rodearon. El calor era insoportable, pero a los aborígenes no parecía afectarles.

 

Pelo pensó que sería interesante conocer el desierto con ellos, que vivían allí. Las personas de piel oscura parecieron oír su pensamiento, porque le indicaron con la mano que les siguiera. Pensó que seguir a unos desconocidos podía ser peligroso, pero Gatoni y Kahn Gurú parecían conocerlos bien y estaban muy contentos con la excursión que nos proponían.

 

Cuando ya estaba oscureciendo, algunos de ellos empezaron a buscar madera, o algo con lo que hacer fuego, en los matorrales. Los días en el desierto son muy muy calurosos, pero las noches son muy frías. Increíblemente, encontraron una especie de ramas y otras cosas, que no parecía que pudiesen arder, pero con las que, frotando muy fuerte, consiguieron hacer fuego. Se tumbaron sobre unas pieles pequeñas, del tamaño de un perro, y empezaron a dormir. Al día siguiente, tenían que levantarse temprano, para andar en las horas de menos calor de la mañana, según le explicó Gatoni.

 

Aún no había salido el sol cuando despertaron. Todos empezaron a moverse, y a recoger lo poco que llevaban. Pelo hizo lo mismo y se puso a andar con ellos. Como no habían desayunado ni cenado nada, después de un rato tenía bastante hambre y preguntó que cuándo se comía allí. Kahn Gurú hizo de traductor, ya que sabía los dos idiomas, el de Pelo y el de las personas de piel oscura. Gatoni entendía todos los idiomas, pero no todos los hablaba. Kahn le tradujo que allí sólo comían cuando encontraban comida. Pelo miró a su alrededor y sólo vio arena, que no era comestible, desde luego.

 

El sol empezaba a calentar cada vez más, así que pararon al cabo de un rato y se pusieron las pieles, por encima de sus cabezas, para hacer sombra, entre unos arbustos secos. Para su sorpresa, una de las personas empezó a cavar, junto a uno de los matorrales y sacó algo, que al parecer se podía comer. Se lo fueron pasando unos a otros. Cuando se acabó, buscaron otra vez, hasta que ya no había más. Pelo también lo comió, tenía tanta hambre que le valía cualquier cosa que pareciese comida. Pero, cuando lo probó, casi lo escupe. Aquello sabía a estropajo seco. Como a nadie le parecía lo mismo, empezó a masticarlo. Al mezclarlo con la saliva fue peor. Le recordaba a caca de vaca. No es que él la hubiese probado antes, pero sí la había olido.

 

Definitivamente, la comida de aquel lugar, era muy diferente de la que Pelo había comido, en los sitios por donde había pasado. Poco a poco fue tragándose aquella cacaestropajo. Enseguida, notó que la tripa le apretaba y se alejó un poco para hacer sus necesidades. En ese momento, vio a su lado la cabeza de una culebra, que se asomaba en la arena a mirar quién andaba por allí. Pelo se quedó muy quieto, por si acaso. Podía ser peligrosa.

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Thu, 04 Sep 2014 02:34:13 +0000
Capítulo 25 - Metido en el cuento http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/233-20150302cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/233-20150302cuento-2 20150302ilustracion cuento web

 

Pelo se encontró al bajar de la Luna a su amigo Gatoni. Kahn Gurú, un canguro que conoció Gatoni, les llevó al desierto de Australia, donde aparecieron unas gentes de piel muy oscura. Con ellos se fueron a recorrerlo. Cuando empezó a hacer mucho calor, pararon junto a unos arbustos, y una de las personas cogió algo comestible, de debajo de la arena.

 

Definitivamente, la comida de aquel lugar, era muy diferente de la que Pelo había comido, en los sitios por donde había pasado. Poco a poco fue tragándose aquella cacaestropajo. Enseguida, notó que la tripa le apretaba y se alejó un poco para hacer sus necesidades. En ese momento, vio a su lado la cabeza de una culebra, que se asomaba en la arena a mirar quién andaba por allí. Pelo se quedó muy quieto, por si acaso. Podía ser peligrosa.

 

"No te preocupes", oyó que una voz le decía en su cabeza, "te ha oído venir por los golpes de tus pies en el suelo, y se ha asomado para ver si eres peligroso o no. Igual que tú, que te has asustado al verla. Las culebras se meten debajo de la arena para soportar el calor". Pelo miró a ver quién le hablaba. A lo lejos, uno de los aborígenes del grupo, una chica, se volvió y le sonrió. Seguro que ella era la que le hablaba en su cabeza, sin hablar. Entre ellos "hablan" así. Lo llaman telepatía.

 

La culebra, al ver que Pelo no era peligroso, volvió a esconder su cabeza. Pelo acabó de hacer lo que había ido a hacer y volvió con los demás. La chica seguía sonriéndole. Gatoni estaba contando historias de donde él vivía. Kahn Gurú las traducía. A todos les parecían muy graciosas. No paraban de reír. Luego les tocó el turno a las personas de piel negra, para contarle a Pelo y a Gatoni sus historias.

 

Les contaron que, a veces, se hacen invisibles para que no les ataquen. Y que encuentran comida y agua, porque piensan en ella, la saborean y pronto aparece. Pelo pensó "Yo quiero aprender a hacer eso". La chica que le sonreía le dijo "Yo puedo enseñártelo". ¡Le había leído el pensamiento!. Le cogió de la mano y le alejó un poco del grupo.

 

Allí ella se hizo invisible. "¿Cómo lo habrá hecho?", pensó Pelo. En ese momento ella volvió a aparecer. En la cabeza del Hombre Pelo escuchó de nuevo la voz de antes "Si tú no les miras, ellos no te ven". Decidió probar. Se acercó de nuevo al grupo él solo. Cuando estaba prácticamente encima de Gatoni, le oyó decir: "¿Dónde se habrá metido mi amigo Pelo?". ¡Ahora sabía cómo hacerse invisible!. Cuando le miró a la cara, Gatoni puso cara de sorpresa "¡Vaya! Creí que te habías perdido". Detrás venía la chica que se lo había enseñado. Se llamaba Luz Transparente. Un nombre muy apropiado.

 

En cuanto bajó el sol volvieron a caminar. La Montaña Sagrada, al fondo del desierto, empezó a cambiar de color. Pronto se hizo de noche y volvieron a parar. Se pusieron en círculo y empezaron a contar historias. En una de ellas aparecía Pelo, que iba por el desierto con Gatoni y Kahn Gurú. Pelo se empezó a quedar dormido y, en ese momento, se vio en la páginas del cuento, de este cuento.

 

"¡Quiero salir de estas páginas! ¡Quiero volver a la realidad!", gritó Pelo desde las letras del cuento. "¡Por favor!, tú que me estás leyendo, ¡ayúdame a salir!. ¡Di las palabras mágicas!" Pero, el lector del cuento, no conocía las palabras mágicas. "¿Cuáles son las palabras mágicas?", le preguntó. "¡Sal y pimienta! ¡y date la vuelta!", gritó Pelo, desesperado por verse atrapado en un mundo plano. "¡Sal y pimienta!" gritó el lector (o sea tú) "¡Sal y pimienta!" repitió. Aquello no funcionaba. Pelo seguía metido en el cuento. "Vamos a probar otra cosa. Tú te metes en el cuento y luego me ayudas a salir" "¿Y cómo me meto yo en el cuento?" preguntó el lector (o sea tú).

 

"¡Es muy fácil!, mira el dibujo, la ilustración que hay al principio de este cuento. Allí estás tú". El lector hizo caso a Pelo y se fue a la ilustración. Efectivamente ¡estaba allí!. Antes no se había dado cuenta.

 

Ya dentro de la ilustración, el lector le dijo a Pelo: "Y ahora, ¿cómo salimos de aquí?".

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Sat, 06 Sep 2014 19:02:07 +0000
Capítulo 26 - Pelo entra y sale del cuento http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/169-20150303cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/169-20150303cuento-2 20150303ilustracion cuento web

 

Pelo estaba oyendo contar historias a los habitantes del desierto de Australia, a donde había llegado al bajar de la Luna por un cráter. Mientras escuchaba las historias, se quedó dormido, y apareció atrapado dentro de las páginas del cuento, que el lector (o sea tú) estaba leyendo.

 

Pelo pidió ayuda para salir del cuento, pero el lector no sabía cómo hacerlo.

 

"¡Es muy fácil!", le dijo "mira el dibujo, la ilustración que hay al principio de este cuento. Allí estás tú". El lector hizo caso a Pelo y se fue a la ilustración. Efectivamente ¡estaba allí!. Antes no se había dado cuenta.

 

Ya dentro de la ilustración, el lector le dijo a Pelo: "Y ahora, ¿cómo salimos de aquí?".

 

Estaban los dos atrapados en el cuento.

 

Era un honor estar en persona con el Hombre Pelo, así que no dudó en decirle: "Yo conozco todas tus aventuras. Me las he leído y he visto las ilustraciones en las que apareces. Debe de ser fascinante tener tantas aventuras, ¿verdad?".

 

El lector parecía una persona muy amable, dispuesta a ayudarle, así que le respondió: "A mi me encanta conocer gente y lugares, pero a veces es muy peligroso". "Ya, ya he visto los problemas que algunas veces tienes, pero que luego se solucionan". "Sí, es que siempre hay una solución. Si es un problema tiene solución. Y si no es otra cosa. Eso me lo dijo una vez un amigo llamado Rafa, y tenía razón".

 

Pero Pelo no se olvidaba de que estaban atrapados en este cuento, éste que ahora mismo estás leyendo, y volvió a insistir: "Me tienes que ayudar a salir de aquí". "¿Y cómo puedo ayudarte?", "Con la imaginación", le contestó Pelo. "Piensa en algo que nos saque de aquí". "¿Por ejemplo una tormenta?" "¡No! Ya estuve en una* y se pasa muy mal, es muy peligroso correr bajo los rayos. ¡Imagina otra cosa! Me estoy agobiando aquí metido en este cuento".

 

De pronto, el lector (o sea tú) se dio cuenta de una cosa. No estaban atrapados. "¡No estamos atrapados!. Cuando yo leo el cuento estoy dentro del cuento, pero, cuando lo dejo, salgo y hago mi vida normal, aunque me acuerdo mucho de ti. Y tú Pelo sales del cuento cuando yo te leo, porque entras en mi cabeza, yo te imagino y eres libre".

 

"¡Es cierto!", respondió Pelo, "¡Eso no lo había pensado!. A partir de ahora entraré y saldré del cuento, cada vez que me leas. ¡Qué divertido!" "Y además, tú también puedes pensar aventuras en las que yo participo. Podías pensar ahora una".

 

El lector estaba entusiasmado con esa posibilidad de inventarse él las aventuras, y le dijo: "¡Fenomenal! Ahora me voy a ir a dormir, así que, cuando me despierte, pensaré una nueva aventura para ti". Y cerró los ojos.

 

Pelo volvió a su cuento y también se quedó dormido. Pensó que estaba muy bien tener amigos que inventasen aventuras para él. En sus sueños aparecieron muchos niños y niñas, y personas más mayores que leían sus aventuras.

 

Un sonido extraño despertó a Pelo. Ya no estaba en el desierto. Estaba en una ciudad llena de coches. ¿Quién habría pensado esta aventura para él? ¿Qué idioma hablarían allí?. Un vehículo sin ruedas pasó por su lado.

 

Al mirar hacia arriba, vio que era ¡Una ciudad sumergida en el mar!. Se veía un cristal enorme y transparente, en lo que debería ser el cielo. Allí había todo tipo de peces. Hasta tiburones. ¿Dónde estaba? ¿Aquello era un sueño o era su imaginación?. No importaba mucho porque parecía muy interesante.
Alguien se sentó a su lado y empezó a hablarle en un idioma extraño.

* Ver Capítulo 12 - La Pelea con Avispas

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Tue, 09 Sep 2014 01:51:13 +0000
Capítulo 27 - La Ciudad Sumergida http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/234-20150304cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/234-20150304cuento-2 20150304ilustracion cuento web

 

Pelo se encontraba atrapado en el cuento, pero el lector le explicó cómo podía salir. Después se quedó dormido.

 

Al poco, un sonido extraño despertó a Pelo. Ya no estaba en el desierto. Estaba en una ciudad llena de coches. ¿Quién habría pensado esta aventura para él? ¿Qué idioma hablarían allí?. Un vehículo sin ruedas pasó por su lado.

 

Al mirar hacia arriba, vio que era ¡Una ciudad sumergida en el mar!. Se veía un cristal enorme y transparente, en lo que debería ser el cielo. Allí había todo tipo de peces. Hasta tiburones. ¿Dónde estaba? ¿Aquello era un sueño o era su imaginación?. No importaba mucho porque parecía muy interesante.

 

Alguien se sentó a su lado y empezó a hablarle en un idioma extraño. ¿O quizá estaba borracho y por eso no se le entendía?. En lo alto, los peces seguían pasando por detrás del cristal. Pelo pensó que, si se rompía, estaban perdidos. De pronto, empezó a caer agua desde arriba. "¡Ya está!", dijo, "¡se ha roto el cristal!". La persona que se había sentado a su lado, le respondió "No se ha roto nada. Es la lluvia de riego de todos los días". "¿Hablas mi idioma?", le dijo Pelo, sorprendido de que ahora le entendiese. "Aquí hablamos todos los idiomas. Nos conectamos con la red y nos lo traduce, automáticamente, en nuestro cerebro. Hasta que no has dicho algo, no sabía en qué idioma hablabas". Pelo se quedó muy sorprendido.

 

"¿En qué año estamos?". "Como aquí no hay sol, no contamos por años". "¿Y cómo contáis?", "No nos importan mucho los años que pasan, sino cómo nos lo pasamos, mientras los vivimos". "Curioso ¿y qué es eso de la lluvia de riego de todos los días?", "Aquí no hay nubes, pero sí hay plantas que necesitan agua y por eso, llueve artificialmente cada día, para que se rieguen".

 

"¿Y por qué vivís aquí, en lugar de vivir en la Tierra?". "¿No sabes lo que pasó en 2.080 de la era anterior?" "¡No! ¿Qué pasó?" "¿Has estado dormido o en hibernación todo este tiempo?. La Tierra entera fue contaminada, hasta que no fue posible vivir en ella. Algunos países construyeron ciudades, como ésta, debajo del agua. Muchas de ellas están comunicadas por túneles".

 

Un coche sin ruedas pasó de nuevo por su lado. Y no llevaba conductor. "¿Cómo funciona ese coche sin ruedas?" preguntó Pelo extrañado. "Creo que sí, que has estado dormido un montón de años. Estos coches llevan mucho tiempo funcionando. Tienen un sistema, llamado contragravedad, que los levanta del suelo y luego es muy fácil moverlos" "¡Pero van sin conductor!" "Es que no lo necesitan. Tienen un programa, que les dirige hacia dónde tienen que ir".

 

Empezaba a oscurecer. "¿Cómo se hace de noche aquí, si no hay Sol?". "Es un sistema regulado, que baja la cantidad de luz, para que parezca que se hace de noche. ¿Tienes un sitio a dónde ir a dormir?". "No". "Pues vente a mi casa. Si te encuentran durmiendo en la calle te llevarán a un lugar para perdidos, donde estarás hasta que alguien vaya a buscarte". A Pelo no le gustó la idea de ir a ese lugar. No conocía a quien le estaba invitando a ir a su casa, pero era lo único que tenía. Así que aceptó.

 

El hombre sacó una especie de patines de sus zapatos y le dijo a Pelo "¡Sígueme!". "Es que yo no tengo esos zapatos" "Pues súbete a mi espalda que nos vamos". Inmediatamente, empezaron a moverse como el coche que habían visto antes.

 

Por el camino, pudo ver a otras personas, que se movían como ellos, con sus zapatillas voladoras. Algunos coches, sin ruedas, también circulaban con algún pasajero dentro.

 

Cuando llegaron a la casa, Pelo se quedó maravillado. Era una especie de palacio encantado, de tamaño pequeño. "¿Ahí vives?" "Sí. Me gusta mucho cómo se vive mágicamente dentro de él". Pasaron por una puerta muy bajita. Había que agacharse para pasar por ella. Cuando entraron, la habitación pareció crecer por arte de magia. En el techo había estrellas. Y, una especie de pájaros de colores, volaban de un sitio para otro.

 

En una de la paredes había un cuadro, en el que aparecía nada menos que ¡El Mago Pablum!. "¿Tú conoces al Mago Pablum?" preguntó Pelo.

 

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Thu, 11 Sep 2014 05:11:41 +0000
Capítulo 28 - Vuelvo del futuro http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/174-20150401cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/174-20150401cuento-2 20150401ilustracion cuento web

 

Un ruido despertó a Pelo y vio que estaba en una ciudad sumergida del futuro. Allí una persona del lugar le invitó a dormir en su casa, porque se estaba haciendo de noche.

 

Cuando llegaron a la casa, Pelo se quedó maravillado. Era una especie de palacio encantado, de tamaño pequeño. "¿Ahí vives?". "Sí, me gusta mucho cómo se vive mágicamente dentro de él". Pasaron por una puerta muy bajita. Había que agacharse para pasar por ella. Cuando entraron, la habitación pareció crecer por arte de magia. En el techo había estrellas. Y, una especie de pájaros de colores, volaban de un sitio para otro.

 

En una de la paredes había un cuadro, en el que aparecía nada menos que ¡El Mago Pablum!. "¿Tú conoces al Mago Pablum?", preguntó Pelo.

"¡Sí, claro!, es uno de mis antepasados. Hay una tradición de magos en mi familia desde que empezó él. Por eso, tenemos ese cuadro en la pared". Pelo no se lo podía creer, seguro que estaba con un tatarataratataranieto de su amigo el Mago Pablum.

 

En la casa no había televisión. Te ponías un gorro, pensabas lo que querías ver y aparecía delante de ti. Pelo quiso ver una película. Delante de él, apareció una persona casi transparente, que le preguntó qué tipo de película quería ver: ¿Antigua o moderna? ¿Para niños o para adultos? ¿En color o en blanco y negro? ¿Para poder tocar a los personajes y participar en la película, o sólo para ver?.

 

Pelo estaba alucinado, realmente estaba en el futuro. Así que, eligió ver una película antigua en la que volvían al Futuro, muy apropiada para el momento.

 

La persona le dijo: "Póngase cómodo y, cuando quiera que empiece, diga ya". Pelo se puso cómodo y dijo: "¡Ya!". Delante de sus ojos empezó la película.

 

De pronto, se dio cuenta de que no sabía el nombre del tataratataratataranieto de Pablum, así que giró la cabeza para preguntárselo. Inmediatamente, la película se paró.

 

"Perdona, yo me llamo Pelo ¿y tú como te llamas?" "XZSKF, pero me puedes llamar F, como me llaman todos mis amigos".

 

La película volvió a empezar en cuanto Pelo miró a la "pantalla". A la derecha se veía una especie de plato de comida. Y ponía "Menú", para poder elegir hacer otras cosas. Al fijarse en él, volvió a aparecer la persona que le preguntaba, "¿Quieres participar en la película? ¿Quieres que hablen en otro idioma? ¿Quieres comer algo?". Pelo tenía hambre, pero le gustaba la idea de entrar en la película. "Quiero entrar en la película y comer algo".

 

Empezó una cuenta atrás "5, 4, 3, 2, 1, ¡Cero!. Está usted entrando en la película". Pelo se vio junto a los personajes de la historia. En un bar de los años 50. Él estaba en un extremo, mientras los demás discutían. Pensó intervenir, para que no humillasen al personaje, como lo estaban haciendo. Pero, la camarera se le acercó a preguntarle qué quería beber. Pelo le dijo: "Quiero comer. Póngame el plato más sabroso que tenga y agua". La camarera le miró como si fuese a decir: "¿De dónde habrá salido éste?". Pelo se dio cuenta de que estaba pensando eso, pero no le dijo nada.

 

Al volver con la comida y la bebida, la camarera le guiñó un ojo y le dijo muy bajito: "Yo también vengo de donde vienes tú". Pelo se quedó pasmado. "¿Del futuro?", pensó "¿o de la casa del descendiente del Mago Pablum?". Pero no le dijo nada.

 

Cuando ya se iba, la camarera le llamó y le dijo: "Ven mejor por aquí" y le abrió una puerta que había en el fondo del bar.

 

Cuando entraron, Pelo no se lo podía creer. Estaban de vuelta en la habitación de F. La camarera se sentó a su lado y siguieron viendo la película, como si no hubiese pasado nada.

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Tue, 16 Sep 2014 04:04:51 +0000
Capítulo 29 - Magia en el teatro http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/235-20150402cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/235-20150402cuento-2 20150402ilustracion cuento web

 

Pelo estaba viendo una película sobre el Futuro y se metió dentro de lo que estaba pasando en ella. La camarera del bar en el que se sentó, le trajo comida y bebida.

 

Al volver con la comida y la bebida, la camarera le guiñó un ojo y le dijo muy bajito: "Yo también vengo de donde vienes tú". Pelo se quedó pasmado. "¿Del futuro?", pensó "¿o de la casa de F, el descendiente del Mago Pablum?". Pero no le dijo nada.

 

Cuando ya se iba, la camarera le llamó y le dijo: "Ven mejor por aquí" y le abrió una puerta que había en el fondo del bar.

 

Cuando entraron, Pelo no se lo podía creer. Estaban de vuelta en la habitación de F. La camarera se sentó a su lado y siguieron viendo la película, como si no hubiese pasado nada.

 

Al poco rato, Pelo se fue quedando dormido y, cuando despertó, la película se había terminado y la camarera ya se había ido. F, el dueño del lugar en donde estaba, también se había dormido. Así que, decidió ir a ver el cuadro del Mago Pablum.

