Cuéntame un cuento.es Cuéntame un cuento.es ¡las increibles aventuras del Hombre Pelo!

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Gatoni y Pelo salieron del corazón de los Himalayas, empujados hacia arriba por la música, cuando se abrió la montaña sobre sus cabezas. Después de dar varias vueltas a la Tierra, entraron por una chimenea y aparecieron en una casa, en la que unos niños jugaban a que era Navidad. Gatoni se sacudió el hollín negro, que fue a parar a las paredes de la habitación. Todos se reían sin parar.

 

En ese momento, la mamá entró en la habitación, "¡Pero ¿qué estáis haciendo?! ¿Qué pasa aquí?".


"Nada mamá", dijo una de los niñas, "es que ha entrado un gato muy gracioso, que habla". "¡Voleta!, ¡Deja de imaginar cosas raras!", le contestó la mamá. "¡Que es verdad!. Verás, decidle algo a mi madre", dijo Voleta dirigiéndose hacia donde, supuestamente, deberían estar Pelo y Gatoni. Pero, allí no había nadie. Porque, en cuanto entró la mamá, se escondieron detrás del sofá.

 

"Venga, recoged todo y venid a merendar". En cuanto se fue de la habitación, Pelo y Gatoni salieron de su escondite. "¿Por qué os habéis ido?", les preguntó Voleta. El resto de los niños también les miraron, con cara de pedir una explicación.

 

"Es que, los adultos, no entienden que un gato y un pelo hablen. Nos hubiese echado de la casa". "No os preocupéis, no diremos nada. Y os traeremos algo de comida", le respondió Voleta. Y, dicho esto, se fueron a merendar a la cocina de la casa.

 

Pelo y Gatoni aprovecharon para dar una vuelta por la habitación. Las paredes estaban llenas de estanterías con libros. Pelo se sintió atraído, en especial, por uno que sobresalía un poco del resto. Cuando lo cogió, no podía creer lo que leía en el título: "Las Fantásticas Aventuras del Hombre Pelo". "¡Mira Gatoni!. ¡Este libro habla de mi!. ¿Quién lo habrá escrito?".

 

Por el pasillo se oían los gritos de los niños, que volvían de merendar. Pelo, volvió a colocar el libro en su sitio. Voleta y sus amigos no paraban de hablar y reír, todavía con comida en la boca. Pelo y Gatoni se escondieron en la lámpara del techo, para jugar a que nos les vieran. "¿Dónde estáis?". Gatoni lanzó su voz hacia una de la paredes. Los gatos pueden hacer esas cosas mágicas. "¡Adivínalo!", fue lo que oyeron.

 

Todos miraron hacia la pared, pero allí no había nadie, sólo las salpicaduras negras del hollín que lanzó Gatoni, al salir de la chimenea. Los niños se pusieron a buscar por todos los rincones. "¿Dónde estáis?", volvieron a preguntar. Esta vez, Gatoni lanzó su voz por dentro de la chimenea "¡Adivínalo!", volvió a decir. Todos corrieron a ver si estaban en la chimenea.

 

Un ruido empezó a oírse desde el techo. ¡La lámpara se estaba cayendo, con el peso de los dos!. Gatoni dio un salto, y fue a parar detrás de una cortina. Pelo iba agarrado a su cola. La lámpara se golpeó contra la alfombra, haciéndose mil pedazos. La mamá volvió a entrar. "Pero bueno, ¿Quién ha roto la lámpara?". Gatoni lanzó su voz al lugar en el que estaba la lámpara. "Me he caído sola".

 

La mamá se quedó asombrada, ¡una lámpara que habla!. Se acercó despacio al centro de la habitación. Gatoni volvió a hablar, como si fuese la lámpara. "No se preocupe, señora. Es que soy una lámpara mágica. Si me sopla, me vuelvo a poner bien y me subo al techo". La mamá de Voleta estaba alucinando pepinillos. Pero, probó a soplar, por si acaso. Inmediatamente, la lámpara se arregló y volvió al techo. Los niños, en una esquina, también estaban alucinados. Pero, no dijeron nada, por si acaso se enfadaba "alguien".

 

La mamá de Voleta salió de la habitación muy callada, pensando que no podía ser, que se lo había imaginado todo. Gatoni y Pelo volvieron a aparecer. "Ya os dije que los adultos no creen en la magia".


Voleta y sus amigos se les acercaron y se pusieron a hablar con ellos. Pelo y Gatoni también querían saber algo de la vida, de esos niños tan simpáticos. "¿No vais al colegio?". "No", le respondió Jaritrini, la hermana de Voleta. "Nosotros hacemos la escuela en casa". "¿Y eso qué es?".

 

Un fuerte viento abrió la ventana. Un papel voló hacia ellos. Voleta lo cogió y leyó: "Aire en movimiento, se aprende en todo momento".

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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