Cuéntame un cuento.es Cuéntame un cuento.es ¡las increibles aventuras del Hombre Pelo!

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Después de caer al agua y de ser arrastrado hasta una cueva, Pelo apareció en un lugar en el que un grupo de seres extraños, mitad abeja, mitad persona, bailaban y cantaban alrededor de alguien, que les dirigía con una rama de un árbol y que tenía puesto su nombre en la camisa, Atolfo Adveritatis.

 

De pronto, pararon de cantar y bailar. Una persona de mayor tamaño entró en el lugar por una puerta de piedra. Iba rodeada de un grupo de abejas-persona, que le daban constantemente de comer. ¡Esa tenía que ser la Reina de las abejas-persona!, se imaginó Pelo. Él ya la había visto cuando visitó una colmena*.

 

La música volvió a sonar de nuevo y fue subiendo de volumen. Un olor muy agradable llenó el lugar. Pelo y Gatoni pudieron sentirlo a su alrededor. Los bigotes de gato de Gatoni, empezaron a moverse y a picarle. Un tremendo estornudo salió por sus narices. Todas las personas-abeja se giraron, para ver quién había hecho semejante ruido. Atolfo bajó la varita hacia el suelo para mandar parar y también miró hacia el lugar del estornudo.

 

Ya no podían esconderse, pensó Pelo. Lo mejor era dar la cara. "No queremos haceros daño, nos hemos perdido. No sabemos dónde estamos", les dijo. Las abejas-persona empezaron a "hablar" entre ellas, tocándose con las antenas. Estaban decidiendo qué hacer. Atolfo miraba, a Pelo y a Gatoni, con curiosidad. No parecían peligrosos. Decían la verdad. Así que, les invitó a acercarse al grupo y hacer música con ellos. Pelo oyó esto en su cabeza, como cuando aquella chica de Australia le "habló" **. Pura telepatía.

 

Pelo y Gatoni no tenían otra opción. Entraron en el círculo de abejas. Atolfo levantó su varita y las personas-abeja volvieron a danzar a su alrededor, haciendo música como antes. Un sonido muy agradable. Aunque, oyéndolo desde dentro, impresionaba bastante.

 

La que parecía la reina, se fue acercando también al centro. Las que danzaban, habían preparado varios depósitos, como vasijas. En uno de ellos puso un huevo y luego otro y otro y otro. Las bailarinas se pusieron muy contentas. Atolfo también. Movía la varita arriba y abajo. Se dirigió a Pelo y a Gatoni y les invitó a bailar y a cantar. Así lo hicieron. Al principio les pareció raro, pero luego, les encantó participar. La música ya no estaba sonando fuera, sino dentro de ellos.

 

En un momento, el sonido empezó a escucharse en las paredes de la cueva. Se produjeron unos sonidos, que Atolfo llamó armónicos. Y la música se convirtió en voces de un coro. Pelo y Gatoni notaron como empezaban a flotar. ¡El sonido les levantaba a unos centímetros del suelo!. Después un poco más y, finalmente, aparecieron entre una nube de humo, llena de personas que también flotaban y cantaban.

 

Abajo, Atolfo movió su varita hacia el suelo y la música se paró. Pelo y Gatoni estaban, de nuevo, en el centro del círculo. Atolfo sonreía al ver su cara de sorpresa. "¿Queréis viajar con la música?", les preguntó. "Cerrad los ojos", siguió sin esperar a que le contestasen. Sabía que sí querían.

 

La música empezó a ser diferente. Unos sonidos de la India, parecían lloros, pero eran muy agradables. Pelo y Gatoni se vieron andando entre un montón de gente, que caminaba hacia un río. Se bañaban con la ropa puesta. Era el río Ganges. Un río sagrado para los creyentes. Al meterse en el agua, creían que se limpiaban el cuerpo y el alma.

 

A Gatoni, como a todos los gatos, no le gustaba nada el agua. Los gatos prefieren limpiarse con la lengua. Así que, se quedó un poco apartado, no fuese a empujarle alguien y se cayera al agua. Pelo tenía curiosidad y, poco a poco, se fue acercando. Al borde del agua, había un joven sentado con una mochila. Le saludó en su idioma: "¡Hola!". Pelo le respondió: "¡Hola!, ¿De dónde vienes?". " De España. Me llamo Namuel ¿y tú?" . "Yo no sé de dónde vengo, pero me llaman Pelo". Namuel no pareció asombrarse. Le tendió la mano y le invitó a bañarse con él.

* Ver capítulo 12 "La Pelea con Avispas"
** Ver capítulo 25 "Metido en el cuento"

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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