 

La casa era mágica. Según entrabas en una habitación, crecía y se adaptaba a tu tamaño. Las puertas siempre eran pequeñas y había que agacharse para pasar. Pelo llegó, por fin, al cuadro del Mago. Se quedó mirándole fijamente. Pareció guiñarle un ojo. Y, de pronto, en la mano de Pablum aparecieron unas monedas. En un instante desaparecieron. Le volvió a guiñar un ojo. Pelo notó cómo entraban las monedas en su bolsillo. ¡El Mago del cuadro le estaba haciendo magia!. ¡Increíble!.

 

Un instante después, el cuadro pareció moverse hacia él como si una puerta se abriese. Pelo se acercó y, efectivamente, era una puerta. Detrás había unas cortinas negras. Las abrió y apareció en un escenario. La gente empezó a aplaudirle. Pablum estaba en el escenario y le presentó como su ayudante. "¡El Hombre Pelo!, que aparece y desaparece ¡y es capaz de volar!". Una corriente de aire hizo que Pelo volase por encima del público. Otra ráfaga de aire llevó a Pelo de nuevo al escenario. El público aplaudía a rabiar. Pelo no entendía nada, pero pensó que era mejor agacharse y saludar.

 

Pablum cogió a Pelo por la cintura y, en un abrir y cerrar de ojos, le transformó en un collar en su cuello. Un segundo después, era una pulsera en la muñeca del Mago. Dos segundos más tarde, se convirtió en una culebra enroscada en su brazo. Pelo no salía de su asombro. Él no hacía nada, todo lo hacía Pablum. Realmente era un mago increíble. Un par de movimientos más y le hizo desaparecer, soplando hacia las cortinas, por donde había venido.

 

Los aplausos se oían detrás de él con fuerza. Cuando pasó la cortina ya no estaba en el futuro. Apareció en una ciudad amurallada. Parecía muy antigua. Un niño venía andando hacia él. Cuando estaba muy cerca, se paró y le dijo: "Yo soy Hiugo y tú eres el Hombre Pelo ¿no?".

 

Pelo se quedó como la muralla, de piedra. "¿Y tú cómo sabes quién soy?". "He leído todas tus aventuras y, por cierto, quiero hacerte algunas preguntas". "Adelante, pero yo quiero preguntarte antes ¿qué ciudad es esta?". "Es Liugo, le respondió".

 

Hiugo había leído con atención todas las historias de Pelo, así que le preguntó: "En el cuento de la Alfombra Mágica, ¿vomitaste todo seguido o a trocitos?". "Vomité a trocitos. ¡Menudo mareo me dio cuando bajábamos desde las montañas!".

 

"Y, cuando te meó el perro, ¿no te arrastró el pis?" "No. Fue un poco asqueroso, pero sólo me saltaron unas gotitas".

 

Durante mucho rato hablaron de las aventuras y de las dudas que Hiugo tenía. Finalmente, le preguntó si quería ver la parte mágica de la muralla. Pelo no lo dudó. "¡Pues claro que quiero!".

 

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Sat, 20 Sep 2014 04:16:34 +0000
Capítulo 30 - La tienda de la muralla http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/175-20150403cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/175-20150403cuento-2 20150403ilustracion cuento web

 

Pelo entró mágicamente en un teatro, en el que actuaba Pablum. Después de hacerle volar, por encima del público y convertirle en culebra, le hizo desaparecer por una puerta. Apareció en una ciudad desconocida, con murallas. Allí se encontró a un niño, Hiugo, que le reconoció.

 

Hiugo había leído con mucha atención todas las historias de Pelo, así que le preguntó: "En el cuento de la Alfombra Mágica, ¿vomitaste todo seguido o a trocitos?". "Vomité a trocitos. ¡Menudo mareo me dio cuando bajábamos desde las montañas!".

 

"Y, cuando te meó el perro, ¿no te arrastró el pis?" "No. Fue un poco asqueroso, pero sólo me saltaron unas gotitas". 

 

Durante mucho rato hablaron de las aventuras y de las dudas que Hiugo tenía. Finalmente, le preguntó si quería ver la parte mágica de la muralla. Pelo no lo dudó. "¡Pues claro que quiero!".

 

Hiugo llevó al Hombre Pelo a un lugar en una esquina, dentro de la muralla. Parecía una tienda, pero ¿qué vendía?. Tenía algunos juguetes mecánicos, coches, grúas, piezas sueltas con tornillos y cables. Algunos decían, que el dueño de la tienda, era un descendiente del que inventó los proyectores de cine. Seguramente tenían razón, porque en las paredes, dentro de la tienda, había carteles antiguos. Especialmente uno, con un cohete clavado en un ojo de la Luna. Esto le llamó la atención a Pelo. Una Luna con ojos.

 

Hiugo pasaba por allí siempre que podía. Miraba esas piezas tan interesantes que tenía en el mostrador, pero que no sabía para qué le podrían servir. Y tampoco tenía mucho dinero para comprarlas. Así que, sólo las miraba.

 

Como iba por allí muy a menudo, el dueño de la tienda se había dado cuenta de su curiosidad, y un día le regaló una rueda voladora. Tenía una goma sujeta a un palo. La rueda se ponía en la goma. Tirabas de ella y la rueda salía volando. 

 

En cuanto llegaron a la tienda se puso a llover. Lo curioso, es que sólo llovía en el trocito donde estaban ellos. El hombre de la tienda, sin decirles nada, les dio un palo con un botón. Cuando lo apretaron, salió una sombrilla que les valió de paraguas. "Gracias", le dijeron. Empezaron a andar y la lluvia les seguía. "¡Qué extraño", pensó Pelo.

 

Después de un rato, miró hacia arriba y vio que, en el paraguas, había unas palabras, pero no las podía leer porque estaban escritas por la parte de arriba y se veían al revés. Intentó ver si lo entendía. "Agua, va, a ...." . Nada. Imposible leerlo desde abajo. Se metieron en un portal, pero la nube entró con ellos. Una señora salió gritando "¡Fuera de aquí!, ¡que me lo estáis poniendo todo perdido con esa nube que traéis!".

 

Hiugo y Pelo siguieron andando. Intentaron de nuevo leer las palabras escritas en el paraguas. Pararon un momento y decidieron que, aunque se mojasen, había que leer lo que ponía. Quizá fuesen unas palabras mágicas. Cerraron el paraguas y, justo en ese momento, paró de llover. Se quedaron muy sorprendidos. Lo volvieron a abrir y otra vez comenzó a llover. Varias veces sucedió lo mismo.

 

Finalmente, prefirieron mojarse y leer lo que ponía. Así fue. Se mojaron, pero leyeron lo que ponía.

 

"Agua en paraguas, cierra, la lluvia, cierra. Vuela si lo montas".

 

¿Qué significaba aquello?. Lo primero parecía claro. Si cierras el paraguas, para la lluvia. Lo habían podido comprobar en directo. Pero, lo de "Vuela si lo montas", sonaba raro.

 

Huigo le dijo a Pelo: "¿Probamos?". Pelo le miró y se echaron a reír. Un minuto después estaban volando por encima de la muralla de Liugo.

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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Capítulo 31 - Berlín con pollo http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/236-20150404cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/236-20150404cuento-2 20150404ilustracion cuento web

 

Hiugo y Pelo se protegieron de la lluvia con un paraguas, que les regaló el dueño de una tienda "mágica", de la muralla de Liugo. En la tela del paraguas ponía una frase extraña.

 

"Agua en paraguas, cierra, la lluvia, cierra. Vuela si lo montas".

 

¿Qué significaba aquello?. Lo primero parecía claro. Si cierras el paraguas, para la lluvia. Lo habían podido comprobar en directo. Pero, lo de "Vuela si lo montas", sonaba raro.

 

Huigo le dijo a Pelo: "¿Probamos?". Pelo le miró y se echaron a reír. Un minuto después estaban volando por encima de la muralla de Liugo.

 

Una nube se fue acercando a ellos. Rápidamente entraron en una niebla espesa, que no les dejaba ver en dónde estaban.

 

Hiugo vio un agujero en las nubes que parecía una cueva. Entró en él y decidió explorar, para ver qué había allí. Se despidió de Pelo, que seguía volando con el paraguas mágico. Cuando salió de la nube, vio un cartel que ponía "Berlín". Frente a él, una puerta de piedra con arcos, mostraba que era un lugar importante. El paraguas le bajó suavemente al suelo. Y ¡sorpresa! Hiugo le estaba esperando. "¿A dónde te fuiste?", le preguntó Pelo. "¡Es fantástico!. Los agujeros te llevan a diferentes lugares. Primero fui a mi casa y ahora he venido a buscarte". Le respondió Hiugo. "¿Y cómo haces para llegar a los sitios a los que quieres ir?". "Es muy fácil. Digo: ¡A mi casa! e, inmediatamente, aparezco allí. Luego digo, "¡A dónde esté Pelo!", y aquí estoy. Ahora me vuelvo a mi casa otra vez. Ya nos veremos".

 

Pelo estaba asombrado de lo fácil que le parecía a Hiugo todo. A lo mejor tenía razón. Bastaba con pedirlo. Dijo, casi sin pensar, "¡A una casa calentita!". En un instante, Pelo apareció en una casa con una chimenea encendida y un señor muy mayor, sentado en un sillón frente al fuego.

 

"Me ha dicho Hiugo que andabas por aquí, y que a lo mejor, venías a verme". Oyó que decía el hombre.

 

¡Increíble!, ¡Hiugo sabía lo que iba a pasar!. El hombre cogió a Pelo y le puso junto a él. Tenía un libro en las manos. Le preguntó si quería que se lo leyese. "¡Claro!, léemelo".

 

"En un lugar muy, muy lejano", comenzó a leer el hombre frente a la chimenea, "vivía una bruja que hacía potingues mágicos, a quien se lo pedía. Una vez acudió a ella un joven que quería conquistar a una bella muchacha, que no le hacía mucho caso. La bruja preparó un bebedizo con ranas, plantas de colores extraños y agua, que sacó de un recipiente que tenía guardado en el armario.

 

Cuando llegó el joven, le dio instrucciones. "Se lo tiene que beber una noche de luna llena. Después de cenar pollo con patatas".

 

Al joven aquello le parecía muy complicado. ¿Cómo iba a conseguir que la chica comiese pollo con patatas y que, después, se tomase la bebida mágica?. Pero él quería conseguir su amor, así que se puso a pensar en cómo hacerlo.

 

"¡Ya está!, se lo haré llegar en forma de un pedido de comida, de un restaurante cercano". El joven, en la primera noche de luna llena, se disfrazó de motorista y, después de preparar el pollo con patatas y poner el líquido mágico en una botellita, escribió las instrucciones en un papel: "La bebida debe tomarse después de comer el pollo y las patatas. Así se hace mejor la digestión".

 

Llegó a la puerta de la casa de la chica y llamó. Ella salió a abrir. Era bellísima. Tan nervioso se puso el joven, que le tiró el pollo con patatas encima de la ropa, y la botellita, con el líquido mágico, rodó hasta chocar contra la pared y romperse.

 

Una especie de humo blanco salió de la botella. El humo se transformó en Mago. "¿Por qué quieres conquistar a alguien y, además, darle algo para que haga lo que tú quieres?". El joven estaba avergonzado. Y la chica no salía de su asombro, con las patatas y el pollo por todo su vestido".

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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Capítulo 32 - Viktoria http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/183-20150501cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/183-20150501cuento-2 20150501ilustracion cuento web

 

Pelo había llegado a una casa de la ciudad de Berlín. Un señor mayor le empezó a leer un cuento sobre un joven, que quería conquistar a una muchacha. Para conseguirlo, el joven le llevó un pollo con patatas y un bebedizo, tal y como le dijo una bruja.

 

El hombre continuó leyéndole el cuento a Pelo. "El joven llegó a la puerta de la casa de la chica y llamó. Ella salió a abrir. Era bellísima. Tan nervioso se puso el joven, que le tiró el pollo con patatas encima de la ropa, y la botellita, con el líquido mágico, rodó hasta chocar contra la pared y romperse.

 

Una especie de humo blanco salió de la botella. El humo se transformó en Mago. "¿Por qué quieres conquistar a alguien y, además, darle algo para que haga lo que tú quieres?". El joven estaba avergonzado. Y la chica no salía de su asombro, con las patatas y el pollo por todo su vestido."

 

Pelo interrumpió la lectura del cuento, que le estaba leyendo el señor, frente a la chimenea. "Yo también tengo una amada, pero no quiero conquistarla. Pienso en ella cada vez que estoy bien. Me gustaría compartir estos buenos momentos".

 

El hombre, que se llamaba Peter Bauhaus, siguió leyendo el cuento. "La chica miró al motorista, que le había tirado el pollo y las patatas por encima, y le dijo: "¿No eres tú el chico que el otro día me miraba todo el rato, cuando paseaba por la calle?". El chico se puso colorado como un tomate. "Sí, soy yo". "¿Cómo te llamas?", "Viktor", "¡Qué gracioso!. Yo me llamo Viktoria. Anda pasa, que me voy a limpiar el vestido y luego hablamos". Viktor estaba nerviosísimo. No se podía creer que, la chica que más le gustaba, le estaba invitando a entrar en su casa para hablar.

 

"Mira mamá, te presento a Viktor. Ahora vuelvo, me voy a cambiar este vestido, que me lo ha llenado de pollo y patatas".

 

Viktor se sentó en una silla frente a la madre de Viktoria. "¿Cómo es que vas tirando pollo con patatas en los vestidos de la gente? ¿Hace mucho que trabajas de repartidor de comida?". Viktor no sabía cómo explicarle la verdad. "En realidad yo no reparto comida". "Y, entonces, lo que traías ¿qué eran?, ¿juguetes?". La madre de Viktoria no pudo aguantarse una sonrisa. "Verá usted", empezó a balbucear Viktor, "es que su hija.... es muy guapa.... y muy inteligente.... y ......" "¡Y te gusta!" se le adelantó la madre. "Bbbastante", apenas acertó Viktor a responderle.

 

"Y, claro, has montado todo este teatro para acercarte a ella". "En realidad, iba a utilizar un bebedizo mágico para conquistarla". "¡Viktor!, a las chicas no hay que conquistarlas, y menos con bebedizos. Sería un engaño y nunca te amaría realmente. A las chicas hay que mostrarles quién eres de verdad. No es necesario engañarlas con trucos. Si les gustas, ellas se encargan de estar cerca de ti".

 

Viktor se alegraba mucho de que Viktoria no hubiese probado el bebedizo de la bruja. Si le gustaba, no sería necesario. La madre era una mujer estupenda, que le estaba ayudando mucho.

 

"¡Ya estoy aquí!", dijo Viktoria mientras bajaba por las escaleras. A Viktor le pareció que volaba. Se volvió a poner rojo como un tomate.

 

"¿Nos vamos a dar una vuelta?". "¡Vale!", respondió Viktor tímidamente. "Adiós, señora y gracias". La madre de Viktoria le sonrió.

 

Ya en la calle, Viktor quiso decirle la verdad, "Yo no soy repartidor de comida...". "Ya lo sé. Como hablabais en alto, he oído toda la conversación. Tengo que decirte que tú a mí también me gustas, y que no necesitas ningún bebedizo para que esté contigo". ¡Vaya! ¡Sí que es directa esta chica!, pensó Viktor."

 

A Pelo, esta historia, le estaba gustando mucho. Con el calorcito del fuego y la lectura se le empezaban a cerrar los ojos, pero no quería perderse lo que ocurriría después, en el paseo de Viktor y Viktoria.

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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Capítulo 33 - El Volcán http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/237-20150502cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/237-20150502cuento-2 20150502ilustracion cuento web

 

A Pelo le estaba leyendo un cuento Pete Bahaus, en una casa de Berlín, frente al fuego de la chimenea. En el cuento, un chico llamado Viktor, estaba enamorado y se disfrazó de repartidor de comida, para llegar a la casa de Viktoria, y darle un bebedizo mágico. Al llegar, le tiró toda la comida encima de la ropa. Cuando se cambió, Viktoria le propuso salir a la calle.

 

"¿Nos vamos a dar una vuelta?". "¡Vale!", respondió Viktor tímidamente. "Adiós, señora y gracias". La madre de Viktoria le sonrió.

 

Ya en la calle, Viktor quiso decirle la verdad, "Yo no soy repartidor de comida...". "Ya lo sé. Como hablábais en alto, he oído toda la conversación. Tengo que decirte que, tú a mí también me gustas, y que no necesitas ningún bebedizo para que esté contigo". ¡Vaya! ¡Sí que es directa esta chica!, pensó Viktor".

 

A Pelo, esta historia le estaba gustando mucho. Con el calorcito del fuego y la lectura, se le empezaban a cerrar los ojos, pero no quería perderse lo que ocurriría después, en el paseo de Viktor y Viktoria.

 

Pelo, en su imaginación, también se fue a pasear con Viktor y Viktoria. Ellos no se dieron cuenta, pero iba a su lado. Un fuerte viento empezó a soplar. "Mi amigo Viento", pensó Pelo. Efectivamente, Viento empezó a hacer su sonido característico: "Fiuuuu, fiuuuuu, estoy aquí". "¿A dónde quieres ir?". Pelo pensó que estaría muy bien irse a ..... Pero Viento es muy juguetón y le tenía una sorpresa. Le iba a llevar de viaje a ver un volcán.

 

Viktor y Viktoria, mientras tanto, se quedaron paseando por la calle, sujetándose por la cintura, para que Viento no se los llevase. Pelo se fue alejando. Cada vez se veía la calle más pequeñita, allí abajo. "¿A dónde me llevas?", preguntó. "¡Es una sorpresa!, no te lo puedo decir, Fiuuuu, fiuuuu".

 

Un avión pasó a su lado. A Pelo le pareció ver que alguien le saludaba por la ventanilla. "¿Sería ella?". Pensó que, como no sabía el nombre de su amada, debería inventarse uno. "¿Lucinda?, ¿Beilad?, ¿Vilbud? o ¿quizá, solamente E de Ella?". No, Lucinda le pareció el más apropiado. "Sí, Lucinda suena bien".

 

Otro avión se cruzó con ellos y, a Viento, se le ocurrió soplar un poco más, y que el avión subiese y bajase. Viento es siempre un poco travieso. A Pelo le pareció oír los gritos de los pasajeros, y la risita de Viento. Menos mal que, estas bromas de Viento, no pasaban de un jueguecito. Aunque, a veces, podía ser muy peligroso.

 

Llegaron al volcán. Desde arriba se veía toda la lava roja, queriendo salir. Viento le dijo a Pelo: "Vamos a ayudar a que salga". Y, sin pensarlo más, ni esperar la respuesta de Pelo, empezó a soplar hacia abajo. El volcán se puso a echar humo, como si estuviese enfadado. Pronto, la lava salía por los bordes del volcán. Una ciudad cercana, llamada Pompuya, corría peligro.

 

"¡Te has pasado, Viento!", le dijo Pelo muy enfadado, "¡mucha gente puede morir!". Viento sólo quería jugar, pero se le había ido la mano. Pensó en cómo arreglarlo. Buscó nubes por todas partes. No había ni una. Pelo recordó que él tenía una característica especial, llamada "electricidad estática", y que quizá pudiese ayudar.

 

Varias chispas eléctricas saltaron de los brazos de Pelo. Sin apenas darse cuenta, una pequeña nube se fue formando. Y luego otra. Y otra y otra. Viento sopló y las fue juntando a todas. En unos minutos llovía a mares. La lava se fue enfriando, y el volcán dejó de estar furioso.

 

Pelo estaba muy enfadado con su amigo Viento. "Es que me gusta jugar a mover las cosas", se disculpó. "Ya, pero tienes que fijarte si hay alguien alrededor, a quien puedas hacer daño", le regañó Pelo. "Es verdad. A partir de ahora, voy a tener más cuidado".

 

De pronto, un rayo de las nubes fue a parar a un árbol, que empezó a arder. Pelo no sabía qué podían hacer para apagar el fuego, que estaba quemando el árbol.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Fri, 10 Oct 2014 00:32:49 +0000
Capítulo 34 -Tomeu y las cabras http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/184-20150503cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/184-20150503cuento-2 20150503ilustracion cuento web

 

Una ráfaga de Viento separó a Pelo, de Viktor y Viktoria, cuando paseaban por Berlín. Viento pensó que sería muy divertido enseñarle a Pelo un volcán. Pero, al soplar sobre él, la lava se salió por la ladera. Casi se quema una ciudad cercana, llamada Pompuya. No fue así, porque Pelo produjo electricidad estática y, con las chispas, se formaron nubes. La lluvia apagó la lava.

 

Luego, las nubes produjeron una tormenta. Un rayo fue a parar a un árbol, que empezó a arder. Pelo no sabía qué podían hacer para apagar el fuego, que estaba quemando el árbol.

Cuando paró la tormenta, Viento llevó a Pelo a la pradera en la que estaba ardiendo el árbol. Unos campesinos intentaban apagar el fuego, para que no se quemase todo lo que había alrededor.

 

Pelo se dirigió a ellos, "¡Pobre árbol!". Los campesinos estaban acostumbrados a ver muchas cosas raras, así que no les extrañó que un pelo hablase. "La Naturaleza es así. Ese árbol era muy poderoso. El más grande de toda la zona. El hueco que ha quedado dentro, al caer el rayo, servirá para que las abejas se refugien y hagan cera y así, fundar una nueva colmena".

 

Pelo recordó cuando estuvo dentro de una colmena*. Pudo ver toda la actividad que había allí adentro. Y la miel que guardaban en los panales. Pensó que, tener una casa tan buena como ese árbol, les iba a encantar a las abejas. Le hubiese gustado saber por qué el rayo eligió, precisamente, ese árbol. Una nube en el cielo pareció darle la respuesta.

