Cuéntame un cuento.es Cuéntame un cuento.es ¡las increibles aventuras del Hombre Pelo!

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Pelo había llegado a la Luna con el mago Pablum, subidos en su amiga Alfombra Mágica. Allí, en el lado oscuro, había un Encuentro de Magos en un castillo gigante de arena. Después de aprender unos cuantos trucos de magia, Pelo se fue a dar una vuelta por la Luna y descubrió un cráter.

 

Aquello estaba muy oscuro. Pensó que, si tuviese una linterna, podría ver lo hondo que era. Se asomó un poco más y, sin darse cuenta, se fue inclinando y, en un instante, estaba cayendo por el agujero negro del cráter. Parecía flotar como una pluma, intentó agarrarse a las paredes, pero no pudo, aquello no parecía acabarse nunca. ¿A dónde le llevaría ese cráter?. Pronto lo sabría, porque se empezaron a oír unos sonidos familiares.

 

Pelo estaba de nuevo en la Tierra. Le parecía increíble, porque hacía sólo unos minutos estaba en la Luna. Seguramente, los magos utilizaban ese truco para viajar a la Luna y a otros lugares.
Gatoni * le estaba esperando.

 

Pelo entendía el lenguaje de este Gato y de otros animales que había conocido en sus viajes por el mundo. Así que, se puso a hablar con él. "Pero, ¿y la familia y los niños con los que vivías?, ¿dónde están?". "Ahora estoy en Australia". "¿En Australia?", se asombró el Hombre Pelo. "¿Y cómo has llegado hasta aquí?".

 

"Un día estaba paseando por el puerto, cerca de mi casa, y vi que llegaba un barco de pescar. El olor a pescado era irresistible. Era un barco enorme, lleno de comida. Cuando pusieron la escalera para subir y bajar del barco, di un salto y me metí dentro". "¡Maldito gato!", gritó el marinero que estaba poniendo la escalera. Pero era demasiado tarde, Gatoni ya estaba corriendo hacia el olor a pescado que tanto le gustaba. Allí en las bodegas estaba todo para él.

 

Después de llenarse a tope la barriga, pensó que estaría bien echarse una siesta. Buscó un lugar escondido para que no le viesen.

 

Cuando despertó y salió a la cubierta del barco, dispuesto a volver a su casa, se dio cuenta de que el barco había vuelto a salir del puerto. Había dormido tanto, que no sabía las horas que habían pasado. Después de muchos días de viaje, llegaron a un país desconocido. Era Australia. Muy lejos de su casa, al otro lado del mundo.

 

A Pelo le encantó la aventura. Quería saber más. "Y, por el camino, ¿hiciste amigos?". "Muchos", respondió Gatoni. "Los marineros, las gaviotas y hasta un ratoncillo" "¿Un ratoncillo?. ¡Si a los gatos no os gustan los ratones!". "Ya, pero éste era muy simpático. Estaba yo durmiendo en una esquina y, de repente, oí un ruido y un olor raro me vino a la nariz. Era que Raui, un ratoncillo, se había tirado un pedete. Fui a por él, enfadadísimo, pero se puso contra la pared con la manos arriba y me pidió perdón". "¡Perdón, perdón!. Se me ha escapado". "Me hizo tanta gracia verle así, con esa cara, que me eché a reír. Él también empezó a reírse y acabamos siendo amigos. Me enseñó muchos rincones increíbles de ese barco tan grande".

 

"Paramos en muchos sitios, pero yo no me bajaba por si me perdía otra vez. Finalmente llegamos a Australia y pensé que era tiempo de salir del barco".

 

Pelo estaba encantado oyendo lo que le contaba Gatoni, pero, en ese momento, un animal rarísimo empezó a acercarse. Llevaba una bolsa enorme delante, en su barriga. Caminaba a saltos. Se parecía a un ratón gigante "¿No será ese tu amigo Raui?". Gatoni se echó a reír revolcándose por los suelos. "No. Eso no es un ratón, es un canguro. También es amigo. Se llama Kahn Gurú. ¿Te gustaría dar una vuelta en la bolsa de su barriga?". "¡Por supuesto!". Sin pensarlo, subieron los dos a la bolsa, y Kahn se puso a dar saltos, por un camino polvoriento. En un momento estaban en un lugar, en el que no había nadie o, al menos, eso parecía. Gatoni le dijo a Pelo: "Te presento al Desierto".

 

Pelo había oído hablar de él, pero era la primera vez que estaba en uno de verdad. No se veía ni una nube y el sol calentaba a lo grande.

* Ver Capítulo 4 - El hombre Pelo y Gatoni

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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