Cuéntame un cuento.es Cuéntame un cuento.es ¡las increibles aventuras del Hombre Pelo!

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Después de abrir unas puertas en el cielo de un extraño planeta con dos soles, Pelo apareció con el mago Merlín y Alid la mariposa, en una reunión del Rey Arturo con sus caballeros, en la que también estaba el escritor Javier Montaña. Después de un rato, Pelo quiso salir a comer algo.

 

Alfombra Mágica, que también participaba en el encuentro, le sacó de la reunión y le llevó junto a un hormiguero. Allí había comida, pero las hormigas guardianas no se la iban a dar gratis.

 

Pelo estaba desconcertado. No sabía cual era la idea de Alfombra Mágica al dejarle allí, pero no le apetecía comer granos duros de trigo. A la puerta del hormiguero había un movimiento imparable. Pasaban por encima de él, le apartaban, se enganchaban y se soltaban. Pelo no parecía interesarles nada.

 

Pero algo diferente sucedió. Un grupo de hormigas venía con una especie de globos, que introducían por el agujero principal. Pelo se asomó a ver a dónde los llevaban. Una de las hormigas se enganchó a él y le arrastró hacia el interior. Le llevó por varias cuevas. En una de ellas estaban los globos con forma de botijos, colgados del techo. De vez en cuando, alguna hormiga venía, les hacía cosquillas y ellos soltaban una gotita de algo, que parecía gustarles. Pelo se fue acercando poco a poco, para ver qué era. Una hormiga le dijo: "¿Quieres probarlo?. Es dulce. Los pulgones lo hacen en las hojas de las plantas". "¿Pulgones?, ¿o sea que no son ni globos, ni botijos?", respondió asombrado. "No. Nosotras les llevamos a las plantas, como vosotros lleváis a las ovejas a pastar y luego les sacáis la leche".

 

Pelo probó una de esas gotitas. ¡Estaba buenísima!. Pero tenía más hambre. Empezó a moverse por aquellas cuevas que las hormigas habían hecho en la tierra. Aunque todo estaba muy oscuro, Pelo se acostumbró a la oscuridad y a tocar, para poder moverse con seguridad. De pronto, tocó algo que le resultaba familiar. Era como una zanahoria. Una hormiga que pasaba por su lado le dijo: "¿Te gustan las zanahorias?". "O sea, que sí era una zanahoria", pensó Pelo. Con el hambre que tenía, no dudó ni un momento en hincarle el diente.

 

Justo cuando estaba empezando a calmar su hambre, la zanahoria empezó a subir. Pelo salió enganchado a ella. Alguien estaba sacando la raíz. "¿Quién se está comiendo mis zanahorias?", escuchó decir. Era el agricultor que las plantaba. Y, claro, estaba muy enfadado porque alguien se estuviese comiendo sus zanahorias. "¡Malditas hormigas!", exclamó, sin saber que no eran las hormigas las que se estaban comiendo esa zanahoria.

 

Pelo cayó al suelo, mientras el agricultor sacudía la zanahoria, para quitarle los restos de tierra. Un perro empezó a ladrarle. El agricultor no entendía lo que pasaba. ¿A quién ladraba su perro?. Pelo se alejó del lugar, por si acaso. No le dio tiempo a andar casi nada. Un maullido pasó por su lado y se quedó enganchado a los pelos de Gatoni, que era el que había emitido ese sonido.

 

"¿A dónde vas tan corriendo?", le preguntó Pelo. "¡No preguntes, viene una ola!". "¿Una ola?, ¿qué ola?", se preguntó Pelo. "Es un tsunami. Pronto todo esto estará lleno de agua", le respondió Gatoni, leyéndole el pensamiento.

 

Efectivamente, a los pocos minutos de haberse subido a un árbol en un monte cercano, el mar empezó a entrar en la tierra, inundándolo todo. Pelo le dio las gracias a Gatoni por salvarle. "¿Cómo sabías que venía un tsunami?". "Se nota en que te sientes mal y tienes ganas de correr hacia lo alto", le respondió Gatoni.

 

Pelo pensó que, hacía muy poco, estaba con el mago Merlín y el Rey Arturo. Y ahora, aparecía Gatoni que era de otra época. ¿Qué estaba pasando?. Gatoni que, como ya sabéis, podía leer el pensamiento, le respondió: "Estamos en el reino de la imaginación. Y ahí todo es posible. Puedes estar en la prehistoria, en el siglo XXI o en el año 30.000. Todo lo que imaginamos es posible".

 

Pelo se quedó un rato pensando: "Entonces nosotros, ¿somos seres imaginarios?. ¿No existimos realmente?".

 

Gatoni ya no le escuchaba, estaba pendiente del agua que trepaba por la ladera del monte al que habían subido. Pelo también dejó de darle vueltas a la cabeza y miró asombrado cómo el agua del mar arrastraba todo. También se oían gritos de gente en el agua. Un enorme pájaro se acercaba hacia ellos.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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