 

Se podían leer una especie de letras escritas, con forma de nube. Atracción, parecía poner. Pelo se puso a pensar: "Atracción es lo que han sentido el árbol y el rayo. Este árbol seguro que es tan grande porque, debajo de él, hay una fuerza poderosa que le hace crecer más que a los otros. Sus ramas se extienden al cielo, como queriéndose unir a él. Y los rayos quieren ir a la tierra. Les gusta darle un beso muy fuerte, a veces destructor. Un beso fogoso".

 

"Seguramente, el árbol y el rayo, se sintieron atraídos por una fuerza poderosa. Como cuando dos personas se enamoran. Y el hijo de ambos sería la colmena, que viviría en el interior del árbol", siguió pensando Pelo.

 

No se había dado cuenta, pero a su lado, una mariposa pareció saludarle con sus alas, al posarse en el suelo. Era muy blanca, brillante. Movía las alas, como si latiese un corazón, pero más lentamente. Un niño campesino se le acercó despacito, para no asustar a la mariposa. Tampoco le extrañó, ver a un Pelo con ojos. "Dicen que las personas, cuando mueren, se convierten en mariposas. Hace unos días se murió mi abuela. Seguro que es ella, que viene a vernos".

 

A Pelo le pareció que eso era muy posible. Y muy bonito. Le saludó "¡Hola!, soy Pelo". "Y yo Tomeu, ¿quieres que te enseñe mis cabras?" . Pelo no lo dudó ni un momento. Se levantó, inmediatamente, y se fue detrás de Tomeu.

 

Llegaron a un lugar de la montaña, con unas vistas impresionantes. Una casa, de piedra y tejas, echaba humo por la chimenea. Detrás había una valla, también de piedra, con unos tejados y grandes ventanales abiertos por delante. "Mira, en aquella caseta cerrada, están los chivos". "¿Qué son los chivos?", le preguntó Pelo. "Son las cabras más pequeñas. Cuando llegan sus madres que están en el campo, les dan de comer la leche, que llena sus ubres", le explicó Tomeu.

 

A lo lejos, se empezaron a oír las campanillas de las cabras. En un rato, estarían de vuelta a casa.

 

Tomeu invitó a Pelo a unos higos, que habían cogido de su propia huerta. Estaban riquísimos. Las cabras ya estaban entrando en el corral. Pelo y Tomeu se fueron a verlas. Al abrirle la puerta a los chivos, se fueron corriendo en busca de sus madres. Enseguida se encontraron, por el olor. Y empezaban a mamar. A las demás cabras, los campesinos empezaron a ordeñarlas, para sacarles la leche y hacer queso.

 

El abuelo, aunque era mayor, estaba muy ágil y pasaba de un cabra a otra, rápidamente. Tomeu le dijo a Pelo, muy orgulloso: "Ese es mi abuelo Chraspín".

* Ver Capítulo 11 - El Hombre Pelo y Abeja

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Fri, 10 Oct 2014 01:08:28 +0000
Capítulo 35 - Haciendo queso http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/238-20150504cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/238-20150504cuento-2 20150504ilustracion cuento web

 

Viento había llevado a Pelo a ver un volcán. Y casi quema una ciudad, al soplar sobre la lava. Para evitarlo, Pelo juntó unas nubes. Se produjo una tormenta, y un rayo cayó en un árbol. Los campesinos del lugar apagaron el fuego. Tenían cabras. Un niño, Tomeu, le enseñó a Pelo cómo sacaban la leche.

 

El abuelo, aunque era mayor, estaba muy ágil y pasaba de un cabra a otra, rápidamente. Tomeu le dijo, muy orgulloso, a Pelo: "Ese es mi abuelo Chraspín".

 

Chraspín venía de varias generaciones de cabreros. Se dedicaban a hacer queso con la leche, para venderlo cada semana. Tomeu había aprendido de su abuelo a sacar la leche de las cabras. "¿Quieres que te enseñe a ordeñar a las cabras?", le preguntó a Pelo. "¡Vale!". "Pues agáchate y aprieta así con los dedos". Pelo se puso a hacerlo, pero no era fácil. Cuando lo estaba intentando, la cabra empezó a echar por el culo unas caquitas en forma de bolitas, que cayeron en la leche. Chraspín y Tomeu se echaron a reír, al ver la cara que ponía Pelo.

 

Después de colar la leche, le echaron algo que llamaban "cuajo". Le explicaron que era para que la leche se hiciese queso. Cuando estuvo preparado, lo metieron en unas fundas de madera. Se lo llevaron a unos chozos por los que pasaba agua, para que estuviesen frescos. Allí no había nevera. Una cabra se acercó a Pelo y, sin pensarlo un minuto, se puso a mearle en un pie. Las cabras son así, impredecibles. Por eso, se dice "¡Estás como una cabra!". Pelo se fue a lavar rápidamente, mientras su amigo Tomeu no paraba de reírse. "¡Pues a mi no me hace ninguna gracia!", le dijo Pelo. Tomeu intentó aguantarse la risa.

 

Mientras tanto, se había hecho de noche. Las estrellas en el cielo estaban preciosas. Pelo estaba muy contento de que, su amigo Viento, le hubiese llevado hasta allí. Los cabreros encendieron un fuego dentro de las chozas, que les servían de casa. Y prepararon algo para cenar. Al mismo tiempo que comían, empezaron a contar historias de la montaña. Algunas de mucho miedo. Como cuando, a uno de ellos, le comió una oreja una rata, mientras dormía. Y otras de lobos que atacaban a las cabras. Al abuelo de Chraspín, una vez le seguía un lobo y, para que no se acercase, encendió un palo con fuego y lo llevaba detrás de él. De esa manera, no atacaban a las cabras.

 

Sin darse cuenta, les fue entrando el sueño. A Pelo le dejaron una de las mejores camas, un colchón de helechos. Pelo cayó rendido, después de un día tan lleno de aventuras.

 

Un poco antes de que saliese el sol, se levantaron todos. Desayunaron y sacaron las cabras para que, mientras andaban, comiesen la hierba del monte. Todos los días eran así, trabajando con las cabras. También tenían otros animales. Gallinas, cerdos, perros. Los perros eran para ayudar a que las cabras no se escapasen o para llevarlas a otro sitio. Y también, para cuidar la casa.

 

Tomeu llevó a Pelo a buscar los huevos que, a veces, las gallinas ponían entre las piedras del monte. Encontraron cuatro. Los frieron y se los comieron. Después, sacaron a los cerdos de sus chozos de piedra. Y lo mismo con las gallinas. Tomeu le dijo que había que tener mucho cuidado por la noche, porque la zorra solía intentar comérselas.

 

A lo lejos, se empezó a oír de nuevo a Viento. "Fiuuuu, fiuuuu". Pelo sabía que esto significaba otro viaje. Así que, se lo dijo a Tomeu, "Me tengo que ir". "¡Qué pena!" Se dieron un abrazo, mientras Viento se acercaba con mucha fuerza. Empezó a llover y Viento lanzó a Pelo a un arroyo cercano. El agua corría muy deprisa. Pelo flotaba montaña abajo. Cuando se quiso dar cuenta, estaba en un río más grande y mucho más tranquilo. Afortunadamente, un palo iba navegando en el agua. Pelo se subió encima de él.

 

Un ruido muy fuerte se oía delante de ellos, ¿Qué sería aquello?. Según se iban acercando, aumentaba el sonido. En un momento, se asomaron a una enorme cascada. Pelo y palo cayeron al vacío, hacia un gran lago, que había al final de la corriente de agua.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Fri, 24 Oct 2014 23:26:23 +0000
Capítulo 36 - Atolfo http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/187-20150601cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/187-20150601cuento-2 20150601ilustracion cuento web

 

Viento, el amigo de Pelo, le llevó volando a un arroyo de la montaña, en la que estuvo con unos cabreros. Cuando el arroyo le llevó a un río más grande, se agarró a un palo que flotaba.

 

Un ruido muy fuerte se oía delante de ellos, ¿Qué sería aquello?. Según se iban acercando, aumentaba el sonido. En un momento, se asomaron a una enorme cascada. Pelo y palo cayeron al vacío, hacia un gran lago, que había al final de la corriente de agua.

 

Pelo no sabía dónde estaba. Todo era agua. Le costaba respirar. Podría ser su final. Pero no estaba dispuesto a que fuese así. Recordó a todos sus amigos, a su amada, los cielos llenos de estrellas. Y decidió que tenía que salir de esta. Frente a él, llena de agua, apareció una especie de cueva oscura. La corriente le llevó hacia allí. Dando vueltas y golpeándose con las paredes de piedra, Pelo salió finalmente al exterior y pudo volver a respirar.

 

Estaba mareado, así que, se tumbó un momento para descansar. En lo alto de la cueva, porque aquello era una cueva, brillaban unas piedras que parecían diamantes. ¿Dónde estaría?. Recordó un libro, que había leído hacía un tiempo, "Viaje al centro de la Tierra" de Julio Verne. A lo mejor estaba en el centro de la Tierra. "¡No, es imposible!", pensó. "Eso queda muy bien en una novela, pero yo soy un Hombre Pelo de verdad y, en cuanto me ponga a andar, encontraré una playa o algo parecido".

 

A lo lejos, parecía oírse música. Una melodía muy agradable. Pelo, se quedó dormido escuchándola.

 

Una voz muy fuerte le despertó. No, no era una voz, era un perro o un lobo. No estaba seguro. El animal era muy raro. Le estaba oliendo. Y, al mismo tiempo, cuando dejaba de olerle, movía la cabeza hacia arriba y producía unos sonidos roncos extraños. Pelo se quedó muy quieto.

 

Cuando el animal se fue, se levantó dispuesto a explorar el lugar en el que estaba. Se puso a andar por un camino, tallado en la roca. Era muy estrecho. Había que tener cuidado de no caerse al agua.

 

La música del fondo ahora se oía más fuerte. Y la penumbra se iba aclarando. Cada vez había más luz. Después de una vuelta del camino por el que iba, apareció ante sus ojos un espectáculo increíble. Abajo, en una especie de círculo enorme, un grupo de gente con plumas y faldas de colores, bailaban una danza alrededor de algo que no pudo ver lo que era. Levantaban los brazos hacia arriba mientras daban vueltas. Con sus voces hacían una música muy parecida al sonido de las abejas.

 

Detrás de él se oyó algo. Giró su cabeza y vio que era ¡Gatoni!. "Pero, ¿qué haces tú aquí?", le preguntó Pelo. "No sé. Yo estaba en Australia*. Los nativos que tú conociste encendieron un fuego y empezaron a bailar alrededor. Echaron unas hierbas y yo empecé a notar como me iba por un túnel, y aparecí aquí". Pelo entendía a Gatoni, aunque hablase como un gato.

 

Abajo seguían bailando y cantando. Pelo le propuso a Gatoni acercarse un poco más. Muy despacio y escondiéndose detrás de las piedras, llegaron casi a donde estaban los bailarines. Cuál fue su sorpresa, al descubrir que tenían cara de abeja. No era un disfraz. Eran hombres y mujeres, con alas y cabeza de abeja. Hacían los mismos sonidos que las abejas. En el centro había una especie de director de orquesta, con una rama de árbol, moviéndola en el aire. Tenía un letrero cosido a su camisa, que ponía Atolfo. Y debajo, Adveritatis. Serían su nombre y su apellido, pensó Pelo. Atolfo Adveritatis.

 

De pronto, pararon de cantar y bailar. Una persona de mayor tamaño entró al lugar, por una puerta de piedra. Iba rodeada de un grupo de abejas-persona, que le daban constantemente de comer. ¡Esa tenía que ser la Reina de las abejas-persona!, se imaginó Pelo. Él ya la había visto, cuando visitó una colmena**.

* Ver capítulo 24 "En el desierto"
** Ver capítulo 12 "La Pelea con Avispas"

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Wed, 29 Oct 2014 02:38:55 +0000
Capítulo 37 - En la India con Namuel http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/239-20150602cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/239-20150602cuento-2 20150602ilustracion cuento web

 

Después de caer al agua y de ser arrastrado hasta una cueva, Pelo apareció en un lugar en el que un grupo de seres extraños, mitad abeja, mitad persona, bailaban y cantaban alrededor de alguien, que les dirigía con una rama de un árbol y que tenía puesto su nombre en la camisa, Atolfo Adveritatis.

 

De pronto, pararon de cantar y bailar. Una persona de mayor tamaño entró en el lugar por una puerta de piedra. Iba rodeada de un grupo de abejas-persona, que le daban constantemente de comer. ¡Esa tenía que ser la Reina de las abejas-persona!, se imaginó Pelo. Él ya la había visto cuando visitó una colmena*.

 

La música volvió a sonar de nuevo y fue subiendo de volumen. Un olor muy agradable llenó el lugar. Pelo y Gatoni pudieron sentirlo a su alrededor. Los bigotes de gato de Gatoni, empezaron a moverse y a picarle. Un tremendo estornudo salió por sus narices. Todas las personas-abeja se giraron, para ver quién había hecho semejante ruido. Atolfo bajó la varita hacia el suelo para mandar parar y también miró hacia el lugar del estornudo.

 

Ya no podían esconderse, pensó Pelo. Lo mejor era dar la cara. "No queremos haceros daño, nos hemos perdido. No sabemos dónde estamos", les dijo. Las abejas-persona empezaron a "hablar" entre ellas, tocándose con las antenas. Estaban decidiendo qué hacer. Atolfo miraba, a Pelo y a Gatoni, con curiosidad. No parecían peligrosos. Decían la verdad. Así que, les invitó a acercarse al grupo y hacer música con ellos. Pelo oyó esto en su cabeza, como cuando aquella chica de Australia le "habló" **. Pura telepatía.

 

Pelo y Gatoni no tenían otra opción. Entraron en el círculo de abejas. Atolfo levantó su varita y las personas-abeja volvieron a danzar a su alrededor, haciendo música como antes. Un sonido muy agradable. Aunque, oyéndolo desde dentro, impresionaba bastante.

 

La que parecía la reina, se fue acercando también al centro. Las que danzaban, habían preparado varios depósitos, como vasijas. En uno de ellos puso un huevo y luego otro y otro y otro. Las bailarinas se pusieron muy contentas. Atolfo también. Movía la varita arriba y abajo. Se dirigió a Pelo y a Gatoni y les invitó a bailar y a cantar. Así lo hicieron. Al principio les pareció raro, pero luego, les encantó participar. La música ya no estaba sonando fuera, sino dentro de ellos.

 

En un momento, el sonido empezó a escucharse en las paredes de la cueva. Se produjeron unos sonidos, que Atolfo llamó armónicos. Y la música se convirtió en voces de un coro. Pelo y Gatoni notaron como empezaban a flotar. ¡El sonido les levantaba a unos centímetros del suelo!. Después un poco más y, finalmente, aparecieron entre una nube de humo, llena de personas que también flotaban y cantaban.

 

Abajo, Atolfo movió su varita hacia el suelo y la música se paró. Pelo y Gatoni estaban, de nuevo, en el centro del círculo. Atolfo sonreía al ver su cara de sorpresa. "¿Queréis viajar con la música?", les preguntó. "Cerrad los ojos", siguió sin esperar a que le contestasen. Sabía que sí querían.

 

La música empezó a ser diferente. Unos sonidos de la India, parecían lloros, pero eran muy agradables. Pelo y Gatoni se vieron andando entre un montón de gente, que caminaba hacia un río. Se bañaban con la ropa puesta. Era el río Ganges. Un río sagrado para los creyentes. Al meterse en el agua, creían que se limpiaban el cuerpo y el alma.

 

A Gatoni, como a todos los gatos, no le gustaba nada el agua. Los gatos prefieren limpiarse con la lengua. Así que, se quedó un poco apartado, no fuese a empujarle alguien y se cayera al agua. Pelo tenía curiosidad y, poco a poco, se fue acercando. Al borde del agua, había un joven sentado con una mochila. Le saludó en su idioma: "¡Hola!". Pelo le respondió: "¡Hola!, ¿De dónde vienes?". " De España. Me llamo Namuel ¿y tú?" . "Yo no sé de dónde vengo, pero me llaman Pelo". Namuel no pareció asombrarse. Le tendió la mano y le invitó a bañarse con él.

* Ver capítulo 12 "La Pelea con Avispas"
** Ver capítulo 25 "Metido en el cuento"

 

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Capítulo 38 - Los Himalayas http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/188-20150603cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/188-20150603cuento-2 20150603ilustracion cuento web

 

Pelo y Gatoni aparecieron en la India, llevados por la música de Atolfo y las personas-abeja. Una muchedumbre se acercaba al río sagrado, el Ganges. A Gatoni no le gustaba el agua, como a todos los gatos. Pero Pelo sintió curiosidad y se acercó a ver qué hacían.

 

Al borde del agua, había un joven sentado con una mochila. Le saludó en su idioma: "¡Hola!". Pelo le respondió: "¡Hola!, ¿De dónde vienes?". " De España. Me llamo Namuel ¿y tú?" . "Yo no sé de dónde vengo, pero me llaman Pelo". Namuel no pareció asombrarse. Le tendió la mano y le invitó a bañarse con él.

 

Al entrar en el agua, sintió algo más que un simple baño. Notó una especie de cosquilleo, una corriente que salía y entraba de su cuerpo. Las personas a su alrededor le sonreían, como si supiesen que eso era lo que les pasaba a todos. Parecían contentos. No hacían falta palabras.

 

Namuel también le miraba divertido. Sintió que le conocía de siempre. Sus ojos eran unos ojos cercanos. Salieron juntos del agua, como si fuesen hermanos. Se secaron y fueron a darse una vuelta. Namuel venía de subir a las montañas del Himalaya. Le contó que, a cierta altura, no se puede estar mucho tiempo. La falta de oxígeno hace que el cerebro y los músculos funcionen peor. Y si te pilla un temporal de nieve o te pierdes, puedes morir de frío.

 

Pelo había viajado a la Luna con su amiga Alfombra Mágica *, pero iban protegidos con una especie de habitación volante, con paredes transparentes. Sin problemas ni de oxígeno, ni de frío. Quizá pudiesen hacer lo mismo, para volar sobre los Himalayas. En ese momento, pasaban delante de una tienda de alfombras. Una de ellas se les acercó volando.

 

"¿Me has llamado?", le dijo la alfombra a Pelo. Se giró y ¡allí estaba su amiga!. "¡Mágica!, ¿Qué haces tú aquí?". "Yo estoy en muchas partes. De hecho voy cambiando de forma, tamaño y color, pero soy la misma alfombra, de la familia de las Mágicas. Estamos por todo el mundo. Y cuando alguien nos llama, como tú ahora, acudimos. ¿A dónde quieres ir?".

 

Namuel había visto muchas cosas increíbles en sus viajes por el mundo, pero esto superaba a todo. Pelo le presentó a Alfombra. "¿Nos llevarías a ver las montañas, volando sobre ellas?". "¡Claro! ¡Subid!".

 

En un instante, se formó la habitación transparente, que Pelo ya conocía. Alfombra subió apuntando hacia arriba. Pelo y Namuel, fueron a parar al fondo, contra una de la paredes. Se echaron a reír, divertidos. Rápidamente subieron a los 7.000 metros. Luego a los 8.000. Y llegaron hasta los 9.000. El Monte Everest, el más alto de la superficie de la Tierra, mide 8.848 metros.

 

Volvieron a ponerse horizontales, pero boca a bajo. Así podían ver, por el techo transparente, esa maravilla que es la cordillera del Himalaya. Parecía que nunca se acababan las cumbres nevadas. Un blanco como nunca habían visto, con unas nubes también blancas, pero con menos brillo.

 

Muy cerca de la cumbre del Everest, parecía que había unas personas en apuros. Pronto, se haría de noche y no podrían regresar. Una nube se acercaba peligrosamente. "¿Bajamos a ayudarles?", le dijo Pelo a Alfombra Mágica. Alfombra, que ya le había leído el pensamiento, fue bajando poco a poco. Al estar más cerca, Namuel pudo ver la cara de uno de ellos, "¡Pero, si es Iñaki, mi amigo de escaladas!". "¡Iñaki, Iñaki!" Se puso a gritar, a pesar de que no le podía oír a través de las paredes. Alfombra paró frente a ellos.

 

Un pequeño agujero se abrió en el cristal. Los montañeros se acercaron y atravesaron el cristal, sin apenas darse cuenta, como si fuese de goma. "¿Quiénes sois?", preguntaron. "Soy Namuel, el amigo de Iñaki. Creía que estaba con vosotros". "No, desgraciadamente, Iñaki se cayó hace unas horas, al pisar mal en la nieve. Creemos que ha muerto. No pudimos rescatarle. Y ahora, también nosotros estábamos en peligro. Gracias por venir en nuestra ayuda".


Alfombra les llevó a un lugar seguro, más abajo. Pero les dijo que no se lo contasen a nadie. Que era un secreto, el secreto de las alfombras que vuelan, que sólo podían conocer algunas personas privilegiadas. Prometieron no decir nada. En un instante, Alfombra llevó a Pelo y a Namuel de vuelta al Ganges. Muy cerca había un festival de Música India. Ya era de noche y alguien les invitó a dormir en su casa.


* Ver Capítulo 21 - Encuentro mágico en la Luna

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Fri, 14 Nov 2014 01:13:26 +0000
Capítulo 39 - Rescate en la montaña http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/240-20150604cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/240-20150604cuento-2 20150604ilustracion cuento web

 

Alfombra Mágica, llevó a Pelo y a Namuel a visitar el Himalaya, volando por encima de las cumbres. Al llegar al Everest, vieron a unos montañeros en apuros. Les ayudaron a salir de allí.

