Cuéntame un cuento.es Cuéntame un cuento.es ¡las increibles aventuras del Hombre Pelo!

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Pelo, Canessa la investigadora, su amigo Bulliver y el astronauta Buzz Aldrin se fueron a una cafetería para hablar sobre las posibilidades de ir al planeta Marte.

 

Un camarero vino a preguntarles qué querían tomar. En lugar de pedirle la bebida, Buzz Aldrin le preguntó: "¿Usted cree que se podría viajar a otros planetas con la música?". El camarero no se sorprendió: "¡Claro!, yo lo hago todos los días". Canesa le miró con ojos de científica y pensó que estaba bromeando. Pero no era así. "Yo estuve en un centro de investigación inglés, que trabajaban con piedras magnéticas para comunicarse. También hicieron pruebas de viajes interestelares con música". A Pelo le pareció lógico.

 

Buzz pidió una tónica, dándole las gracias por tan amable explicación. Canesa y Bulliver no sabían qué pedir, después de oír lo que había dicho. Ya no les parecía un simple camarero.
Pelo pidió una hamburguesa. Tenía mucha hambre.

 

"Yo creo que deberíamos hablar con tu amiga Alfombra Mágica", dijo Buzz dirigiéndose a Pelo. "Podríamos ir a Marte de la misma forma que ella te llevó a la Luna". "Me parece una buena idea", le respondió Pelo, "el problema es que Alfombra aparece cuando ella quiere". Todos se quedaron en silencio sin saber qué decir.

 

El camarero apareció con las bebidas. Pero ya no era el mismo camarero de antes. "Y el joven que nos atendió antes, ¿dónde ha ido?", le preguntó Canesa intrigada, después de mirar alrededor y ver que no estaba. "¡Aquí, yo soy el único camarero!". Todos se miraron con cara de asombro. ¡No podía ser, todos le habían visto y oído decir que se puede viajar a otros planetas con la música!.

 

Buzz comentó: "A veces, vemos cosas que imaginamos". Canesa propuso investigar sobre la música y los viajes, pero ¿cómo podrían hacerlo?. Bulliver pensó que se podía hacer un fondo de dinero para investigar. Eso no era fácil. Era un proyecto demasiado imaginativo como para que alguien se arriesgue y que luego no funcione. "¡A mi me ha funcionado!", dijo Pelo. "Eso es cierto", le respondió Buzz, "Podemos empezar con pruebas sencillas en tu laboratorio personal", continuó, dirigiéndose a Canesa. "¡De acuerdo!", fue su respuesta. "¡Brindemos por este nuevo proyecto!", sugirió Bulliver.

 

En ese momento, apareció de nuevo el camarero que les dijo que había viajado con la música. "Yo puedo ayudarles. Termino en una hora. Podemos ir a mi casa y les explico mi experiencia". Aunque estaban todos un poco confundidos por la nueva aparición de ese "fantasma", accedieron sin dudarlo. "¡En una hora vamos a su casa!", le confirmó Buzz, que parecía el más convencido de que el camarero era real.

 

Unas gotas de lluvia empezaron a caer en la terraza en la que estaban sentados. Para no mojarse entraron en el bar. Pero, al hacerlo, pudieron comprobar asombrados que aquello no era un bar. Era una cabina enorme de un avión o ¡de una nave extraterrestre!. "¿Dónde estamos?", se preguntaron todos a la vez. Una amable mujer se acercó a ellos. "Por favor, tomen asiento. La nave va a despegar". "¿Y a dónde vamos?", preguntó Canesa, un poco preocupada. "Mi compañero, el comandante de vuelo, me ha dicho que querían saber cómo se viaja con la música y les vamos a hacer una pequeña demostración. Iremos al planeta Saturno en apenas 15 minutos de música. Pónganse los cinturones y relájense". Todos obedecieron en silencio. Aquello se ponía interesante.

 

Una música muy suave comenzó a sonar por toda la nave, como si saliese de las paredes. Poco a poco, todos notaron que esa música entraba por el pecho y luego por toda la piel del cuerpo. Era muy agradable. Unos minutos después, el sonido se hizo más intenso. Los pelos de la cabeza se les pusieron de punta. Pelo se puso todo de punta.

 

Click, clack. En el aire sonaron una especie de chasquidos. "Estamos llegando a Saturno", anunció la mujer con aspecto de azafata. La música volvió a ser suave y la nave se volvió de cristal. Ahí estaba Saturno con sus anillos.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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