Cuéntame un cuento.es Cuéntame un cuento.es ¡las increibles aventuras del Hombre Pelo!

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Por la mañana, la mamá de Nieves la fue a levantar y, al ver que la alfombra seguía allí, le recordó que tenía que llevársela, que había acordado que se quedaba solamente un día. La niña le respondió: "De acuerdo".

 

A Nieves ya no le importaba que Alfombra no fuese a estar en su habitación. Le habían prometido volver por la noche para salir a volar. Así que, enrolló a Alfombra con el Hombre Pelo dentro y, después de desayunar se fue al colegio con Alfombra Mágica bajo el brazo.

 

Como los niños son muy ocurrentes y a Nieves se le ocurrían cosas todo el rato, pensó que estaría muy bien ir volando en Alfombra Mágica al colegio. Alfombra que, a veces, leía el pensamiento, se desenrolló inmediatamente toda enfadada y se puso delante de ella "¡Ah no, eso no! ¡Imagínate a todos los niños contándoselo a los profesores y a sus padres!. Me querrían llevar todos a su casa y sería el fin, hecha trocitos. ¡Definitivamente no!". "¿Y Pelo? ¿Dónde está Pelo?".

 

No se habían dado cuenta de que, al desenrollarse Alfombra, Pelo había salido disparado y había caído por donde entra el agua de la calle, en las alcantarillas.

 

Tampoco se fijaron en que venía otra niña detrás de ellas y que vio como Alfombra se plantaba delante de Nieves y le hablaba. Empezó a gritar: "¡Una alfombra que habla y se mueve! ¡Que habla y se mueve!". Sin pensarlo, Mágica salió volando al cielo, huyendo de aquel peligro.

 

Las dos niñas se quedaron quietas sin saber qué hacer. Otras compañeras fueron apareciendo, algunas con sus padres. Se lo contaron a todas, pero nadie les creyó.

 

Mientras tanto, el Hombre Pelo viajaba por el agua apestosa de las alcantarillas, sin saber muy bien dónde estaba. Todo oscuro, con ruidos extraños. Se agarró a lo que parecía un palo flotando. Al final se veía algo de luz. Cuando llegaron, comprobó que no era un palo, sino una especie de culebra rasposa, sin ojos, que vivía en las profundidades y que se alimentaba de lo que la gente tiraba al agua. O sea cacas, pises y cosas por el estilo. A Pelo le horrorizó estar encima de ese bicho, pero ¿qué podía hacer?.

 

A los lados de ese río asqueroso, había una especie de aceras por las que corrían unas enormes ratas, que gritaban todo el rato como riéndose y enseñando los dientes. Pelo no podía imaginar un final peor para su vida de aventuras. Rodeado de un olor pestilente, subido sobre un bicho asqueroso que come cacas y pises, y devorado por una rata aún más asquerosa. "¡No quiero morir así!" gritó. "¡No quiero!". El bicho y las ratas miraron hacia donde se oían las voces, pero no vieron nada. En ese momento una enorme cascada apareció en el horizonte. Pelo cerró los ojos horrorizado. Se sintió caer sin poder hacer nada. El aire seguía oliendo fatal y, cuando abrió los ojos de nuevo, la oscuridad más negra le acompañaba.

 

Ya no sabía que era mejor, si ser comido por las ratas asquerosas o esta tortura de no saber hacia dónde vas, con la seguridad de que algo malo va a pasar.

 

Se encendieron unas luces y pudo ver como una enorme boca abierta, llena de dientes, le esperaba al final de la cascada. Se parecía a un tiburón, pero no tenía aleta. Pelo se dejó caer y se despidió de todos sus amigos y de su vida.

 

De nuevo la oscuridad le rodeó. Un líquido pegajoso le pringó todo el cuerpo. ¿Qué estaba pasando?. Angustiado empezó a moverse. Parece que esto le hizo cosquillas en la lengua al monstruo que soltó un gran estornudo. Pelo salió lanzado hacia un agujero que había en la pared.

 

Fue a caer en el bocadillo que se estaba comiendo un vagabundo que vivía en esas cloacas. Pelo volvió a gritar: "¡No me comas, por favor!. El hombre le miró y dijo "¡Anda, que bien, un pelo que habla!". Estaba acostumbrado a ver cosas aún más raras allí abajo.

 

El Hombre Pelo no sabía si esta bienvenida era buena o era mala.

 

Mientras tanto, Nieves y su amiga habían llegado al colegio y no podían pensar en otra cosa que no fuese la Alfombra Mágica y voladora. La profesora les tuvo que decir varias veces que prestasen atención. Sin conseguirlo.

 

Alfombra Mágica cogió tanta velocidad que dio tres vueltas a la Tierra en un abrir y cerrar de ojos. Por algo era mágica y podía hacer estas cosas.

 

Pelo seguía escuchando decir cosas al vagabundo, "Por fin tengo a alguien con quién hablar, que no sean ratas. Creo que vamos a ser buenos amigos ¿no te parece?". El Hombre Pelo no sabía si contestar o no. Para él, un amigo era algo más que tener a alguien con quién hablar. Finalmente, dijo: "¿Cómo se sale de aquí?". El vagabundo soltó una enorme carcajada, que se oyó por toda la alcantarilla. "Ja, ja, ja, siento decirte que de aquí no se sale nunca".

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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