 

Alfombra llevó a los montañeros a un lugar seguro, más abajo. Pero les dijo que no se lo contasen a nadie. Que era un secreto, el secreto de las alfombras que vuelan, que sólo podían conocer algunas personas privilegiadas. Prometieron no decir nada. En un instante, Alfombra llevó a Pelo y a Namuel de vuelta al Ganges. Muy cerca había un festival de música india. Ya era de noche y alguien les invitó a dormir en su casa.

 

"¡Un momento! Ese que está bailando en el escenario ¿no es Gatoni?", dijo Pelo, dirigiéndose hacia el escenario. Gatoni bailaba música india, de pie sobre sus patas traseras. "Es mi amigo Gatoni, un gato especial.", le explicó a Namuel.

 

Gatoni, al ver a Pelo, se fue hacia un lado del escenario y bajó a verle. Se dirigió primero a Namuel: "Tú tienes un amigo montañero, que se llama Iñaki ¿verdad?". "¡Sí!, ¿cómo lo sabes?", respondió sorprendido Namuel. "Eso no importa, los gatos tenemos percepciones diferentes a vosotros, los humanos. Tu amigo está en peligro". "Lo sé. Se ha caído en el Everest, probablemente esté muerto". "¡No! ¡Está vivo y hay que ir a rescatarle!", respondió Gatoni.

 

Namuel se puso a actuar inmediatamente. Llamó a un sherpa amigo, guía en estas regiones montañosas. Envió mensajes a los escaladores que podían estar por la zona. >¡Iñaki ha tenido un accidente, pero está vivo! ¡Hay que rescatarle!<, fue el mensaje que envió.

 

Iñaki y Namuel tenían una buena reputación entre los montañeros y los sherpas. En varias ocasiones, habían ayudado a rescatar a algunos en la misma situación. Así que no es de extrañar que la respuesta fuese unánime, "¡Hay que rescatar a Iñaki!".

 

No se podía perder ni un minuto. El frío y la falta de oxígeno podían ser fatales. Por no hablar de las heridas o fracturas que, con toda seguridad, se habría producido.

 

Por un momento, Namuel pensó que creer en lo que "decía" un gato raro, no era muy razonable, pero era la única esperanza. Había que intentarlo.

 

En unas horas, el equipo de rescate estaba en marcha. Un sherpa les llevó en su helicóptero al campo base y, desde allí, intentó acercarles a la zona donde, probablemente, estaría Iñaki. Ya estaba amaneciendo.

 

Como si fueran uno solo, los escaladores se pusieron a subir por las peligrosas simas, con nieve impredecible bajo sus pies. Sin apenas referencias. Quizás para llegar al lugar, y que Iñaki no hubiese podido resistir. ¡Eso no había ni que pensarlo! ¡Había que rescatarle!.

 

"¡Iñaki! ¡Iñaki!", gritó Pelo desde el macuto de Namuel, en el que iba metido. "¡Está allí! ¡En el fondo de aquel barranco!".

 

Con mucho esfuerzo, Namuel y dos escaladores, que eran hermanos y muy expertos, llegaron hasta Iñaki. No parecía responder. Estaba rígido, cubierto de nieve. Aparentemente congelado.
Le cargaron a sus espaldas, para sacarle de allí.

 

El sherpa había llevado el helicóptero hasta las proximidades. El riesgo era muy grande. Podría caerse. Nunca un helicóptero había llegado tan cerca de las cumbres. Pero era un amigo al que había que ayudar. En cuanto llegaron al helicóptero, empezaron las maniobras de reanimación. "¡Está vivo, está vivo!", gritó Namuel al resto de compañeros. El helicóptero partió rápido al hospital más cercano.

 

Iñaki tenía principio de congelación y algunas fracturas, pero ¡estaba vivo!.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Wed, 19 Nov 2014 01:55:22 +0000
Capítulo 40 - Entrando por la chimenea http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/191-20150701cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/191-20150701cuento-2 20150701ilustracion cuento web

 

Pelo y Namuel, ayudados por sus amigos montañeros y un sherpa, guía de la montaña, fueron al rescate de Iñaki, un escalador muy querido por todos que había tenido una caída en el Everest.

 

El sherpa había llevado el helicóptero hasta las proximidades. El riesgo era muy grande. Podría caerse. Nunca un helicóptero había llegado tan cerca de las cumbres. Pero era un amigo al que había que ayudar. En cuanto llegaron al helicóptero, empezaron las maniobras de reanimación. "¡Está vivo, está vivo!", gritó Namuel al resto de compañeros. El helicóptero partió rápido al hospital más cercano.

 

Iñaki tenía principio de congelación y algunas fracturas, pero ¡estaba vivo!.

 

Pelo se despidió de Namuel. "Cuida de tu amigo Iñaki". "Así lo haré".

 

En la puerta del hospital le esperaba Gatoni, su amigo el gato. "Ven conmigo", le dijo. Pelo estaba agotado. Con el rescate de Iñaki, no había tenido tiempo ni de dormir. Gatoni se subió a un carrito del que tiraba un joven descalzo, de piel muy oscura y ojos brillantes. Se sentaron y Pelo se quedó dormido inmediatamente.

 

"¿Cuanto tiempo habría pasado?", Pelo se despertó sorprendido por el lugar y por los sonidos que se oían. Estaban en una gruta enorme con grandes cristales en el techo, acabados en puntas geométricas. Un sonido de agua corriendo, pájaros cantando y voces, podía oírse como si saliese de las paredes. "¿Dónde estamos?", le preguntó Pelo a Gatoni. "Estamos en el corazón de los Himalayas. Aquí hay personas y animales muy sabias, que ayudan a los quieren conocerse a sí mismos".

 

Un pájaro de colores vino volando, desde el fondo. Se paró frente a Pelo, flotando y sin mover las alas. Le miró fijamente y se volvió a ir. Pelo se quedó pensativo. Imágenes de colores empezaron a aparecer en su cabeza. Bailaban una danza. Gatoni, a su lado, parecía sonreír al verle con cara de sorpresa. "¡Ahora lo entiendo! ¡El mundo está lleno de colores y cada color nos dice cómo son las cosas!", le dijo Pelo, cada vez más contento y asombrado. Varios pájaros de colores, empezaron a bailar alrededor de su cabeza. Se pusieron a cantar canciones que, Pelo y Gatoni, nunca habían oído.

 

Como ya le había pasado otra vez, con la danza de las abejas, Pelo empezó a elevarse del suelo, hacia el techo de la gruta. Gatoni iba a su lado. Con un gran ruido, el techo se abrió, mientras ellos cogían cada vez más velocidad. Salieron a la atmósfera y empezaron a dar vueltas a la Tierra. ¡Qué belleza ver las nubes desde aquí arriba! ¡Y el mar, y los ríos, y los desiertos!.

 

Después de dar unas cuantas vueltas a la Tierra a toda velocidad, empezaron a bajar. Entraron por una chimenea de una casa. Llenos del hollín negro de la chimenea, aparecieron en el salón de la casa. Un montón de niños celebraban una fiesta.

 

"¡Un gato negro¡", gritaron todos los niños, al ver entrar a Gatoni lleno de hollín. Pelo iba agarrado al lomo y no se le distinguía, era otro pelo de gato más.

 

Gatoni se quedó quieto, observando la nueva situación. Un segundo después saltó hacia un lado de los niños, intentando buscar una salida. Rozó contra el árbol de Navidad lleno de regalos. "¡Qué raro!", pensó, "si aún no es Navidad". Todos los regalos cayeron al suelo. Los niños estaban muy sorprendidos y se fueron al otro lado del salón. Pelo, bien sujeto a Gatoni, dijo "Perdón".

 

Para su sorpresa, los niños respondieron "No pasa nada, no eran regalos de verdad, estábamos jugando a que era Navidad". "¿Y vosotros de dónde venís?".

 

Gatoni, ya más confiado, les contó su salida de los Himalayas, las vueltas que dieron alrededor de la Tierra y su entrada por la chimenea. Los niños se empezaron a tronchar de la risa. Con tanta carcajada, a uno de ellos se le escapó un pedete. No podían parar de reír. Gatoni se sacudió el hollín, que fue a parar a las paredes. Los niños seguían riéndose sin parar. En ese momento, la mamá entró en la habitación, "¡Pero ¿qué estáis haciendo?! ¿Qué pasa aquí?".

 

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 Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Wed, 03 Dec 2014 17:43:47 +0000
Capítulo 41 - Voleta http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/241-20150702cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/241-20150702cuento-2 20150702ilustracion cuento web

 

Gatoni y Pelo salieron del corazón de los Himalayas, empujados hacia arriba por la música, cuando se abrió la montaña sobre sus cabezas. Después de dar varias vueltas a la Tierra, entraron por una chimenea y aparecieron en una casa, en la que unos niños jugaban a que era Navidad. Gatoni se sacudió el hollín negro, que fue a parar a las paredes de la habitación. Todos se reían sin parar.

 

En ese momento, la mamá entró en la habitación, "¡Pero ¿qué estáis haciendo?! ¿Qué pasa aquí?".


"Nada mamá", dijo una de los niñas, "es que ha entrado un gato muy gracioso, que habla". "¡Voleta!, ¡Deja de imaginar cosas raras!", le contestó la mamá. "¡Que es verdad!. Verás, decidle algo a mi madre", dijo Voleta dirigiéndose hacia donde, supuestamente, deberían estar Pelo y Gatoni. Pero, allí no había nadie. Porque, en cuanto entró la mamá, se escondieron detrás del sofá.

 

"Venga, recoged todo y venid a merendar". En cuanto se fue de la habitación, Pelo y Gatoni salieron de su escondite. "¿Por qué os habéis ido?", les preguntó Voleta. El resto de los niños también les miraron, con cara de pedir una explicación.

 

"Es que, los adultos, no entienden que un gato y un pelo hablen. Nos hubiese echado de la casa". "No os preocupéis, no diremos nada. Y os traeremos algo de comida", le respondió Voleta. Y, dicho esto, se fueron a merendar a la cocina de la casa.

 

Pelo y Gatoni aprovecharon para dar una vuelta por la habitación. Las paredes estaban llenas de estanterías con libros. Pelo se sintió atraído, en especial, por uno que sobresalía un poco del resto. Cuando lo cogió, no podía creer lo que leía en el título: "Las Fantásticas Aventuras del Hombre Pelo". "¡Mira Gatoni!. ¡Este libro habla de mi!. ¿Quién lo habrá escrito?".

 

Por el pasillo se oían los gritos de los niños, que volvían de merendar. Pelo, volvió a colocar el libro en su sitio. Voleta y sus amigos no paraban de hablar y reír, todavía con comida en la boca. Pelo y Gatoni se escondieron en la lámpara del techo, para jugar a que nos les vieran. "¿Dónde estáis?". Gatoni lanzó su voz hacia una de la paredes. Los gatos pueden hacer esas cosas mágicas. "¡Adivínalo!", fue lo que oyeron.

 

Todos miraron hacia la pared, pero allí no había nadie, sólo las salpicaduras negras del hollín que lanzó Gatoni, al salir de la chimenea. Los niños se pusieron a buscar por todos los rincones. "¿Dónde estáis?", volvieron a preguntar. Esta vez, Gatoni lanzó su voz por dentro de la chimenea "¡Adivínalo!", volvió a decir. Todos corrieron a ver si estaban en la chimenea.

 

Un ruido empezó a oírse desde el techo. ¡La lámpara se estaba cayendo, con el peso de los dos!. Gatoni dio un salto, y fue a parar detrás de una cortina. Pelo iba agarrado a su cola. La lámpara se golpeó contra la alfombra, haciéndose mil pedazos. La mamá volvió a entrar. "Pero bueno, ¿Quién ha roto la lámpara?". Gatoni lanzó su voz al lugar en el que estaba la lámpara. "Me he caído sola".

 

La mamá se quedó asombrada, ¡una lámpara que habla!. Se acercó despacio al centro de la habitación. Gatoni volvió a hablar, como si fuese la lámpara. "No se preocupe, señora. Es que soy una lámpara mágica. Si me sopla, me vuelvo a poner bien y me subo al techo". La mamá de Voleta estaba alucinando pepinillos. Pero, probó a soplar, por si acaso. Inmediatamente, la lámpara se arregló y volvió al techo. Los niños, en una esquina, también estaban alucinados. Pero, no dijeron nada, por si acaso se enfadaba "alguien".

 

La mamá de Voleta salió de la habitación muy callada, pensando que no podía ser, que se lo había imaginado todo. Gatoni y Pelo volvieron a aparecer. "Ya os dije que los adultos no creen en la magia".


Voleta y sus amigos se les acercaron y se pusieron a hablar con ellos. Pelo y Gatoni también querían saber algo de la vida, de esos niños tan simpáticos. "¿No vais al colegio?". "No", le respondió Jaritrini, la hermana de Voleta. "Nosotros hacemos la escuela en casa". "¿Y eso qué es?".

 

Un fuerte viento abrió la ventana. Un papel voló hacia ellos. Voleta lo cogió y leyó: "Aire en movimiento, se aprende en todo momento".

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Wed, 03 Dec 2014 17:45:31 +0000
Capítulo 42 - Unicornio http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/192-20150703cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/192-20150703cuento-2 20150703ilustracion cuento web

 

Gatoni y Pelo se cayeron de una lámpara, a la que estaban subidos, en casa de Voleta. Cuando la mamá entró, hicieron magia y se arregló la lámpara rota.

 

Voleta y sus amigos se les acercaron y se pusieron a hablar con ellos. Pelo y Gatoni también querían saber algo de la vida de esos niños tan simpáticos. "¿No vais al colegio?". "No", le respondió Jaritrini, la hermana de Voleta. "Nosotros hacemos la escuela en casa". "¿Y eso qué es?".

 

Un fuerte viento abrió la ventana. Un papel voló hacia ellos. Voleta lo cogió y leyó: "Aire en movimiento, se aprende en todo momento".

 

"Mira, aquí lo tienes: Se aprende en todo momento. Eso es la escuela en casa". Según hablaban, una luz muy fuerte apareció en la ventana. Entró en la habitación y se transformó en una persona. "¡Hola!", les saludó a todos. Vengo a daros la clase de Física". Voleta, Jaritrini y sus amigos, se pusieron muy contentos. Les encantaba esa clase. Parecía una clase de Magia.

 

"A ver, ¿quién sabe lo que es la fuerza de la gravedad?". Pelo y Gatoni lo sabían. Acababan de estrellarse en el suelo, con la lámpara. Contestaron a dúo. "¡Es lo que hace que te pegues un buen porrazo, si te caes desde muy alto!". "Efectivamente, eso es la fuerza que atrae a todo lo que hay en la Tierra". "¿Y alguien sabe como funciona esa fuerza con el Sol y los planetas?". A una de las amigas de Voleta, se lo había explicado su padre, el día anterior. "Si coges un cubo pequeño, le echas agua, le atas una cuerda al asa y te pones a darle vueltas, el agua no se cae y el cubo se queda sujeto a la cuerda. Igual que los planetas, alrededor del Sol". "¡Genial!", le respondió el profe de la Luz.

 

Jaritrini, que estaba muy atenta, le preguntó: "¿Y los pedetes? ¿también se caen al suelo?" Todos se echaron a reír. Sargio quiso hacer otra gracia, "¡Eso sólo pasa si te haces caca!". "Jajaja". Todos se tiraban por el suelo de la risa.

 

El profe les dijo: "Los gases, en la Tierra, suben hacia arriba como los globos". "A propósito, vamos a inflar unos globos y a pintarlos como los planetas. Aquí los tenéis". Pelo y Gatoni estaban encantados. Así da gusto aprender, pensaron. Pero, ellos no podían quedarse allí durante mucho tiempo. Tenían que seguir viajando. Gatoni porque le gustaba y Pelo, porque quería volver a encontrarse con su amada.

 

Así que, se despidieron y salieron a la calle. Cual no sería su sorpresa, cuando al abrir la puerta, vieron que la casa estaba flotando por el aire. Cayeron como si se lanzasen de un avión en paracaídas. A mucha distancia, hacia abajo se veían las casas, las montañas y los ríos. Eran muy bonitos, pero con la fuerza de la gravedad, que acababan de aprender, tenían muchas posibilidades de hacerse una tortilla contra el suelo.

 

El Sol les daba en los ojos, su círculo amarillo enorme les impedía ver nada más. De pronto, un punto negro empezó a hacerse cada vez más grande, desde el centro de la luz solar. Se iba acercando a ellos. Ya muy cerca, pudieron verla. ¡Era Águila Real, la amiga de Pelo! *.

 

"¡Águila! ¿Cómo nos has visto?", preguntó Pelo. "Estaba planeando con el viento y subí muy, muy alto. Sentí que algo te pasaba, y decidí mirar hacia donde venía ese sentimiento. Os vi cayendo y vine a rescataros. ¡Subid a mi espalda, que os llevo a tierra!".

 

Un extraño caballo se les cruzó mientras volaban. "¿Qué ha sido eso?", preguntó Gatoni. "Es un unicornio", le respondió Águila. Vuelan y también andan por la Tierra. Sólo pueden verlos algunas personas. Si queréis hablamos con él". Sin dudarlo, asintieron con la cabeza. Águila giró en la dirección a la que se había ido Unicornio. Pronto le alcanzaron. Llevaba una estela de estrellas brillantes.

 

"¡Hola Uni!, te presento a unos amigos, Pelo y Gatoni", le dijo Águila, inventándose el nombre del gato, pero acertando de pleno.

 

"¡Hola!", respondió Unicornio, "voy a visitar una cueva llena de brillantes, ¿os venís conmigo?

 

* Ver Capítulo 1 - El Hombre Pelo y Águila Real

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Fri, 12 Dec 2014 06:49:12 +0000
Capítulo 43 - El Lago de los Cisnes http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/242-20150704cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/242-20150704cuento-2 20150704ilustracion cuento web

 

Pelo y su amigo el gato Gatoni, después de salir de la casa de Voleta, que estaba flotando en el aire, cayeron hacia la tierra. Águila Real les rescató y se cruzaron con un unicornio.

 

"Voy a visitar una cueva llena de brillantes, ¿os venís conmigo?", les preguntó Unicornio. Siguiendo las estrellas que desprendía, se fueron todos a ver la Cueva de los Brillantes.

 

Entraron en un bosque, lleno árboles de color verde esmeralda. Los bordes de los árboles parecían más claros, como si tuviesen luz a su alrededor. Los pájaros volaban con ellos, subiendo y bajando, cantando canciones, que se oían por todo el bosque. Al fondo se podía ver algo más oscuro. Unicornio se dirigió hacia allí. Era una cueva, ¡La Cueva de los Brillantes que les había dicho!.

 

La estela que llevaba detrás iluminó la entrada. Águila se quedó fuera, vigilando. Pelo y Gatoni entraron con Unicornio, mirando a todos los lados. Las paredes brillaban con la luz de la estela. Al fondo, se oían unos sonidos extraños. Parecía agua cayendo. Pronto llegaron al lugar de dónde provenían los sonidos. Era una gruta inmensa. Del techo caían unos cucuruchos de piedra, por donde resbalaban gotitas, que al caer en el lago que había debajo, producían sonidos musicales.

 

Unicornio se paró frente al lago, en silencio. Pelo y Gatoni hicieron lo mismo. Aquello parecía un concierto de música clásica. Además de las gotas en el agua, había algún pájaro que cantaba. Otros dos pájaros golpeaban sus picos contra el suelo, como si fuese un tambor. De vez en cuando, una corriente de aire se deslizaba por los pequeños túneles que había en las paredes. Producían el sonido de la flauta. Unos murciélagos empezaron a volar por entre los cucuruchos-estalactitas, produciendo el sonido de un arpa. Las estrellas de Unicornio dirigían la orquesta.

 

Poco a poco, la música fue apagándose y en el fondo apareció una barca, que desprendía una luz muy fuerte. ¿Quién iría en la barca?.

 

Poco a poco, la barca se fue acercando y, cuando ya estaba cerca, se elevó volando. Era un ave preciosa, con plumas de colores, como los del Arco Iris. De su pico salían muchas luces, que comenzaron a danzar a su alrededor. Moviéndose, las luces escribieron unas letras en el aire: "El Lago de los Cisnes".

 

De pronto, un sonido muy desagradable se oyó. Venía del fondo del lago. El Cisne cayó herido al agua. Rápidamente, Unicornio sacó del cuerno de su frente, una cuerda de luz para rescatarle. Le llevó a la orilla y le cubrió con su estela, como si fuese una manta. Cisne empezó a moverse, lentamente. "¡Cuidadle!", les dijo a Pelo y a Gatoni, "¡Ahora vuelvo!".

 

A toda velocidad, se fue trotando hacia donde había sonado el disparo. Allí estaba Rabisto, un cazador furioso que mataba, no para comer, sino por rabia. Unicornio le preguntó: "¿Por qué haces esto?". "¡Déjame en paz!", le contestó Rabisto, "¡Yo hago lo que me da la gana!". "¡Cuando yo era pequeño un cisne me picó en la cabeza. Así que, ahora yo tengo derecho a matarlos!".

 

Unicornio no le dijo nada. Le daba pena ver lo infeliz que era por eso. Simplemente le miró y le dejó unos caramelos brillantes, que salieron de su único cuerno en la frente. Después, se dio la vuelta y se fue a ver cómo estaba Cisne.

 

Pelo y Gatoni estaban muy preocupados. Cisne movía un poco las alas, pero tenía una gran herida por donde salía mucha sangre. Unicornio cogió un poco de barro de la orilla del lago y se lo puso allí, como si fuese un tapón. De nuevo, le envolvió con su estela y le sopló al centró de la herida. Una especie de gusanos negros, comenzaron a salir de allí. Cisne parecía estar mejor. Unicornio miró a Pelo y a Gatoni, "no os preocupéis, se recuperará".

