Cuéntame un cuento.es Cuéntame un cuento.es ¡las increibles aventuras del Hombre Pelo!

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Pelo y su amigo el gato Gatoni, después de salir de la casa de Voleta, que estaba flotando en el aire, cayeron hacia la tierra. Águila Real les rescató y se cruzaron con un unicornio.

 

"Voy a visitar una cueva llena de brillantes, ¿os venís conmigo?", les preguntó Unicornio. Siguiendo las estrellas que desprendía, se fueron todos a ver la Cueva de los Brillantes.

 

Entraron en un bosque, lleno árboles de color verde esmeralda. Los bordes de los árboles parecían más claros, como si tuviesen luz a su alrededor. Los pájaros volaban con ellos, subiendo y bajando, cantando canciones, que se oían por todo el bosque. Al fondo se podía ver algo más oscuro. Unicornio se dirigió hacia allí. Era una cueva, ¡La Cueva de los Brillantes que les había dicho!.

 

La estela que llevaba detrás iluminó la entrada. Águila se quedó fuera, vigilando. Pelo y Gatoni entraron con Unicornio, mirando a todos los lados. Las paredes brillaban con la luz de la estela. Al fondo, se oían unos sonidos extraños. Parecía agua cayendo. Pronto llegaron al lugar de dónde provenían los sonidos. Era una gruta inmensa. Del techo caían unos cucuruchos de piedra, por donde resbalaban gotitas, que al caer en el lago que había debajo, producían sonidos musicales.

 

Unicornio se paró frente al lago, en silencio. Pelo y Gatoni hicieron lo mismo. Aquello parecía un concierto de música clásica. Además de las gotas en el agua, había algún pájaro que cantaba. Otros dos pájaros golpeaban sus picos contra el suelo, como si fuese un tambor. De vez en cuando, una corriente de aire se deslizaba por los pequeños túneles que había en las paredes. Producían el sonido de la flauta. Unos murciélagos empezaron a volar por entre los cucuruchos-estalactitas, produciendo el sonido de un arpa. Las estrellas de Unicornio dirigían la orquesta.

 

Poco a poco, la música fue apagándose y en el fondo apareció una barca, que desprendía una luz muy fuerte. ¿Quién iría en la barca?.

 

Poco a poco, la barca se fue acercando y, cuando ya estaba cerca, se elevó volando. Era un ave preciosa, con plumas de colores, como los del Arco Iris. De su pico salían muchas luces, que comenzaron a danzar a su alrededor. Moviéndose, las luces escribieron unas letras en el aire: "El Lago de los Cisnes".

 

De pronto, un sonido muy desagradable se oyó. Venía del fondo del lago. El Cisne cayó herido al agua. Rápidamente, Unicornio sacó del cuerno de su frente, una cuerda de luz para rescatarle. Le llevó a la orilla y le cubrió con su estela, como si fuese una manta. Cisne empezó a moverse, lentamente. "¡Cuidadle!", les dijo a Pelo y a Gatoni, "¡Ahora vuelvo!".

 

A toda velocidad, se fue trotando hacia donde había sonado el disparo. Allí estaba Rabisto, un cazador furioso que mataba, no para comer, sino por rabia. Unicornio le preguntó: "¿Por qué haces esto?". "¡Déjame en paz!", le contestó Rabisto, "¡Yo hago lo que me da la gana!". "¡Cuando yo era pequeño un cisne me picó en la cabeza. Así que, ahora yo tengo derecho a matarlos!".

 

Unicornio no le dijo nada. Le daba pena ver lo infeliz que era por eso. Simplemente le miró y le dejó unos caramelos brillantes, que salieron de su único cuerno en la frente. Después, se dio la vuelta y se fue a ver cómo estaba Cisne.

 

Pelo y Gatoni estaban muy preocupados. Cisne movía un poco las alas, pero tenía una gran herida por donde salía mucha sangre. Unicornio cogió un poco de barro de la orilla del lago y se lo puso allí, como si fuese un tapón. De nuevo, le envolvió con su estela y le sopló al centró de la herida. Una especie de gusanos negros, comenzaron a salir de allí. Cisne parecía estar mejor. Unicornio miró a Pelo y a Gatoni, "no os preocupéis, se recuperará".

 

"Pero, ¿por qué le han hecho eso?", preguntó Pelo. "Era precioso volando y ahora quizá no pueda volver a volar más".

 

Unicornio le explicó la historia del cazador Rabisto. Pelo vio que, mientras Unicornio hablaba, una sombra amenazante se iba acercando a ellos.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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