Cuéntame un cuento.es Cuéntame un cuento.es ¡las increibles aventuras del Hombre Pelo!

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Viento había llevado a Pelo a ver un volcán. Y casi quema una ciudad, al soplar sobre la lava. Para evitarlo, Pelo juntó unas nubes. Se produjo una tormenta, y un rayo cayó en un árbol. Los campesinos del lugar apagaron el fuego. Tenían cabras. Un niño, Tomeu, le enseñó a Pelo cómo sacaban la leche.

 

El abuelo, aunque era mayor, estaba muy ágil y pasaba de un cabra a otra, rápidamente. Tomeu le dijo, muy orgulloso, a Pelo: "Ese es mi abuelo Chraspín".

 

Chraspín venía de varias generaciones de cabreros. Se dedicaban a hacer queso con la leche, para venderlo cada semana. Tomeu había aprendido de su abuelo a sacar la leche de las cabras. "¿Quieres que te enseñe a ordeñar a las cabras?", le preguntó a Pelo. "¡Vale!". "Pues agáchate y aprieta así con los dedos". Pelo se puso a hacerlo, pero no era fácil. Cuando lo estaba intentando, la cabra empezó a echar por el culo unas caquitas en forma de bolitas, que cayeron en la leche. Chraspín y Tomeu se echaron a reír, al ver la cara que ponía Pelo.

 

Después de colar la leche, le echaron algo que llamaban "cuajo". Le explicaron que era para que la leche se hiciese queso. Cuando estuvo preparado, lo metieron en unas fundas de madera. Se lo llevaron a unos chozos por los que pasaba agua, para que estuviesen frescos. Allí no había nevera. Una cabra se acercó a Pelo y, sin pensarlo un minuto, se puso a mearle en un pie. Las cabras son así, impredecibles. Por eso, se dice "¡Estás como una cabra!". Pelo se fue a lavar rápidamente, mientras su amigo Tomeu no paraba de reírse. "¡Pues a mi no me hace ninguna gracia!", le dijo Pelo. Tomeu intentó aguantarse la risa.

 

Mientras tanto, se había hecho de noche. Las estrellas en el cielo estaban preciosas. Pelo estaba muy contento de que, su amigo Viento, le hubiese llevado hasta allí. Los cabreros encendieron un fuego dentro de las chozas, que les servían de casa. Y prepararon algo para cenar. Al mismo tiempo que comían, empezaron a contar historias de la montaña. Algunas de mucho miedo. Como cuando, a uno de ellos, le comió una oreja una rata, mientras dormía. Y otras de lobos que atacaban a las cabras. Al abuelo de Chraspín, una vez le seguía un lobo y, para que no se acercase, encendió un palo con fuego y lo llevaba detrás de él. De esa manera, no atacaban a las cabras.

 

Sin darse cuenta, les fue entrando el sueño. A Pelo le dejaron una de las mejores camas, un colchón de helechos. Pelo cayó rendido, después de un día tan lleno de aventuras.

 

Un poco antes de que saliese el sol, se levantaron todos. Desayunaron y sacaron las cabras para que, mientras andaban, comiesen la hierba del monte. Todos los días eran así, trabajando con las cabras. También tenían otros animales. Gallinas, cerdos, perros. Los perros eran para ayudar a que las cabras no se escapasen o para llevarlas a otro sitio. Y también, para cuidar la casa.

 

Tomeu llevó a Pelo a buscar los huevos que, a veces, las gallinas ponían entre las piedras del monte. Encontraron cuatro. Los frieron y se los comieron. Después, sacaron a los cerdos de sus chozos de piedra. Y lo mismo con las gallinas. Tomeu le dijo que había que tener mucho cuidado por la noche, porque la zorra solía intentar comérselas.

 

A lo lejos, se empezó a oír de nuevo a Viento. "Fiuuuu, fiuuuu". Pelo sabía que esto significaba otro viaje. Así que, se lo dijo a Tomeu, "Me tengo que ir". "¡Qué pena!" Se dieron un abrazo, mientras Viento se acercaba con mucha fuerza. Empezó a llover y Viento lanzó a Pelo a un arroyo cercano. El agua corría muy deprisa. Pelo flotaba montaña abajo. Cuando se quiso dar cuenta, estaba en un río más grande y mucho más tranquilo. Afortunadamente, un palo iba navegando en el agua. Pelo se subió encima de él.

 

Un ruido muy fuerte se oía delante de ellos, ¿Qué sería aquello?. Según se iban acercando, aumentaba el sonido. En un momento, se asomaron a una enorme cascada. Pelo y palo cayeron al vacío, hacia un gran lago, que había al final de la corriente de agua.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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