 

"Pero, ¿por qué le han hecho eso?", preguntó Pelo. "Era precioso volando y ahora quizá no pueda volver a volar más".

 

Unicornio le explicó la historia del cazador Rabisto. Pelo vio que, mientras Unicornio hablaba, una sombra amenazante se iba acercando a ellos.

 

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Wed, 31 Dec 2014 02:30:17 +0000
Capítulo 44 - El Dragón y el enjambre http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/193-20150801cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/193-20150801cuento-2 20150801ilustracion cuento web

 

Pelo y Gatoni entraron con Unicornio en la Cueva de los Brillantes. Cuando estaban viendo a un cisne elevarse por encima del lago, éste recibió un disparo y quedó malherido.

 

"Pero, ¿por qué le han hecho eso?", preguntó Pelo. "Era precioso volando y ahora quizá no pueda volver a volar más".

 

Unicornio le explicó la historia del cazador Rabisto que le había disparado a Cisne porque, de pequeño, otro cisne le picó en la cabeza. Pelo vio que, mientras Unicornio hablaba, una sombra amenazante se iba acercando a ellos.

 

Era Rabisto, que venía muy enfurecido con su escopeta, dispuesto a seguir disparando. Pero, una cáscara de plátano se cruzó en su camino. Resbaló, salió por los aires y fue a parar al lago. Su escopeta cayó a los pies de Unicornio. Con una patada, la metió en un agujero muy profundo que había en el suelo de la cueva.

 

Rabisto se puso a nadar en dirección contraria, con la cara roja por el enfado. Iba tan rápido y con tanta rabia que, en segundos, se convirtió en un punto y desapareció.

 

Con todas estas cosas, se habían olvidado de que venían a ver los brillantes de la cueva. Unicornio colocó a Cisne en una repisa con forma de cama, entre las rocas. Allí le dejó algo de comida para que se recuperase. Después se fueron por un camino con arena de diferentes colores: violeta, naranja, azul, verde. Al final de todo, se veía un arco muy grande. Cuando llegaron a él, pudieron ver que lo tapaba una cascada de agua. Unicornio dio un salto y la atravesó. A los gatos no les gusta mojarse, por lo que Gatoni prefirió quedarse esperando. Pelo le dijo: "No vas a ver los brillantes, si no pasas la puerta de agua". Gatoni movió la cabeza, como si no le importase.

 

Pelo tomó impulso y se lanzó hacia el centro de la columna de agua. En un instante, apareció al otro lado. Unicornio le estaba esperando. Unas escaleras de mármol llevaban a una estancia llena de luz. Subieron por ellas sin dudarlo. Pelo se montó en el lomo de Unicornio, que parecía volar. Cuando llegaron, una llamarada casi les quema. "Es Dragón, el guardián de los brillantes", le explicó a Pelo, "No es malo, simplemente se ocupa de que nadie se lleve nada, sin su permiso".

 

Dragón les vigilaba a los dos, por si acaso. Unicornio ya le conocía de otras veces, pero los dragones no tienen amigos. La importancia de los brillantes no estaba en las piedras, sino en la luz que despedían. Y eso no era posible llevárselo. Sólo brillaban así en la Cueva de los Brillantes. Había que guardar esa visión en la memoria. Por eso, quienes los robaban no podían disfrutarlos. Fuera perdían esa luz especial.

 

Dragón lanzó otra llamarada de atención. Era la señal para que se fuesen. Nadie podía estar mucho tiempo allí y no volverse loco. Unicornio hizo un gesto a Pelo para que subiese a su lomo, y salieron trotando. Tuvieron que atravesar el arco de agua, pero en sentido contrario. Gatoni les esperaba al otro lado.

 

Sus pelos estaban tiesos como escarpias. "¿Qué te ha pasado?", le preguntó Pelo nada más verle. "¡Esto está lleno de abejas!". Así era. En un lado de la pared había un grupo enorme, todas juntas. Y muchas venían volando, para unirse a ellas.

 

Unicornio les explicó que aquello era un enjambre de abejas. "¿Un enjambre?", preguntó Pelo asombrado. "Yo he estado dentro de una colmena, pero nunca las había visto todas fuera". Unicornio les empezó a explicar: "Cuando la reina pone muchos huevos, nacen muchas abejas y la colmena, que es su casa, se les queda pequeña. Así que unas cuantas, las exploradoras, buscan un lugar que sea bueno para vivir. Deben de tener suficiente sitio para construir panales de cera, donde la reina pueda poner huevos y donde almacenar la miel que necesitarán en invierno, cuando no haya flores.

 

Más de diez mil abejas, con su correspondiente reina, estaban pegadas a la pared. Gatoni seguía paralizado por el susto. Pelo y Unicornio se acercaron con cuidado a verlas. "Normalmente, las abejas de los enjambres no pican, porque están llenas de miel y no pueden sacar el aguijón", le dijo Unicornio a Pelo, que estaba fascinado por lo que veía.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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Capítulo 45 - La Nave de Quarmia http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/243-20150802cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/243-20150802cuento-2 20150802ilustracion cuento web

 

Unicornio y Pelo volvieron al otro lado de la cascada de agua de la cueva, después de ver los brillantes que cuidaba Dragón. Gatoni les esperaba asustado por un enjambre de abejas, que había entrado y estaba pegado a la pared.

 

Más de diez mil abejas, con su correspondiente reina, estaban en la pared. Gatoni seguía paralizado por el susto. Pelo y Unicornio se acercaron con cuidado a verlas. "Normalmente, las abejas de los enjambres no pican, porque están llenas de miel y no pueden sacar el aguijón", le dijo Unicornio a Pelo, que estaba fascinado por lo que veía.

 

Una de las abejas se acercó a Pelo. Le dijo que ella era una exploradora y que habían encontrado este lugar estupendo, para que sirviese de casa a sus hermanas. "¿Y dónde está la reina?", preguntó Pelo. "La reina está en el centro, bien protegida. En cuanto empecemos a construir panales, con la cera que sale de debajo de nuestros cuerpos, la reina comenzará a poner huevos". "Y la colmena antigua ¿se ha quedado sin abejas?", le volvió a preguntar Pelo, cada vez más intrigado por lo que sucedía. "En la colmena antigua quedan muchas más abejas y las obreras han hecho reinas nuevas, con los huevos que puso la reina actual, dándoles jalea real. Cuando nacen, luchan entre ellas y la más fuerte se convierte en la nueva madre-reina. Luego sale a volar, la fecundan los zánganos y vuelve a la colmena a poner huevos".

 

Gatoni ya no tenía tanto miedo después de escuchar a Exploradora. Pero Unicornio sabía que no podían quedarse mucho tiempo allí, molestándolas. Las abejas, cuando se enfadan, pueden ser muy peligrosas. Así que, les propuso volver al exterior.

 

Afuera de la cueva les esperaba algo que nunca hubiesen imaginado. Águila ya no estaba y en su lugar había una nave redonda enorme, llena de luces alrededor. De su interior salían unas notas musicales, que parecían una llamada de teléfono, pero más agradable, más musical. Unicornio lo tenía claro: "¡Han venido a vernos mis amigos de Quarmia, un planeta muy parecido al nuestro!". "¡Extraterrestres!", exclamó Pelo. Gatoni, por si acaso, se quedó muy quieto, esperando a ver si eran amigos o enemigos. Los gatos, ya se sabe, no se fían de nadie.

 

Una de las ventanas de la nave se transformó en puerta y luego en escalera. Por allí, empezaron a bajar unos seres de aspecto luminoso. Pelo nunca había visto nada igual. Unicornio se dirigió hacia ellos. Les saludó moviendo el cuerno. Un corriente eléctrica unía el cuerno, con cada uno de aquellos seres increíbles. Luego, se acercaron a donde estaban Pelo y Gatoni.

 

"Me preguntan que si queréis subir a la nave", les tradujo Unicornio. No lo tenían claro. Por una parte deseaban subir, pero por otra, tenían miedo de no volver o de que les pasase algo.

 

Unicornio les lanzó a Pelo y a Gatoni, un rayo de luz eléctrica desde su cuerno. Así podrían comunicarse directamente con los extraterrestres, sin tener que traducirles. Inmediatamente, sintieron que los extraterrestres eran amigos, y muy amables. Les acompañaron al interior de aquello, que más que una nave, parecía una ciudad. Dentro había de todo. Grandes salones, llenos de otros seres parecidos, donde les recibieron con saludos y algo parecido a sonrisas.

 

Despegaron del suelo inmediatamente. La Tierra se convirtió en un puntito. "¡Vamos a Quarmia!", oyó Pelo que alguien le decía dentro de su cabeza. Todos se pusieron a bailar muy contentos.

 

Mientras tanto, Gatoni, había encontrado a otra especie de felino, parecido a él. Le invitó a comida de luz, que era lo que se comía en la nave. Unicornio hablaba con el que parecía el capitán de la nave. Pelo observaba todo esto, fascinado.

 

"¿Cómo te llamas?", escuchó Pelo, que le decía una voz detrás de él. Al girarse, no vio a nadie. Unas risas, y un segundo después, esas risas se convirtieron en visibles. Era alguien plano, como un papel, que de canto se convertía en invisible. Y cuando se ponía de frente, se le veían un montón de imágenes y algo parecido a letras, dibujadas en lo que parecía su piel.

 


"Me llamo Pelo ¿y tú?". "Yo me llamo Nubela, ¿quieres que te enseñe nuestra nave?". Sin esperar la contestación, se dio la vuelta y Pelo la siguió. Su olor le recordaba a alguien de la Tierra.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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Capítulo 46 - Sueño y Apiterapia http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/194-20150803cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/194-20150803cuento-2 20150803ilustracion cuento web

 

Pelo y Gatoni salieron de la Cueva de los Brillantes, guiados por Unicornio. Allí les esperaba una nave espacial. Unicornio conocía a los pasajeros de la nave, que les invitaron a subir. Se dirigían a su planeta, Quarmia.

 

"¿Cómo te llamas?", escuchó Pelo que le decía una voz detrás de él, cuando ya estaba dentro de la nave. Al girarse, no vio a nadie. Unas risas, y un segundo después, esas risas se convirtieron en visibles. Era alguien plano, como un papel, que de canto se convertía en invisible. Y cuando se ponía de frente, se le veían un montón de imágenes y algo parecido a letras, dibujadas en lo que parecía su piel.

 

"Me llamo Pelo ¿y tú?". "Yo me llamo Nubela, ¿quieres que te enseñe nuestra nave?". Sin esperar la contestación, se dio la vuelta y Pelo la siguió. Su olor le recordaba a alguien de la Tierra.

 

Nubela se movía volando, como cuando Viento lleva a Pelo de viaje. Para no quedarse atrás, Pelo se agarró a una de las esquinas de ella. Unas risas se volvieron a oír en la cabeza de Pelo. En unos segundos, llegaron al otro extremo de la nave. Una ventana enorme les dejaba ver un Universo lleno de estrellas.

 

De pronto, un objeto enorme se acercó y golpeó la ventana. "¡Meteorito, meteorito!", oyó Pelo que alguien le decía dentro de su cabeza: "Nuestro sistema no ha detectado el meteorito y ahora, con el golpe, nos hemos desviado de nuestra ruta. Hay que volver a situarnos".

 

Dentro de la nave había mucho movimiento. Pelo vio algo raro en el punto en el que, el meteorito, había golpeado el cristal. Una especie de araña negra estaba creciendo. No tuvo que decir nada. Nubela le leyó el pensamiento y dio la señal de alarma. "¡Perforador! ¡perforador en cristal de dirección!". Rápidamente, aparecieron un grupo de quarmianos, con un tubo enorme. Pusieron la punta unida al cristal. Un producto espeso salió de allí. Inmediatamente, cerró el agujero que la "araña" estaba haciendo.

 

"¿Esto ocurre muy a menudo?", le preguntó Pelo a Nubela. "De vez en cuando. Son habitantes parásitos de la galaxia, que viajan en meteoritos y que, cuando chocan, salen e intentan abrir un agujero para meterse en las naves. Son muy peligrosos, porque se comen toda la luz de la que nos alimentamos".

 

Pelo estaba aprendiendo muchas cosas del espacio. Si se volvía a encontrar a Buzz Aldrin, al que conoció en la Luna*, se lo contaría.

 

"¿Aquí no se duerme?", preguntó Pelo, que estaba empezando a tener sueño.

 

Una nube de colores suaves se fue acercando a él. "Aquí Nube de Sueño. ¿Alguien me ha llamado?". "No te he llamado, pero sí que tengo sueño", le contestó Pelo, asombrado. "Pues entra dentro de mí, que te llevo a soñar. Hay otros que también están en recarga".

 

Recarga era el lugar donde reponían fuerzas los quarmianos. Pelo se quedó dormido en cuanto entró en aquella sala tan acogedora.

 

Soñó que tenía dolor de espalda y que, en Alcalá de Henares, había una persona que ponía abejas para este tipo de problemas.

 

Al llegar a la consulta, el Apiterapeuta, que así se llama al que pone abejas, le dijo: "¡Tú eres el Hombre Pelo!. Hace muchos años que te inventé, ¿qué haces aquí?". "¿Tú me inventaste?. Por eso, no recordaba a mis padres". "Tu familia somos todos los que te leemos y los que participan en tus aventuras".

 

Pelo se despertó sobresaltado. Gatoni estaba a su lado, dormido. Al oír moverse a Pelo, también se despertó. "¿Qué te pasa?", le dijo, "te noto raro". "Es que he soñado algo muy extraño. Alguien decía que me había inventado. Dijo que estaba en Alcalá de no sé qué. Me gustaría saber si existe de verdad y verle". Gatoni le miró con los ojos achinados y se volvió a dormir.

* Ver Capítulo 22 - Buzz Aldrin, el segundo hombre en la Luna

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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Capítulo 47 - Pedro Q http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/244-20150804cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/244-20150804cuento-2 20150804ilustracion cuento web

 

Pelo y Gatoni iban en una nave espacial, camino del planeta Quarmia.

 

Pelo, después de dormir en la sala de recarga, se despertó sobresaltado. Gatoni estaba a su lado, dormido. Al oír moverse a Pelo, también se despertó. "¿Qué te pasa?", le dijo, "te noto raro". "Es que he soñado algo muy extraño. Alguien llamado Pedro decía que me había inventado. Dijo que estaba en Alcalá de no sé qué y que hacía Apiterapia. Me gustaría saber si existe de verdad y verle". Gatoni le miró con los ojos achinados y se volvió a dormir.

 

La nave seguía su ruta hacia Quarmia. Pelo no podía dejar de pensar en su sueño. Pensaba en sus orígenes. ¿Sería realmente un personaje inventado por alguien?. Una explosión le sacó de sus pensamientos. "¿Qué ha sido eso?", preguntó extrañado. Nubela, que estaba a su lado sin que Pelo se hubiese dado cuenta, le respondió: "Acabamos de entrar en un túnel de espacio-tiempo. Nuestro planeta está en un lugar diferente al vuestro".

 

En ese mismo momento, Gatoni empezó a crecer rápidamente. Y Pelo se infló como un globo. Unicornio, situado un poco más lejos, se reía al verles. Nubela también. A Pelo y a Gatoni no les hacía ninguna gracia. ¿Sería el efecto de pasar por el túnel espacio-tiempo?. Pronto, volvieron a la normalidad. Pero a Gatoni le entraron unas ganas enormes de hacer cacota. Y no sabía dónde se hacía eso en una nave espacial. Salió corriendo, desesperado, buscando algún rincón. Hasta que no pudo aguantarse más y todo aquello salió disparado contra una de las paredes. El olor era insoportable. Menos mal que el servicio automático de limpieza apareció en unos segundos, y lo dejó todo limpísimo. Incluso parecía oler a flores.

 

"Estamos llegando a Quarmia", dijo una voz, que llenó toda la nave. Pelo se asomó a la ventana. Un planeta, muy parecido a la Tierra, se iba haciendo cada vez más grande. Tenía nubes y mares. Continentes y ríos. Y hasta volcanes. En unos instantes, entraron en la atmósfera y se posaron en un lugar muy llano, parecido a los desiertos terrestres.

 

Unicornio también miraba a su lado. "Todo esto se parece mucho a la Tierra", le comentó Pelo. "Sí, es casi igual que la Tierra, donde vivimos, pero aquí ya no hay guerras, ni la gente pasa hambre. Se van a otro lugar, cuando han acabado su trabajo en este planeta. Ellos no lo llaman morirse. Y nadie se pone triste, porque les ayudan a que se vayan contentos", le explicó Unicornio. "¿Y aquí hay abejas?". Pelo aún estaba dándole vueltas a su sueño. "¡Claro!". "Entonces, habrá Apiterapeutas", pensó para sus adentros.

 

Nubela se acercó a Pelo y a Gatoni. "¿Queréis venir a mi casa?. Mis padres estarán encantados de conoceros". Pelo sonrió y dijo que sí. Gatoni puso cara de "si me gusta, cuando la vea, sí". Ya se sabe que los gatos son muy autónomos.

 

Una pequeña nave, una especie de mini autobús sin ruedas, les recogió. Nubela puso su mano en una de las ventanas y el vehículo se puso a andar. Sin conductor. Viendo la cara de Pelo y de Gatoni, les dijo: "El vehículo ya sabe dónde vivo. Nos llevará sin problemas". Pronto, estaban volando por encima de los peatones, sin hacer ruido. Algunos pájaros venían a curiosear y se volvían riendo. Nubela parecía conocerles.

 

"¡Esa es mi casa!", les dijo. Su padre y su madre estaban en la puerta esperándola. "Mi padre trabaja con abejas". "¡Qué casualidad!", pensó Pelo.

 

"¿Tu nombre es Pedro?", le preguntó al verle. "Sí, ¿cómo lo sabes?", respondió el padre de Nubela. "En el viaje he tenido un sueño, en el que aparecías. Estabas en Alcalá de algo y hacías Apiterapia. "¡Eso es lo que hago!. Me llamo Pedro Q. Y nuestra ciudad se llama Comalcalá". "¡Casi como en mi sueño!", dijo Pelo.

 

Pedro Q llevó a Pelo y a Gatoni al lugar en donde iban a dormir. Tenía el techo transparente. "Aquí, por la noche, podéis ver las estrellas o una película, si lo preferís". Pelo estaba encantado. Gatoni no tanto. Aún no sabía dónde iba a dormir.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Sat, 24 Jan 2015 06:22:25 +0000
Capítulo 48 - Alcalá de Henares http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/195-20150901cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/195-20150901cuento-2 20150901ilustracion cuento web

 

Pelo y Gatoni llegaron al planeta Quarmia. Durante el viaje, Pelo soñó con un lugar donde un tal Pedro hacía terapia con abejas. Nubela, una de las viajeras de la nave, les invitó a que se quedaran en su casa. Su padre y su madre estaban esperándoles, cuando llegaron.

 

"¿Tu nombre es Pedro?", preguntó Pelo al ver al padre de Nubela. "Sí, ¿cómo lo sabes?", le respondió. "En el viaje, he tenido un sueño en el que aparecías. Estabas en Alcalá de algo y hacías Apiterapia. "¡Eso es lo que hago!. Me llamo Pedro Q, y nuestra ciudad se llama Comalcalá". "¡Casi como en mi sueño!", dijo Pelo.

 

Pedro Q llevó a Pelo y a Gatoni al lugar en donde iban a dormir. Tenía el techo transparente. "Aquí, por la noche, podéis ver las estrellas o una película, si lo preferís". Pelo estaba encantado. Gatoni no tanto. Aún no sabía dónde iba a dormir. A los gatos les gusta estar en lugares con mucha energía, como a las abejas. No les vale cualquier sitio. Así que, se puso a dar vueltas y a buscar.

 

Pelo abrió lo que parecía la puerta del baño. Pero, no lo era. Al pasar la puerta, estaba otra vez en la Tierra. En ese mismo momento, oyó en su cabeza: "Un Hombre Pelo como tú está en Quarmia. Y otro en la Tierra. Pero sois el mismo". Su voz se parecía a la de Nubela. "¡Qué extraño!", pensó. Miró a su alrededor. ¡Estaba otra vez junto a la entrada de la Cueva de los Brillantes!. Y Águila le estaba esperando.

 

Águila miró a Pelo extrañada. Parecía preocupado. "¿Qué te pasa?", le preguntó. "Gatoni y yo hemos hecho un viaje en una nave espacial, a un planeta en el que parece ser que hay habitantes como nosotros, pero con una vida mejor". "Todos los animales sabemos que es así. No es nada extraño", le respondió Águila, como si fuese lo más normal del mundo.

 

Pelo le dijo a Águila que le gustaría encontrar al Pedro de la Tierra. Quería que le llevase a Alcalá. "¿Cual Alcalá?. Hay muchas". "En mi sueño vi que había cigüeñas y se llamaba Alcalá de algo". "¡Sube!", le dijo Águila, "creo que es Alcalá de Henares".

 

Atravesaron unas cuantas montañas hasta llegar a una ciudad, muy cerca de la capital de España, Madrid. Águila dejó a Pelo en el tejado de la Universidad de la Plaza de Cervantes, en el centro de Alcalá. Una cigüeña se les acercó. "Este es mi amigo Pelo. Anda buscando a alguien en esta ciudad", le dijo Águila. Ella se tenía que ir, las cigüeñas podían volar por allí sin problemas, pero un Águila era algo más raro.

