Cuéntame un cuento.es Cuéntame un cuento.es ¡las increibles aventuras del Hombre Pelo!

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Pelo estaba viendo una película sobre el Futuro y se metió dentro de lo que estaba pasando en ella. La camarera del bar en el que se sentó, le trajo comida y bebida.

 

Al volver con la comida y la bebida, la camarera le guiñó un ojo y le dijo muy bajito: "Yo también vengo de donde vienes tú". Pelo se quedó pasmado. "¿Del futuro?", pensó "¿o de la casa de F, el descendiente del Mago Pablum?". Pero no le dijo nada.

 

Cuando ya se iba, la camarera le llamó y le dijo: "Ven mejor por aquí" y le abrió una puerta que había en el fondo del bar.

 

Cuando entraron, Pelo no se lo podía creer. Estaban de vuelta en la habitación de F. La camarera se sentó a su lado y siguieron viendo la película, como si no hubiese pasado nada.

 

Al poco rato, Pelo se fue quedando dormido y, cuando despertó, la película se había terminado y la camarera ya se había ido. F, el dueño del lugar en donde estaba, también se había dormido. Así que, decidió ir a ver el cuadro del Mago Pablum.

 

La casa era mágica. Según entrabas en una habitación, crecía y se adaptaba a tu tamaño. Las puertas siempre eran pequeñas y había que agacharse para pasar. Pelo llegó, por fin, al cuadro del Mago. Se quedó mirándole fijamente. Pareció guiñarle un ojo. Y, de pronto, en la mano de Pablum aparecieron unas monedas. En un instante desaparecieron. Le volvió a guiñar un ojo. Pelo notó cómo entraban las monedas en su bolsillo. ¡El Mago del cuadro le estaba haciendo magia!. ¡Increíble!.

 

Un instante después, el cuadro pareció moverse hacia él como si una puerta se abriese. Pelo se acercó y, efectivamente, era una puerta. Detrás había unas cortinas negras. Las abrió y apareció en un escenario. La gente empezó a aplaudirle. Pablum estaba en el escenario y le presentó como su ayudante. "¡El Hombre Pelo!, que aparece y desaparece ¡y es capaz de volar!". Una corriente de aire hizo que Pelo volase por encima del público. Otra ráfaga de aire llevó a Pelo de nuevo al escenario. El público aplaudía a rabiar. Pelo no entendía nada, pero pensó que era mejor agacharse y saludar.

 

Pablum cogió a Pelo por la cintura y, en un abrir y cerrar de ojos, le transformó en un collar en su cuello. Un segundo después, era una pulsera en la muñeca del Mago. Dos segundos más tarde, se convirtió en una culebra enroscada en su brazo. Pelo no salía de su asombro. Él no hacía nada, todo lo hacía Pablum. Realmente era un mago increíble. Un par de movimientos más y le hizo desaparecer, soplando hacia las cortinas, por donde había venido.

 

Los aplausos se oían detrás de él con fuerza. Cuando pasó la cortina ya no estaba en el futuro. Apareció en una ciudad amurallada. Parecía muy antigua. Un niño venía andando hacia él. Cuando estaba muy cerca, se paró y le dijo: "Yo soy Hiugo y tú eres el Hombre Pelo ¿no?".

 

Pelo se quedó como la muralla, de piedra. "¿Y tú cómo sabes quién soy?". "He leído todas tus aventuras y, por cierto, quiero hacerte algunas preguntas". "Adelante, pero yo quiero preguntarte antes ¿qué ciudad es esta?". "Es Liugo, le respondió".

 

Hiugo había leído con atención todas las historias de Pelo, así que le preguntó: "En el cuento de la Alfombra Mágica, ¿vomitaste todo seguido o a trocitos?". "Vomité a trocitos. ¡Menudo mareo me dio cuando bajábamos desde las montañas!".

 

"Y, cuando te meó el perro, ¿no te arrastró el pis?" "No. Fue un poco asqueroso, pero sólo me saltaron unas gotitas".

 

Durante mucho rato hablaron de las aventuras y de las dudas que Hiugo tenía. Finalmente, le preguntó si quería ver la parte mágica de la muralla. Pelo no lo dudó. "¡Pues claro que quiero!".

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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