 

Cigu, que era el nombre de la Cigüeña, le preguntó a Pelo por el nombre de la persona que buscaba. "Se llama Pedro, y trabaja con abejas", le contestó. "Ya sé quién es. En Alcalá le conocemos bien, hizo dibujos y viñetas en El Diario de Alcalá. Y tiene su consulta cerca del Silo. Te dejo allí mismo", le respondió Cigu, al mismo tiempo que cogía a Pelo con su largo pico y se echaba a volar.

 

En un instante, estaban en un lugar lleno de árboles. "Este es el parque O'Donnell, y ese edificio alto es el Silo, donde antes se almacenaba el trigo de los campos de los alrededores. Al final de esa calle está la consulta de Pedro".

 

Pelo se fue andando en busca de esa persona que, en su sueño, le dijo que le había inventado.

 

"Hola. Soy el Hombre Pelo, y creo que tú eres Pedro". "Sí. Yo te inventé, pero ¿cómo puedes existir, realmente?", le dijo Pedro, asombrado. "Pasa, no te quedes ahí".

 

Dentro de la consulta de Pedro había muchos muñecos, dibujos, fotos de abejas. Se veía que las abejas eran importantes para él. "Si esperas un poco, enseguida hablo contigo", le dijo Pedro, mientras entraba en una pequeña sala, en la que había alguien.

 

Un poco después, Pelo entró en la misma habitación. "¿Qué es eso de que me has inventado?", le soltó en cuanto entró.


"Sí. Cuando mis hijos eran pequeños, me inventé un personaje al que llamé el Hombre Pelo. Era como tú y vivía muchas aventuras. Se las contaba cuando se iban a dormir".
"Pues como puedes ver, ¡soy tan real como tú!", le respondió Pelo.

 

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Sat, 07 Feb 2015 06:36:32 +0000
Capítulo 49 - Casposo http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/245-20150902cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/245-20150902cuento-2 20150902ilustracion cuento web

 

Pelo estaba en el planeta Quarmia, pero al abrir la puerta del baño, volvió a la Tierra. Allí, Águila le llevó a ver a Pedro, en Alcalá de Henares. En su sueño, Pedro le decía que era un invento suyo.

 

"¿Qué es eso de que me has inventado?", le soltó Pelo, en cuanto entró en la consulta de Pedro.


"Sí. Cuando mis hijos eran pequeños, me inventé un personaje al que llamé el Hombre Pelo. Era como tú y vivía muchas aventuras. Se las contaba cuando se iban a dormir", le explicó.


"Pues como puedes ver, ¡soy tan real como tú!", le respondió Pelo.

 

Pedro se despertó. Había soñado que el Hombre Pelo se volvía real y que venía a verle a la consulta. Pero Pelo estaba debajo de su cama. Había soñado lo mismo. Todo era un sueño. Se asomó a la ventana. Parecía que estaba nevando. No era la época pero, a veces, suceden estas cosas.

 

Unos rayos de sol le invitaron a salir a la calle. Allí hacía buena temperatura. Una mariposa se le acercó. "¡Hola!", le saludó. Dicen que las mariposas son personas que ya no necesitan su cuerpo y que vienen a vernos para ayudarnos. "¿Te puedo ayudar en algo?". Pelo estaba confuso. Había estado en Quarmia, un planeta muy parecido al nuestro. Había soñado que le habían inventado. Luego tuvo otro sueño. Ahora quería divertirse un poco. "¡Quiero divertirme!", le dijo a Mariposa. "¡Súbete a mi cuerpo!".

 

Parecía seguir nevando, pero Mariposa le advirtió a Pelo: "¡No es nieve, es Casposo que ataca!". "¿Casposo?". "Sí, es como piel seca. Caspa. Es muy malo para el pelo". Pelo pensó: "Yo soy el Hombre Pelo, ¡corro peligro!". "Volemos a la gruta de los Jabones. Allí estaremos a salvo", le dijo Mariposa.

 

Casposo, en forma de copos de piel, les perseguía. No entendía por qué huían. Sólo quería darles un abrazo. Viento, el amigo de Pelo, vino en su ayuda. Se llevó a Casposo hacia el cielo. Pero Casposo volvía a bajar, esta vez escondido en una nube. "¡A Casposo nadie le toma el pelo!" dijo, riéndose él mismo del chiste malo que acababa de hacer.

 

Mientras, Pelo y Mariposa llegaron a la Cueva de los Jabones. Un olor perfumado llenaba todo. Una flores bellísimas salían de las grietas de las paredes de piedra. Al fondo se veía una luz. Parecía un fuego con las llamas moviéndose. Alguien le daba vueltas con un palo al contenido de un caldero.

 

"¡Ahí tienes a BeeYou Merlín!. Es un Mago". Pelo nunca había visto a un mago, metido en una cueva. Se fueron acercando a él. Merlín pareció sentir cómo se acercaban, porque les saludó en un idioma extraño: "Vaelicus, drambuique". Por la forma de decirlo, podría ser algo así como: "¡Seáis bienvenidos!".

 

Merlín fue hacia una estantería, cogió algo y se lo ofreció a Pelo. "¡Toma, para la caspa!", le dijo. ¿Cómo podía saber que les perseguía Casposo?. BeeYou Merlín pareció adivinarle el pensamiento. "Yo veo lo que veo y lo que no veo". Pelo se quedó intrigado y le preguntó: "¿Y qué hago con esto que me has dado?". "¡Úsalo!, es un jabón especial con productos de las abejas".

 

Merlín volvió a su caldero, a darle vueltas. "¿Queréis comer conmigo?. Estoy haciendo una sopa estupenda". Mariposa se volvió hacia Pelo: "Hace las mejores sopas de toda la región".

 

Merlín, sin esperar una respuesta, movió la mano en el aire y apareció un mantel volador, que se convirtió en mesa. Después chascó los dedos y aparecieron los platos, los vasos y los cubiertos encima del mantel. Pelo estaba maravillado. Mariposa parecía conocer ya los poderes mágicos de BeeYou.

 

En un instante, la sopa salió del caldero y llenó los platos. "Sentaos", les dijo Merlín. Pero allí no había sillas. Merlín se colocó junto a la mesa y una silla de cristal, muy transparente, apareció detrás de él.

 

Pelo hizo lo mismo. Su silla era de madera tallada, con un asiento muy cómodo. Mariposa no necesitaba silla. Se puso junto a un plato. Pero, al mirarla Merlín, Mariposa se transformó en una mujer bellísima. Una silla estaba esperándola junto a la mesa. "Me llamo Alid", dijo dirigiéndose a Pelo, "¡qué buena pinta tiene esta sopa!".

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Wed, 18 Feb 2015 02:07:57 +0000
Capítulo 50 - Con BeeYou Merlín http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/196-20150903cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/196-20150903cuento-2 20150903ilustracion cuento web

 

Escapando de Casposo, Mariposa llevó a Pelo a la cueva de BeeYou Merlín, el Mago. Éste les invitó a comer, además de regalarle jabón a Pelo para evitar la caspa de Casposo.

 

Merlín hizo magia y en un instante, la sopa salió de su caldero y llenó los platos. "Sentaos", les dijo. Pero allí no había sillas. Merlín se colocó junto a la mesa y un asiento de cristal, muy transparente, apareció detrás de él.

 

Pelo hizo lo mismo. Su silla era de madera tallada, muy cómoda. Mariposa no la necesitaba. Se puso junto a un plato. Pero, al mirarla Merlín, Mariposa se transformó en una mujer bellísima. Una silla estaba esperándola junto a la mesa. "Me llamo Alid", dijo dirigiéndose a Pelo, "¡qué buena pinta tiene esta sopa!".

 

Mientras, Casposo intentaba entrar en la Cueva, pero el olor formaba una barrera que le mareaba. Intentaba contener la respiración. Sin éxito. A los pocos segundos tenía que salir a respirar. Además, como estaba formado por pequeños "copos" de caspa, algunos se le quedaban fuera y tenía que ir a buscarlos. Después de un rato intentándolo, decidió que esperaría en la puerta de la Cueva, a que saliesen Pelo y la mariposa.

 

Merlín, Mariposa-Alid y Pelo estaban terminando de comer. La cueva estaba iluminada por unos gusanos que daban luz. Los había de diferentes colores: azul, rojo, verde, amarillo, blanco. De vez en cuando, alguno se convertía en mariposa. Cuando esto ocurría, Alid decía: "¡Otra hermana que nace!".

 

Ya estaban terminando cuando Merlín movió ligeramente la cabeza. Un ciervo apareció con una bandeja llena de helados de diferentes sabores. Los dejó encima de la mesa para que eligieran. Pelo se tomó uno de fresa. Alid uno de vainilla. Merlín levantó las manos y tres helados volaron a su plato. Vainilla, fresa y chocolate. Dos cucharas, también voladoras, empezaron a llevarle el helado a la boca. Pelo pensó: "¡Si viera esto el Mago Pablum*, seguro que le encantaría!".

 

Finalizado el postre, Merlín miró hacia arriba y abrió el techo de la cueva. La mesa y las sillas se cubrieron con una esfera de cristal y empezaron a elevarse. "¿Os gustaría visitar mi casa?". "¡Desde luego!", dijeron todos.

 

Volaron por encima de los árboles y a una velocidad increíble, se acercaron a una isla enorme. Comenzaron a bajar. En un lado de la montaña se podía ver un pequeño agujero, al retirarse un árbol que lo tapaba. Parecía que Aire, el amigo de Pelo, lo hubiese movido. Fueron entrando uno a uno. Muy despacio aterrizaron en un salón inmenso, con un techo muy alto, lleno de lámparas con brazos y colgantes de cristales de colores.

 

Merlín hizo desaparecer las esferas de cristal y les dijo: "¡Estáis en vuestra casa!". Al ver aquello, Pelo se atrevió a preguntar: "Esta casa tiene muchos años, ¿siempre has vivido aquí?". "Varios siglos", le respondió Beeyou Merlín. Pelo siguió preguntando con curiosidad, "Pues entonces, ¿cuantos años tienes tú?". "Si le sumas 1.000 a los tuyos y le restas los que tiene esta casa, lo multiplicas por el número pi, le añades los granos de arena que te quepan en una mano y lo divides por las ventanas de esa pared, te saldrá un número aproximado de los años que tengo".

 

Pelo no sabía si BeeYou Merlín le estaba gastando una broma o si hablaba en serio, pero dejó de preguntar. La casa estaba llena de libros y de instrumentos raros de metal y cristal. Algunos tenían líquidos de colores. Bajaron por unas escaleras. Alid volvió a convertirse en mariposa. Cuando llegaron al final de las escaleras, un gran lago apareció delante de ellos. Una barca estaba atada a un árbol de la orilla. "Por aquí se sale al mar", les dijo BeeYou. Una cabeza con un cuello muy largo, salió del centro del lago. "¡Nessi, vuelve a tu lago!", le reprendió Merlín, "le encanta venir a verme".

 

En una gruta al fondo, una joven muy engalanada cantaba una canción sobre una sardina que se libró de un tiburón hambriento. "Es la Mouis, que ensaya aquí su próximo concierto en Sevilla". Al pasar junto a ella, pudieron ver que la acompañaba una especie de vaquero del Oeste americano, tocando la guitarra". Mouis le decía: "¡Ese Diego!", lo que le hacía tocar con más ganas. A Pelo le hubiese gustado escuchar más, pero Merlín seguía su rumbo.

 

Una puerta enorme se abría al mar. El sol no les dejaba ver bien. Una sombra parecía atacarles. Merlín se subió las mangas y empezó a hacer gestos en el aire.

 

* El Mago Pablum aparece en varios capítulos de Enero y Febrero de 2015

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Fri, 27 Feb 2015 05:02:42 +0000
Capítulo 51 - El planeta con dos soles http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/246-20150904cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/246-20150904cuento-2 20150904ilustracion cuento web

 

BeeYou Merlín, el Mago, llevó a Pelo y a la mariposa Alid a un lago debajo de su casa.

 

En una gruta al fondo, una joven muy engalanada cantaba una canción sobre una sardina que se libró de un tiburón hambriento. "Es la Mouis, que ensaya aquí su próximo concierto en Sevilla". Al pasar junto a ella, pudieron ver que la acompañaba una especie de vaquero del Oeste americano, tocando la guitarra". Mouis le decía: "¡Ese Diego!", lo que le hacía tocar con más ganas. A Pelo le hubiese gustado escuchar más, pero Merlín seguía su rumbo.

 

Una puerta enorme se abría al mar. El sol no les dejaba ver bien. Una sombra parecía atacarles. "Es el lado oscuro del lago, que quiere asustarnos", dijo Merlín mientras se subía las mangas y empezaba a hacer gestos en el aire. En uno de esos movimientos, lanzó unos polvos fosforescentes que al tocar a la sombra, hicieron que todo se iluminase y desapareciese el lado oscuro. La luz siempre ilumina la oscuridad.

 

Ya estaban en mar abierto. Detrás, aún se oía a la Mouis cantar algo sobre las cosas que suceden. Un barco de vela vikingo iba delante de ellos. Merlín les informó: "Ellos descubrieron América". "¿No fue Colón?", argumentó Pelo. "Sí, pero antes ya la habían visitado los vikingos", continuó BeeYou Merlín.

 

En un instante, el barco vikingo desapareció. BeeYou les explicó que era un truco para sus clases de historia. Así aprendían mejor sus alumnos.

 

De entre las olas del mar surgió una cabeza muy grande. Parecía una ballena. En un instante, la barca y sus ocupantes fueron engullidos por la bocaza. Parecía una gran cueva. Merlín presionó su anillo y una cápsula transparente les protegió inmediatamente, ajustándose alrededor de la barca. Caían por un túnel muy largo. Al final se veía muy oscuro. Cuando llegaron allí, una puerta se abrió por el centro y salieron a un mar de color verde, con un cielo en el que había cinco lunas y dos soles.

 

"¿Dónde estamos?", preguntó Alid. Pelo se estaba haciendo la misma pregunta. Merlín no les respondió. Parecía leer algo en el cielo. Un pájaro negro enorme se les acercó. Merlín se puso a hablar con él, en un lenguaje que nadie entendía. Después, el pájaro agarró la barca con sus patas y les llevó hacia arriba, para dejarles sobre una especie de nido que había en la ladera vertical de una montaña, teñida de color azul intenso. La vista era impresionante. Pelo empezaba a tener hambre.

 

Como si le hubiese leído el pensamiento, Alid voló hacia una flor más grande que ella y le trajo un poco de polen. Estaba buenísimo. Merlín lanzó sus manos al aire y recogió algo que parecía un melón. Es curioso, porque antes no estaba allí. El pájaro desapareció entre unas nubes de color verde esmeralda. Parecía anochecer. Empezaba a hacer frío.

 

Una especie de manta se desprendió de la pared, cubriéndoles a todos. Otra tela más fina formó una tienda de campaña por encima. Sin darse apenas cuenta, se quedaron dormidos.

 

Pasada la noche, unos sonidos parecidos a cantos de pájaros mezclados con agua cayendo, les despertó. Pelo pensó que quizá todo aquello podría haber sido sólo un sueño. Pero no lo era. Seguían al borde de aquel precipicio. La tela que les protegía volvió a la pared de la montaña y la manta se fue diluyendo, hasta que no quedó nada. Los dos soles de ese planeta extraño, salieron en el horizonte. Contemplando esa belleza, Pelo pensó que había merecido la pena llegar hasta allí.

 

En la lejanía, se veía venir a un grupo de seres que volaban en una danza perfecta. Bailaban siguiendo las notas de una música que parecía venir del cielo. Pronto estuvieron cerca. Pelo, Merlín y Alid pudieron disfrutar de un espectáculo increíble. Uniéndose al grupo, los soles en el horizonte también se pusieron a bailar. Las cinco lunas abrían sus cráteres emitiendo sonidos musicales. Nuestros amigos se pusieron de pie y también empezaron a cantar y a bailar. Del cielo empezaron a caer unas tortitas muy finas. ¡Era el desayuno!. De la pared de la montaña salieron unos grifos por los que salía mermelada, miel, zumo. ¡Qué maravilla!.

 

El desayuno estaba riquísimo y la pared se puso más blandita, cuando se apoyaron en ella. Merlín hizo un gesto en el aire y un tren apareció, saliendo del cielo. Pelo pensó: "Nos vamos de viaje". Pero no era así.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Tue, 24 Mar 2015 02:02:31 +0000
Capítulo 52 - Encuentro con Arturo y Javier Montaña http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/201-20151001cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/201-20151001cuento-2 20151001ilustracion cuento web

 

Después de entrar por la boca de un pez enorme, Merlín el mago, Alid la mariposa y Pelo, aparecieron en un planeta con dos soles y cinco lunas, que les ofrecieron un espectáculo al amanecer.

 

También cayeron del cielo unas tortitas, que untaron con la miel y la mermelada que salía de unos grifos que había en la pared. Estaban en un saliente de la montaña, en el que les había puesto un pájaro negro.

 

BeeYou Merlín hizo un gesto en el aire y un tren apareció, saliendo del cielo. Pelo pensó: "¡Nos vamos de viaje!". Pero no era así.

 

El tren se puso a bailar delante de ellos, cantando con sonidos que salían de sus ruedas, de sus ventanas y de su chimenea. Sonidos de flauta haciendo ecos en el cielo. Cuando tocaban, a las nubes les cambiaba el color. Después saltaban como pompas de jabón y producían una lluvia fina de colores. Al llegar a dónde estaban nuestros amigos, se convertían en caramelos de miel.

 

Merlín volvió a levantar sus brazos al cielo y una pantalla de cine cubrió todo el cielo. En ella había todo tipo de animales, disfrutando mientras corrían, se bañaban o comían en el bosque. Una escalera mecánica se extendió desde el cielo hasta la repisa dónde estaban. Un joven con alas en la espalda les invitó a subir por ellas.

 

La vista subiendo por las escaleras, era preciosa. El mar y las montañas abajo. Las nubes, los dos soles y las cinco lunas, arriba. Y una música sonaba a ambos lados. "Stairway to Heaven". La Escalera al Cielo, de un grupo musical con nombre de nave voladora, Led Zeppelin.

 

Una puerta enorme, llena de adornos muy antiguos, se abrió por el centro. Detrás, todo estaba bañado por una luz blanca. Al entrar, todos pudieron sentirla. Al fondo, había una mesa enorme con varios caballeros sentados alrededor. Merlín saludó en especial a uno de ellos. Le llamó Arturo, Rey Arturo. Y los demás eran los Caballeros de la Mesa Redonda.

 

Del suelo salió una alfombra a recibirles. ¡Era Alfombra Voladora, la amiga de Pelo!. "¡Bienvenidos al castillo del Rey Arturo. Podéis asistir a la reunión de los Caballeros de la Mesa Redonda!". "Hola Alfombra, ¿que haces tú por aquí?", le preguntó Pelo. "Ya sabes que las alfombras voladoras podemos estar en varios sitios a la vez". "Eso se llama bilocación", le respondió Pelo, recordando un libro del escritor Javier Montaña* sobre cómo una persona puede bilocarse, o sea estar en dos sitios a la vez.

 

¡Pero qué sorpresa! ¡Si también estaba sentado a la mesa Javier Montaña!. Leyendo el pensamiento de Pelo, Alfombra Mágica le explicó: "Es que viene como enviado especial del futuro, para estudiar el pasado". Todos los que estaban sentados a la Mesa les saludaron.

 

En el centro de la mesa había un vaso metálico con una forma especial. Unas luces empezaron a salir de él. Javier Montaña les dijo: "Es el cáliz original, el que todos siempre han buscado". Esas luces se transformaron en una bella mujer que subió hacia el techo de la habitación, lo atravesó, abriendo un gran agujero. Sobre él se veía una nave, a la que subió la mujer. "¡La Magdalena!", dijo Javier, "que vuelve con los suyos". Pelo no entendía nada. Se acordó de su amada. ¿Dónde estaría ahora?. Tenía que encontrarla. Así que salió de la habitación, abriendo una puerta enorme. Para su sorpresa, allí había una dama con un vestido de color azul. Una paz inmensa le recorrió todo el cuerpo. Detrás oyó decir: "Es ella, la Dama Azul".

 

Pelo seguía sin entender nada, ¿Dama Azul?, ¿Ella?, ¿Magdalena?. Y, a propósito de magdalena, no había probado un bocado desde hacía tiempo. En ese momento, su amiga Alfombra Mágica se puso a su lado y le animó a subirse encima de ella: "Te llevaré a un lugar lleno de comida". Detrás quedaron, de un tamaño cada vez más pequeño, Arturo, los caballeros, BeeYou Merlín, Javier Montaña.....

 

Alfombra dejó a Pelo junto a un hormiguero. Allí había comida, pero las hormigas guardianas no se la iban a dar gratis.

* Ver "La Dama Azul" de Javier Sierra.

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Wed, 25 Mar 2015 22:43:00 +0000
Capítulo 53 - Las hormigas http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/248-20151002cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/248-20151002cuento-2 20151002ilustracion cuento web

 

Después de abrir unas puertas en el cielo de un extraño planeta con dos soles, Pelo apareció con el mago Merlín y Alid la mariposa, en una reunión del Rey Arturo con sus caballeros, en la que también estaba el escritor Javier Montaña. Después de un rato, Pelo quiso salir a comer algo.

 

Alfombra Mágica, que también participaba en el encuentro, le sacó de la reunión y le llevó junto a un hormiguero. Allí había comida, pero las hormigas guardianas no se la iban a dar gratis.

 

Pelo estaba desconcertado. No sabía cual era la idea de Alfombra Mágica al dejarle allí, pero no le apetecía comer granos duros de trigo. A la puerta del hormiguero había un movimiento imparable. Pasaban por encima de él, le apartaban, se enganchaban y se soltaban. Pelo no parecía interesarles nada.

 

Pero algo diferente sucedió. Un grupo de hormigas venía con una especie de globos, que introducían por el agujero principal. Pelo se asomó a ver a dónde los llevaban. Una de las hormigas se enganchó a él y le arrastró hacia el interior. Le llevó por varias cuevas. En una de ellas estaban los globos con forma de botijos, colgados del techo. De vez en cuando, alguna hormiga venía, les hacía cosquillas y ellos soltaban una gotita de algo, que parecía gustarles. Pelo se fue acercando poco a poco, para ver qué era. Una hormiga le dijo: "¿Quieres probarlo?. Es dulce. Los pulgones lo hacen en las hojas de las plantas". "¿Pulgones?, ¿o sea que no son ni globos, ni botijos?", respondió asombrado. "No. Nosotras les llevamos a las plantas, como vosotros lleváis a las ovejas a pastar y luego les sacáis la leche".

 

Pelo probó una de esas gotitas. ¡Estaba buenísima!. Pero tenía más hambre. Empezó a moverse por aquellas cuevas que las hormigas habían hecho en la tierra. Aunque todo estaba muy oscuro, Pelo se acostumbró a la oscuridad y a tocar, para poder moverse con seguridad. De pronto, tocó algo que le resultaba familiar. Era como una zanahoria. Una hormiga que pasaba por su lado le dijo: "¿Te gustan las zanahorias?". "O sea, que sí era una zanahoria", pensó Pelo. Con el hambre que tenía, no dudó ni un momento en hincarle el diente.

 

Justo cuando estaba empezando a calmar su hambre, la zanahoria empezó a subir. Pelo salió enganchado a ella. Alguien estaba sacando la raíz. "¿Quién se está comiendo mis zanahorias?", escuchó decir. Era el agricultor que las plantaba. Y, claro, estaba muy enfadado porque alguien se estuviese comiendo sus zanahorias. "¡Malditas hormigas!", exclamó, sin saber que no eran las hormigas las que se estaban comiendo esa zanahoria.

 

Pelo cayó al suelo, mientras el agricultor sacudía la zanahoria, para quitarle los restos de tierra. Un perro empezó a ladrarle. El agricultor no entendía lo que pasaba. ¿A quién ladraba su perro?. Pelo se alejó del lugar, por si acaso. No le dio tiempo a andar casi nada. Un maullido pasó por su lado y se quedó enganchado a los pelos de Gatoni, que era el que había emitido ese sonido.

 

"¿A dónde vas tan corriendo?", le preguntó Pelo. "¡No preguntes, viene una ola!". "¿Una ola?, ¿qué ola?", se preguntó Pelo. "Es un tsunami. Pronto todo esto estará lleno de agua", le respondió Gatoni, leyéndole el pensamiento.

 

Efectivamente, a los pocos minutos de haberse subido a un árbol en un monte cercano, el mar empezó a entrar en la tierra, inundándolo todo. Pelo le dio las gracias a Gatoni por salvarle. "¿Cómo sabías que venía un tsunami?". "Se nota en que te sientes mal y tienes ganas de correr hacia lo alto", le respondió Gatoni.

 

Pelo pensó que, hacía muy poco, estaba con el mago Merlín y el Rey Arturo. Y ahora, aparecía Gatoni que era de otra época. ¿Qué estaba pasando?. Gatoni que, como ya sabéis, podía leer el pensamiento, le respondió: "Estamos en el reino de la imaginación. Y ahí todo es posible. Puedes estar en la prehistoria, en el siglo XXI o en el año 30.000. Todo lo que imaginamos es posible".

 

Pelo se quedó un rato pensando: "Entonces nosotros, ¿somos seres imaginarios?. ¿No existimos realmente?".

 

Gatoni ya no le escuchaba, estaba pendiente del agua que trepaba por la ladera del monte al que habían subido. Pelo también dejó de darle vueltas a la cabeza y miró asombrado cómo el agua del mar arrastraba todo. También se oían gritos de gente en el agua. Un enorme pájaro se acercaba hacia ellos.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Thu, 23 Apr 2015 22:46:48 +0000
Capítulo 54 - Canesa, la investigadora http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/202-20151003cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/202-20151003cuento-2 20151003ilustracion cuento web

 

Llevado por Alfombra Mágica a un hormiguero, Pelo salió de la tierra agarrado a una zanahoria y se encontró con Gatoni, que se lo llevó corriendo a lo alto de un árbol, en un monte cercano. Un tsunami, una enorme cantidad de agua del mar, empezó a entrar en la tierra.

 

Pelo miró asombrado cómo el agua del mar arrastraba todo. También se oían gritos de gente en el agua. Y, ahora, un enorme pájaro se acercaba hacia ellos.

 

¡Era Águila Real, la amiga de Pelo!. "¿Has visto ahí abajo lo que ocurre?", preguntó Pelo. "¡Claro!, por eso he venido a rescataros". Gatoni no estaba seguro de que Águila pudiese con él, pero en unos segundos, estaban todos volando hacia otro lugar.

 

"¿A dónde vamos?", preguntó Gatoni. "No lo sé", le respondió Águila. Unas nubes les taparon por completo. Cuando salieron de esa niebla tan espesa, estaban en un país diferente. Planeando, llegaron a la terraza de un edificio. "Me voy", se despidió Águila. Gatoni y Pelo miraron a su alrededor. No había nadie, o eso parecía. Empezaron a recorrer la terraza.

 

Apoyada en la barandilla, detrás de una chimenea, había una chica joven. Al verles llegar les dijo: "¡Hola!, me llamo Canesa, soy investigadora aquí, en Dinamarca. ¿Vosotros quienes sois?". "Yo soy el Hombre Pelo y este es mi amigo Gatoni". "¡Ah, sí!. He leído algunas de vuestras historias. Me lo dijo Pedro, que las escribe en España". "¡Ya estamos con que Pedro escribe las historias!", pensó Pelo, pero no dijo nada.

 

"Quiero investigar sobre las diferentes reacciones que produce el veneno de abeja, con el que Pedro trabaja", prosiguió Canesa mientras les invitaba a bajar por unas escaleras muy estrechas. La terraza era la de un edificio moderno pero, según bajaban, todo iba cambiando. Las paredes eran de piedra, como en un castillo de la Edad Media. Y las ropas de Canesa también se fueron transformando en antiguas. Gatoni que, como todos los gatos, veía y sentía cosas que los demás no, le dijo a Pelo: "¡Es una bruja!". "Sí, así nos llaman algunos", le contestó Canesa, que también oía más de lo normal. "En el siglo XXI nos llaman investigadoras".

 

"¿Y en qué siglo estamos ahora?", preguntó Pelo intrigado. "En este edificio no existe un único tiempo. Cambiamos varias veces a lo largo del día, según el estado de ánimo". Para demostrarlo, cuando entraron en una gran sala todo era moderno, con instrumentos muy avanzados.

 

Gatoni se puso a oler por los rincones. Cada olor le daba un mensaje, una historia. Aquí han usado jabón, por aquí ha pasado una hormiga, aquí hay un resto de olor a pedete en el aire. Mientras, Canesa le mostraba a Pelo los resultados de sus últimas investigaciones. "Mira, he descubierto que si mezclas mocos de perro flaco con arena de playa, y lo calientas a muy alta temperatura, obtienes un material que es duro y blando a la vez". "¡Como los pelos!", exclamó Pelo.

 

Canesa tenía más investigaciones en marcha. Por ejemplo, una mezcla de materiales con la que se pueden pintar paredes  del color que tú quieras. Sólo con decir: "¡Pared, ponte de color, el que sea!", la pared se pone de ese color.

 

"¡Qué buena idea!", pensó Pelo. "¿Y eso se podría hacer con el pelo de los gatos?". Gatoni, que estaba a todo, saltó inmediatamente a su lado, sin esperar ni siquiera a que Canesa contestase. "¡De eso nada!, ¡Mi pelo se queda como está!". "¡Era una broma!", le respondió Pelo. Canesa no podía parar la risa, imaginando a Gatoni de mil colores. A él no le hacía ninguna gracia.

 

Pero, lo mejor de todo estaba en una sala aparte. "Mirad, es una nave que te permite viajar dentro del cuerpo humano", les contó Canesa cuando entraron.

 

"¿Y eso cómo se hace?", preguntaron a la vez Pelo y Gatoni. "¡Muy fácil!. Te colocas descalzo sobre este papel, que tiene propiedades reductoras, y luego te metes en la nave. "¿Qué nave?. Yo no veo ninguna nave", argumentó Pelo.

 

"Es que, hasta que no te haces pequeño, no la ves. ¿Os apetece hacer un viaje? ".

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Sat, 25 Apr 2015 02:54:00 +0000
Capítulo 55 - Viaje al interior del cuerpo humano http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/249-20151004cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/249-20151004cuento-2 20151004ilustracion cuento web

 

Pelo y Gatoni estaban con Canesa, una investigadora, que vivía en Dinamarca. Había inventado una nave para viajar dentro del cuerpo humano.

 

"¿Os apetece hacer un viaje? ". Canesa no esperó a que respondiesen. "Poned vuestros pies descalzos en estos papeles". Ella hizo lo mismo.

 

En un segundo, eran del tamaño de una molécula. La nave, que antes no veían, les pareció gigante. Canesa les abrió la puerta de entrada. Cuando llegaron a la sala de mandos se puso a dar instrucciones con la voz. La nave parecía obedecerla. "¡Empieza fuerza de desplazamiento!. ¡Dirígete al cuerpo humano que esté más cerca!". La nave obedeció y, por las ventanas pudieron ver cómo se alejaban del laboratorio, salían a la calle y entraban por la nariz de una persona que paseaba. "¡Fascinante!", exclamó Pelo, que no salía de su asombro.

 

Gatoni, mientras, disfrutaba del viaje. Los animales saben que estas cosas pueden pasar. Saben que la magia, científica y no científica, existe.

 

Canesa seguía dándole órdenes a la nave. "¡Llévanos al pulmón!". Pasaron por un enorme tubo, una especie de túnel, y pronto estuvieron en el pulmón de la persona que paseaba, sin saber que tenía gente dentro mirándola. En el pulmón hacía viento huracanado, la respiración, que llevaba a la nave de un lado para otro. De pronto, la persona dueña del pulmón empezó a toser, y la nave volvió a salir por el tubo, por el que había entrado. Canesa le dio otra orden: "¡Al estómago! ¡Rápido!". La nave cambio de tubo y se dirigió al estómago. Un caramelo enorme, que se acababa de comer la persona, golpeó a la nave, que chocó contra las paredes del tubo. Menos mal que era elástica y no se rompía fácilmente.

 

En el estómago había muchas cosas mezcladas. Comida, dulces, agua, algún bichito extraño. Y un líquido de color raro lo deshacía todo. "¡Es la digestión de los alimentos!", les informó Canesa. Arrastrados por un torbellino, entraron en otro tubo, que daba vueltas. "¡Los intestinos!", dijo Pelo, que lo había visto en un libro.

 

Canesa dio la orden de salir de allí y entrar en la sangre, a través de las paredes de los intestinos. Pronto estaban rodeados de un líquido completamente rojo, aunque desde dentro parecía azul. No sabían por qué. Era un viaje en canoa por un río que se movía a empujones. "¡El latido del corazón!", les informó Gatoni, que algo sabía de esto.

 

Estuvieron un buen rato navegando por la sangre. En algunos sitios, recogía lo que no le valía de alimento a las células y lo llevaba hacia la salida del cuerpo. En otros había combate entre los defensores de la sangre y algún intruso que había llegado al cuerpo. Canesa les mostró un medicamento que había tomado la persona, dentro de la que estaban viajando. "¿Veis esas formas diferentes?. Son partículas del medicamento que están yendo a donde tienen que actuar. Yo quiero investigar cómo llevar partículas partículas del veneno de abeja, que son curativas, a zonas a las que es difícil llegar con los medicamentos".

 

La nave, en una de las vueltas, tropezó con un bulto enorme, que hacía difícil la circulación de la sangre. "¡Es un trombo!", exclamó Canesa, "podemos ayudar a que se deshaga". "¡Abrir rayos de energía solar almacenada!", ordenó a la nave. "¡Deshacer trombo!". Unas luces fueron hacia el tapón que impedía la buena circulación de la sangre. En un instante, se volvió a convertir en sangre líquida. La nave y la sangre pudieron pasar fácilmente por donde antes era muy complicado hacerlo. "Hasta ahora no habíamos tenido la oportunidad de usarlo con humanos", les comentó Canesa.

 

 "¿Y por donde vamos a salir?", preguntó Pelo. "Vamos a los poros de la piel. Por esos agujeritos podremos salir sin problemas", dijo Canesa mientras daba la orden de dirigirse a los capilares, unos pequeños riachuelos de sangre que terminaban por debajo de la piel. Después de eso,  empezaron a salir por un poro.

 

El mundo exterior parecía enorme. Canesa abrió la puerta de la nave. "¡Bajaos!, en unos minutos tendréis vuestro tamaño original". "¿Y la nave? ¿También crecerá?", preguntó Pelo, imaginándose el tamaño enorme que tendría y lo que pensaría la gente al verla en medio de la calle. "No, la nave se queda de ese tamaño y se vuelve sola al laboratorio. También puede volar sin piloto.

 

Pelo, Canesa y Gatoni estaban en una calle llena de gente. Mejor esconderse hasta que crecieran. Podrían pisarles los transeúntes.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Sat, 16 May 2015 02:56:48 +0000
Capítulo 56 - El librero Kontiki http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/210-20151101cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/210-20151101cuento-2 20151101ilustracion cuento web

 

Canesa, una investigadora española que vivía en Dinamarca, llevó a Pelo y a Gatoni en una nave muy muy pequeña, al interior del cuerpo humano. Después de ver muchas cosas, salieron por un poro de la piel.

 

Ahora estaban en una calle con muchas personas a su alrededor. Para poder viajar dentro de la nave tuvieron que hacerse muy pequeños. Pero, en unos minutos, volverían a su tamaño original. Mejor esconderse hasta que crecieran. Podrían pisarles los transeúntes.

 

Estaban metidos en un portal muy antiguo. Una mujer pasó por su lado con una escoba. En ese momento, Gatoni recuperó su tamaño habitual. Canesa, aún de tamaño molécula, estaba investigando las partículas de polvo que la rodeaban. Pelo estaba creciendo, poco a poco. La señora de la escoba se puso a barrer con muchas ganas. "¡Fuera gato!", le dijo a Gatoni, mientras le daba con la escoba un empujón. Pelo salió volando con unas pelusas a la calle, en uno de los movimientos de la escoba. Y Canesa creció justo en el momento en el que la escoba iba a barrerla.

 

Asustada la señora por la aparición de una Canesa de tamaño natural, soltó la escoba y subió las escaleras a toda velocidad, gritando: "¡Fantasmas!, ¡hay fantasmas!". Canesa salió por la puerta hacia la calle, como si no hubiese pasado nada. Buscó a Pelo y a Gatoni, pero no les encontró. Decidió volver a su laboratorio.

 

Mientras, Gatoni se había subido a un tejado y, de un salto, alcanzó una nube que pasaba por allí. Pronto estaba yendo hacia otro lugar.

 

Pelo se refugió en una librería antigua. Un hombre de barba y pelo blanco, quitaba el polvo a algunos de los libros que se almacenaban por todas partes. "¡Vaya!, ¡un ejemplar de la primera edición de Viaje al centro de la Tierra, de Julio Verne!", dijo muy contento el librero. "Como que me llamo Kontiki, que este ejemplar se lo voy a reservar a mi amiga Canesa. Le encantan estos libros". "¡Canesa!", pensó Pelo, "¿Será la misma Canesa que habían conocido y con la que había viajado al interior del cuerpo humano?".

 

El viejo librero cogió el teléfono y llamó. "¿Canesa?, tengo un libro para ti ¿cuando podrías pasar a verlo?. ¿Mañana?. ¡Perfecto!". Pelo decidió que esperaría hasta el día siguiente, para ver si era la misma Canesa que él conocía.

 

Encima de una mesa quedaban unos restos de un bocadillo de queso. Pelo tenía hambre, así que se acercó y cogió un poco. La campanilla de la puerta de entrada sonó. Un joven con barba dio los buenos días mientras entraba. "Estaba buscando ediciones antiguas de libros de Julio Verne", le dijo directamente al librero Kontiki. "Pues en estos momentos acabo de encontrar una primera edición de Viaje al Centro de la Tierra...", le empezó a contar. "¡Me lo quedo!", le respondió el joven, sin dejarle terminar. "Lo siento, pero tiene que esperarse a mañana. Quizá lo quiera una persona que ha quedado en venir a verlo". "¡Le ofrezco el doble de lo que le fuese a dar!", soltó el impetuoso joven barbudo.

 

Pelo asistía a esta conversación muy atento. No podía consentir que le quitasen el libro a Canesa. Si es que era la Canesa que él conocía.

 

"Tendrá que esperar a mañana", le respondió Kontiki al joven. "Está bien. Mañana estaré, otra vez aquí, sin falta".

 

El librero envolvió el libro con un papel de seda que tenía para los libros especiales y lo puso en un cajón de su mesa.

 

Pelo se fue a echar una siesta encima de los libros de una estantería.

 

Mientras, Gatoni corría por los tejados de la ciudad, en busca de un lugar en el que refugiarse. Al pisar fuerte en una de las tejas, ésta se movió y Gatoni entró por un agujero que había debajo. Se sintió caer durante un buen rato. Al apoyar sus patas en el suelo (ya se sabe que los gatos caen siempre de pie), notó un olor raro, un olor a humedad. ¿En dónde se encontraba?.

 

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Sun, 17 May 2015 00:12:00 +0000
Capítulo 57 - De nuevo con Buzz Aldrin http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/250-20151102cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/250-20151102cuento-2 20151102ilustracion cuento web

 

Después de viajar por el cuerpo humano con la investigadora Canesa en Dinamarca, Pelo entró en una librería. Un joven quería el mismo libro que le habían reservado a su amiga Canesa.

 

Mientras, Gatoni corría por los tejados de la ciudad sin hacer ruido, como corren los gatos, en busca de un lugar en el que refugiarse. Al pisar fuerte en una de las tejas, ésta se movió y Gatoni entró por un agujero que había debajo. Se sintió caer durante un buen rato. Al apoyar sus patas en el suelo (ya se sabe que los gatos caen siempre de pie), notó un olor raro, un olor a humedad. ¿En dónde se encontraba?.

 

Gatoni estaba dentro del libro de Julio Verne que Kontiki, el librero, había reservado a Canesa. Era un libro muy antiguo, una primera edición de "Viaje al centro de la Tierra". Sus páginas desprendían ese olor a sótano del papel guardado fuera de la luz.

 

Canesa entró al día siguiente en la librería, para ver el libro que le había reservado Kontiki. El joven que quería el mismo libro estaba esperando desde una hora antes. Al verla, sus ojos parpadearon nerviosos. "¡Qué belleza!", pensó. Pero no quiso dejarse llevar por la emoción. El libro tenía que ser suyo y formar parte de su colección de libros únicos.

 

"¡Hola Canesa!, aquí tienes el libro". Pelo, al oír el nombre, salió de entre los libros de la estantería en la que había dormido. "Este joven también lo quiere", le dijo Kontiki, "Pero tú tienes preferencia, te lo ofrecí primero a ti". Canesa miró al joven y sus ojos también temblaron. "Me gusta", pensó. "Encantada de conocerle. Mi interés por el libro es porque yo soy investigadora de lo desconocido y a veces ocurre que, en ediciones antiguas de Julio Verne, aparecen datos que pueden orientarme en lo que yo hago".

 

Bulliver, que era el nombre del joven, se apresuró a decir: "Yo sólo lo quiero como coleccionista. Podemos compartirlo. Yo lo compro y usted lo lee". A Canesa el plan le pareció bueno. Y además, así podía conocer un poco más a ese joven tan atractivo, que le hablaba de usted.

 

Kontiki cobró el libro a Bulliver y Pelo se enganchó al abrigo de Canesa. Quería saber lo que ocurriría. Al llegar a una cafetería, decidieron sentarse a tomar algo y hablar tranquilamente un poco más. Canesa abrió el libro por una de sus páginas y de ella salió Gatoni enfurecido por estar atrapado. "¡Miau!", maulló al mismo tiempo que daba un salto al suelo.

 

"¿Qué es eso?", preguntó Bulliver. "Creo que es mi amigo Gatoni, que debía de estar atrapado en el libro". Pelo comprobó que, efectivamente, era Gatoni. Se fue hacia él, se subió a su lomo y los dos salieron corriendo de allí.

 

De pronto, vieron un cartel que ponía: "Conferencia. Hoy Buzz Aldrin: Pon tu culo en Marte". La puerta del lugar estaba abierta, así que Gatoni entró sin preguntar. El salón era inmenso. Aún no había gente, pero estaba todo preparado para la conferencia. Gatoni trepó por un cortina situada muy cerca del techo. Pelo se agarró fuerte a su amigo para no caerse.

 

La gente empezó a entrar en el teatro. Y, ¡oh sorpresa!, entre los asistentes estaban Canesa y Bulliver. Pelo supo distinguirles entre la multitud, por el color magenta intenso de la melena de la investigadora.

 

La conferencia empezó con la proyección de unas fotos de los primeros hombres que llegaron a la Luna. Uno de ellos era Buzz Aldrin, que venía a dar una conferencia sobre cómo ir al planeta Marte. Pelo quería verle. Él también había estado en la Luna en un encuentro de magos y había hablado con Buzz *.

 

Se quiso acercar tanto, que se cayó en dirección al escenario. Fue a parar justo encima del papel que estaba leyendo Buzz. "¡Hombre Pelo! ¿Qué haces tú aquí?". Los asistentes a la conferencia no entendían nada. Iban a hablarles de Marte y hablaban de un Pelo. Pero Canesa, la investigadora, sí sabía de quién hablaba Buzz Aldrin. "¡Pelo, amigo!, ¡estoy aquí!", gritó desde el fondo de la sala. Pelo no sabía qué hacer, si ir a ver a Canesa o quedarse con el astronauta.

* Ver Capítulo 22 - Buzz Aldrin, el segundo hombre en la Luna

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Tue, 16 Jun 2015 00:54:25 +0000
Capítulo 58 - Extraterrestres http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/211-20151103cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/211-20151103cuento-2 20151103ilustracion cuento web

 

Pelo fue con Gatoni a ver una conferencia en un teatro. La daba Buzz Aldrin, el segundo hombre que llegó a la Luna. Pelo le conocía de cuando estuvo en el satélite de la Tierra, en un congreso de magos.

 

Gatoni y él estaban viendo la conferencia subidos en lo alto de una cortina, cerca del techo.

 

Pelo se quiso acercar tanto para ver lo que decía, que se cayó en dirección al escenario. Fue a parar justo encima del papel que estaba leyendo Buzz. "¡Hombre Pelo! ¿Qué haces tú aquí?". Los asistentes a la conferencia no entendían nada. Iban a hablarles de Marte y hablaban de un Pelo. Pero Canesa, la investigadora, sí sabía de quién hablaba Buzz Aldrin. "¡Pelo, amigo!, ¡estoy aquí!", gritó desde el fondo de la sala. Pelo no sabía qué hacer. Si ir a ver a Canesa o quedarse con el astronauta.

 

Buzz le dijo a Canesa que podía subir al escenario. Pensó que quizá podría explicarle cómo Pelo fue a la Luna y así poder ir a Marte de la misma manera. Canesa empezó a andar muy deprisa. Buzz Aldrin era uno de sus héroes.

 

"Sr. Aldrin, es un placer conocerle y saludarle", dijo Canesa un poco nerviosa. "¡Hola, Pelo. Qué gusto verte de nuevo!". A lo que Buzz respondió: "Si os parece, después de la conferencia podemos vernos y hablar más tranquilamente". "¡Perfecto!", fue la respuesta de los dos.

 

Los asistentes a la conferencia se movieron inquietos en sus asientos, esperando a ver que les decía este hombre que, junto con Neil Armstrong, fueron los primeros en estar en la superficie de la Luna.

 

Alguien desde el fondo gritó: "¡Es falso, ustedes no estuvieron en la Luna!". Buzz ya estaba acostumbrado a oír estas cosas en sus conferencias, pero siempre le sentaban mal. Se levantó y le dijo: "Si quiere puede dar usted la conferencia". La gente empezó a abuchear al desconocido, querían oír a Buzz. El desconocido salió de la sala con cara de enfado.

 

"Gracias por su atención", prosiguió el astronauta. "La imaginación es muy importante para conseguir objetivos difíciles. Sin escritores como Julio Verne, pocos habrían pensado en ir a la Luna. Él escribió un libro, De la Tierra a la Luna, en el que envió una nave a nuestro satélite, antes de que los científicos pudieran hacerlo. Hoy seguimos necesitando de la fantasía para avanzar. Por eso, les pido que dejen fantasear a sus hijos. Y ustedes mismos pónganse a imaginar un mundo mejor. Marte es un planeta dentro de sus pensamientos. Podemos viajar a él. Primero con su imaginación y luego con sus cuerpos".

 

El público estaba encantado. Pelo, Canessa y Bulliver esperaban impacientes el momento de hablar personalmente con el señor Aldrin, para contarle sus proyectos y aventuras.

En ese momento, en la calle se oyó un ruido muy fuerte, como de cristales y hierros rompiéndose. Todos salieron a ver qué pasaba. Un objeto redondo con antenas había caído del cielo. De su interior empezaron a salir unos seres diminutos que echaron a volar como mariposas. Buzz, que también había salido, dijo: "¡Seres de otro planeta!". Canessa empezó a hacer fotos. Pelo observaba la escena, pensando que él había visto cosas aún más raras. Y Bulliver sólo tenía ojos para mirar a Canessa.

 

En unos instantes, el objeto caído del cielo produjo una pequeña explosión y desapareció ante las miradas sorprendidas de todos.

 

Buzz dio por terminada la conferencia. Estaba deseando hablar con sus amigos. "¿Nos vamos a una cafetería que he visto cerca de aquí?".

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Wed, 17 Jun 2015 00:36:00 +0000
Capítulo 59 - El camarero científico http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/251-20151104cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/251-20151104cuento-2 20151104ilustracion cuento web

 

Pelo, Canesa la investigadora y Bulliver, estaban en una conferencia de Buzz Aldrin sobre Marte. De pronto, oyeron un ruido en la calle. Se trataba de un objeto caído del cielo, del que empezaron a salir seres parecidos a mariposas.

 

En unos instantes, el objeto produjo una pequeña explosión y desapareció ante las miradas sorprendidas de todos.

 

Buzz volvió a entrar y dio por terminada la conferencia. Estaba deseando hablar con sus nuevos amigos Canesa, Bulliver y Pelo. "¿Nos vamos a una cafetería que he visto cerca de aquí?". Quería hablar de cómo se podía ir a Marte, igual que Pelo había ido a la Luna*.

 

"Pelo, ¿cómo conseguiste ir a la Luna?", le preguntó Buzz muy intrigado. "Me llevó mi amiga Alfombra Voladora", contestó Pelo, como si fuese lo más normal del mundo. Canesa y Bulliver tenían la boca abierta y los ojos como platos. ¿En una Alfombra Voladora?. Estaban impacientes por ver cómo era eso.

 

"Alfombra desplegó su cristal esférico protector", prosiguió Pelo, "y en un abrir y cerrar de ojos estábamos en la Luna". "Ya, pero ¿qué fuerza os llevó hasta allí?", preguntó Buzz. "No lo sé. Sólo puedo deciros que se oía una música muy agradable, dentro y fuera de Alfombra". "¡Eso no puede ser!. En el espacio no se oye nada, porque no hay aire que transmita el sonido", le dijo Buzz. "Pues yo lo oía dentro y fuera. No puedo explicarlo", respondió Pelo.

 

Canesa, que estaba muy atenta a las explicaciones, intervino: "Creo que puedo aportar algo. La música nos puede transportar con sus vibraciones a lugares increíbles. Quizá Alfombra utilice eso de forma que se pueda viajar realmente".

 

A Buzz le pareció una buena idea y continuó: "Hay algo más rápido que la luz, el pensamiento.
El pensamiento puede ir a cualquier lugar de forma instantánea.
A través de algunos experimentos, se ha comprobado que algunas personas pueden visitar lugares y describir lo que ven o sienten.
Creo que una muy buena forma de ayudar a estos viajes podría ser la música.
Una música adecuada se convertiría en la "nave" para hacer estos recorridos instantáneos a cualquier lugar".

 

Muy emocionado, continuó: "Dentro de nuestro cuerpo (y no sólo en el cerebro) está todo el Universo. Podemos viajar por él haciéndolo en el interior del cuerpo. La música nos puede llevar adonde queramos, como si fuese una nave espacial.
Habría que investigar qué música puede cumplir esta misión específica.
Todo lo que existe en el Universo exterior existe igualmente en nuestro interior y el acceso es instantáneo, si sabemos cómo hacerlo".

 

"¡Claro!", respondieron a la vez Canesa y Bulliver que, hasta ese momento sólo había escuchado.

 

Pelo no entendía mucho lo que Buzz había dicho, pero confiaba en que tendría razón. Él solo sabía que había estado en la Luna y luego cayó por un agujero y apareció en la Tierra.

 

Un camarero vino a preguntarles qué querían tomar. En lugar de pedirle la bebida, Buzz Aldrin le preguntó: "¿Usted cree que se podría viajar a otros planetas con la música?". El camarero no se sorprendió: "¡Claro!, yo lo hago todos los días". Canesa le miró con ojos de científica y pensó que estaba bromeando. Pero no era así. "Yo estuve en un centro de investigación inglés, que trabajaban con piedras magnéticas para comunicarse. También hicieron pruebas de viajes interestelares con música". A Pelo le pareció lógico.

 

Buzz pidió una tónica, dándole las gracias por tan amable explicación. Vanesa y Gulliver no sabían qué pedir, después de oír lo que había dicho. Ya no les parecía un simple camarero.


Pelo pidió una hamburguesa. Tenía mucha hambre.

* Ver Capítulo 21 - Encuentro mágico en la Luna. Febrero de 2015.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Mon, 12 Oct 2015 02:12:05 +0000
Capítulo 60 - Viaje a Saturno http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/206-20151201cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/206-20151201cuento-2 20151201ilustracion cuento web

 

Pelo, Canessa la investigadora, su amigo Bulliver y el astronauta Buzz Aldrin se fueron a una cafetería para hablar sobre las posibilidades de ir al planeta Marte.

 

Un camarero vino a preguntarles qué querían tomar. En lugar de pedirle la bebida, Buzz Aldrin le preguntó: "¿Usted cree que se podría viajar a otros planetas con la música?". El camarero no se sorprendió: "¡Claro!, yo lo hago todos los días". Canesa le miró con ojos de científica y pensó que estaba bromeando. Pero no era así. "Yo estuve en un centro de investigación inglés, que trabajaban con piedras magnéticas para comunicarse. También hicieron pruebas de viajes interestelares con música". A Pelo le pareció lógico.

 

Buzz pidió una tónica, dándole las gracias por tan amable explicación. Canesa y Bulliver no sabían qué pedir, después de oír lo que había dicho. Ya no les parecía un simple camarero.
Pelo pidió una hamburguesa. Tenía mucha hambre.

 

"Yo creo que deberíamos hablar con tu amiga Alfombra Mágica", dijo Buzz dirigiéndose a Pelo. "Podríamos ir a Marte de la misma forma que ella te llevó a la Luna". "Me parece una buena idea", le respondió Pelo, "el problema es que Alfombra aparece cuando ella quiere". Todos se quedaron en silencio sin saber qué decir.

 

El camarero apareció con las bebidas. Pero ya no era el mismo camarero de antes. "Y el joven que nos atendió antes, ¿dónde ha ido?", le preguntó Canesa intrigada, después de mirar alrededor y ver que no estaba. "¡Aquí, yo soy el único camarero!". Todos se miraron con cara de asombro. ¡No podía ser, todos le habían visto y oído decir que se puede viajar a otros planetas con la música!.

 

Buzz comentó: "A veces, vemos cosas que imaginamos". Canesa propuso investigar sobre la música y los viajes, pero ¿cómo podrían hacerlo?. Bulliver pensó que se podía hacer un fondo de dinero para investigar. Eso no era fácil. Era un proyecto demasiado imaginativo como para que alguien se arriesgue y que luego no funcione. "¡A mi me ha funcionado!", dijo Pelo. "Eso es cierto", le respondió Buzz, "Podemos empezar con pruebas sencillas en tu laboratorio personal", continuó, dirigiéndose a Canesa. "¡De acuerdo!", fue su respuesta. "¡Brindemos por este nuevo proyecto!", sugirió Bulliver.

 

En ese momento, apareció de nuevo el camarero que les dijo que había viajado con la música. "Yo puedo ayudarles. Termino en una hora. Podemos ir a mi casa y les explico mi experiencia". Aunque estaban todos un poco confundidos por la nueva aparición de ese "fantasma", accedieron sin dudarlo. "¡En una hora vamos a su casa!", le confirmó Buzz, que parecía el más convencido de que el camarero era real.

 

Unas gotas de lluvia empezaron a caer en la terraza en la que estaban sentados. Para no mojarse entraron en el bar. Pero, al hacerlo, pudieron comprobar asombrados que aquello no era un bar. Era una cabina enorme de un avión o ¡de una nave extraterrestre!. "¿Dónde estamos?", se preguntaron todos a la vez. Una amable mujer se acercó a ellos. "Por favor, tomen asiento. La nave va a despegar". "¿Y a dónde vamos?", preguntó Canesa, un poco preocupada. "Mi compañero, el comandante de vuelo, me ha dicho que querían saber cómo se viaja con la música y les vamos a hacer una pequeña demostración. Iremos al planeta Saturno en apenas 15 minutos de música. Pónganse los cinturones y relájense". Todos obedecieron en silencio. Aquello se ponía interesante.

 

Una música muy suave comenzó a sonar por toda la nave, como si saliese de las paredes. Poco a poco, todos notaron que esa música entraba por el pecho y luego por toda la piel del cuerpo. Era muy agradable. Unos minutos después, el sonido se hizo más intenso. Los pelos de la cabeza se les pusieron de punta. Pelo se puso todo de punta.

 

Click, clack. En el aire sonaron una especie de chasquidos. "Estamos llegando a Saturno", anunció la mujer con aspecto de azafata. La música volvió a ser suave y la nave se volvió de cristal. Ahí estaba Saturno con sus anillos.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Tue, 13 Oct 2015 01:31:00 +0000
Capítulo 61 - La música espacial http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/252-20151202cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/252-20151202cuento-2 20151202ilustracion cuento web

 

Buzz, Pelo, Canesa y Bulliver fueron invitados, por un extraño camarero, a viajar en una nave con la música. Acababan de llegar a Saturno.

 

"Ahora deben de cerrar los ojos. Vamos a entrar en una zona muy luminosa", dijo una voz de hombre por los altavoces. Todos obedecieron, excepto Pelo, que dejó entreabiertos los ojos para ver qué pasaba. No pudo mantenerlos así durante mucho tiempo. Una luz que parecía viento hizo que los cerrase.

 

En unos instantes estaban viendo un paisaje increíblemente bello. "Estamos en el interior del planeta Saturno", dijo una voz muy amable, que sonaba por toda la nave.

 

Aquello era indescriptible. No había un sol que diese luz, pero todo estaba iluminado. Una especie de pájaros-hombre volaban por ese espacio lleno de color y música que, aunque no se oía, casi se podía ver. Un mar de colores fosforescentes rodeaba la enorme cueva o lo que fuese. Y la nave flotaba en medio de aquella maravilla.

 

"Por favor, cierren los ojos. Vamos a regresar a la superficie del planeta Saturno". Esta vez la voz la oyeron dentro de sus cuerpos. Pelo cerró los ojos como todos los demás. Casi sin darse cuenta, estaban girando con los anillos que rodean a ese planeta.

 

De nuevo, sonó la música dentro de la nave. Como cuando vinieron, empezó a sentirse en el pecho, luego por toda la piel y finalmente por todo el interior del cuerpo.

 

Después de un "click, clack", que sonó fuera, estaban en el mismo bar del que partieron. "Por favor, esto no se lo cuenten a nadie. Podría perjudicarles, al tomarles por locos".

 

Todos dijeron sí con la cabeza. Estaban tan impresionados que no podían ni hablar.

 

Se pusieron a andar por la calles de la ciudad, sin decir nada. Después de un rato, Buzz Aldrin, el astronauta dijo: "¡Tenemos que poner nuestros culos en Marte!. Vamos a hacer unas camisetas que digan, en inglés: Get your ass to Mars!. ¡Lleva a tu culo a Marte!". Todos se echaron a reír. Quizá fuese una buena idea para recaudar fondos y empezar a investigar, ahora que ya sabían que se podía viajar con la música. Todo el mundo hablaría de esa frase graciosa.

 

Canesa empezó a darle vueltas a su cabeza sobre cómo podrían empezar a investigar sobre la música. Se acordó de que un amigo suyo tenía muchos discos antiguos y algunas rarezas. Un día estuvieron viendo la película "2001: una odisea del espacio" y le dijo que la música era muy importante para sentir que estabas en el espacio. Quizá podría contactar con él y ver qué sucedía. Pelo, Buzz y Bulliver parecieron escucharla, porque dijeron todos a las vez: "¡Me parece una buena idea!".

 

"¡Pero si sólo lo he pensado!. ¿Cómo me habéis podido oír?", les dijo Canesa. "Se llama telepatía", le contestó Bulliver, "Probablemente hemos adquirido esta cualidad al estar en Saturno".

 

Canesa llamó a su amigo Stanley: "Tengo que hablar contigo sobre música. ¿Cuando quedamos?". "¡Hoy mismo!", le respondió.

 

En la primera reunión, Canesa no quiso darle demasiados detalles a su amigo. Pero Stanley empezó a contarle sobre la nueva música que había descubierto. Ahora se podía ver el sonido poniéndote una gafas de realidad virtual. "¡Prueba, prueba!", le dijo al mismo tiempo que le ponía las gafas. Canesa se quedó impresionada. Lo que veía era muy parecido a los paisajes que contemplaron en el interior de Saturno. "¿Cual es el nombre de la canción?". "Viaje a Plutón", le respondió. Canesa se quedó muda. Aunque Plutón ya no se consideraba un planeta, la coincidencia era mucha.

 

Tuvo que contarle los planes que tenían. "No puedes decírselo a nadie. Es un proyecto secreto".

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Tue, 27 Oct 2015 01:35:58 +0000
Capítulo 62 - El viaje de Canesa http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/212-20151203cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/212-20151203cuento-2 20151203ilustracion cuento web

 

Canesa, la investigadora, fue a hablar con su amigo Stanley que sabía mucho de música. Quería saber qué secreto podía tener la música para que hubiesen podido viajar a Saturno desde un bar.

 

En la primera reunión, Canesa no quiso darle demasiados detalles. Pero Stanley empezó a contarle sobre la nueva música que había descubierto. Ahora se podía ver el sonido poniéndote una gafas de realidad virtual. "¡Prueba, prueba!", le dijo al mismo tiempo que le ponía las gafas. Canesa se quedó impresionada. Lo que veía era muy parecido a los paisajes que contemplaron en el interior de Saturno. "¿Cual es el nombre de la canción?". "Viaje a Plutón", le respondió. Canesa se quedó muda. Aunque Plutón ya no se consideraba un planeta, la coincidencia era mucha.

 

Tuvo que contarle los planes que tenían para viajar a Marte. "No puedes decírselo a nadie. Es un proyecto secreto".

 

Stanley ya había oído algo sobre viajes con la música, pero pensaba que era debido al efecto de alguna droga psicodélica. Por eso le preguntó a Canesa que si habían tomado algo. "Nada en ese sentido". "Pues entonces habrá que probar el efecto que producen algunos tipos de música", le respondió su amigo.

 

Buzz, Pelo y Bulliver estaban ansiosos por ver cómo había ido la reunión. Canesa les contó que su amigo les iba a ayudar. Buzz les propuso hablar también con algunos amigos suyos de la NASA, la Agencia Aeroespacial, para ver si ellos sabían algo relacionado con viajar con la música.

 

El comandante Bill Murray había viajado al espacio y había visto algunos sucesos extraños, que sus jefes no quisieron investigar. Así que, él por su cuenta sí lo hizo. "He comprobado", le dijo a Buzz, el astronauta que estuvo en la Luna, "He comprobado que es posible trasladarse mentalmente a algunos lugares que no conocemos. Incluso describirlos con detalle. Hemos hecho investigaciones científicas y los resultados son asombrosos". "¿Y crees que se podrían llegar a trasladar "físicamente" a las personas?", le preguntó Buzz.

 

Bill permaneció un momento en silencio, como si estuviese haciendo cálculos matemáticos. "Habría una posibilidad. Pero no sabemos cómo afectaría a la persona que lo hiciese". Buzz pensó que eso mismo sucedió con los primeros astronautas. "¡Deberíamos intentarlo!. ¡Yo me encargo de buscar a un valiente para probarlo!".

 

Después de este encuentro, Buzz volvió a contárselo al grupo, al que habían puesto el nombre de VICOMU, es decir, Viaje Con la Música. Todos estaban impacientes por oírle. "¡Un valiente o una valiente es todo lo que necesitamos!". Canesa dio un paso adelante "¡Yo iré!". No quería esperar ni un minuto para comprobar que se podía viajar físicamente con la música.

 

Bill Murray tenía su propio centro de investigación secreto. Un garaje que llegaba desde la parte delantera de su casa hasta el patio. Allí tenía todo tipo de cacharros extraños. Les mostró una cabina, situada al fondo del garaje. "¡Ahí está!. Todo está preparado".

 

Canesa sintió como la música entraba por su cuerpo. Luego pareció desmayarse. Cuando se despertó ya no estaba en el mismo lugar.

 

Bill y Buzz fueron inmediatamente al lugar donde se suponía que estaba Canesa, pero no encontraron a nadie. Bill pensó que tenían que estar, uno en el punto de partida y otro en el de llegada. Buzz se quedó en el de llegada. Tan pronto Bill llegó a la cabina de su garaje empezó a oír un ruido extraño como de latas cayendo por una escalera. Se acercó al lugar de donde provenían los sonidos, un rincón del garaje. Allí estaba Canesa, un poco confundida y con unos cuantos cacharros encima que le habían caído de las estanterías al aterrizar.

 

"¿Buzz?. ¡Canesa ha vuelto. Ven para aquí!", le dijo Bill mientras sacaba a Canesa del rincón. "¿Qué me ha pasado? ¿Dónde estoy?". "No te preocupes, estás de vuelta".

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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cuentameuncuento.es@gmail.com (Administrador) Cuentos en la Web Mon, 30 Nov 2015 02:38:00 +0000
Capítulo 63 - El viaje a Marte http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/216-20151204cuento-2 http://cuentameuncuento.es/index.php/cuentos-en-la-web/216-20151204cuento-2 ViajeAMarte63

 

Con este Álbum, Pelo y sus amigos se van a Saturno, comprueban que se pueden desplazar con la música y emprenden un viaje en hibernación hacia Marte. Cuando lleguen enviarán una señal.
Mientras tanto puedes leer todos los cuentos anteriores.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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