Cuéntame un cuento.es Cuéntame un cuento.es ¡las increibles aventuras del Hombre Pelo!

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Escapando de Casposo, Mariposa llevó a Pelo a la cueva de BeeYou Merlín, el Mago. Éste les invitó a comer, además de regalarle jabón a Pelo para evitar la caspa de Casposo.

 

Merlín hizo magia y en un instante, la sopa salió de su caldero y llenó los platos. "Sentaos", les dijo. Pero allí no había sillas. Merlín se colocó junto a la mesa y un asiento de cristal, muy transparente, apareció detrás de él.

 

Pelo hizo lo mismo. Su silla era de madera tallada, muy cómoda. Mariposa no la necesitaba. Se puso junto a un plato. Pero, al mirarla Merlín, Mariposa se transformó en una mujer bellísima. Una silla estaba esperándola junto a la mesa. "Me llamo Alid", dijo dirigiéndose a Pelo, "¡qué buena pinta tiene esta sopa!".

 

Mientras, Casposo intentaba entrar en la Cueva, pero el olor formaba una barrera que le mareaba. Intentaba contener la respiración. Sin éxito. A los pocos segundos tenía que salir a respirar. Además, como estaba formado por pequeños "copos" de caspa, algunos se le quedaban fuera y tenía que ir a buscarlos. Después de un rato intentándolo, decidió que esperaría en la puerta de la Cueva, a que saliesen Pelo y la mariposa.

 

Merlín, Mariposa-Alid y Pelo estaban terminando de comer. La cueva estaba iluminada por unos gusanos que daban luz. Los había de diferentes colores: azul, rojo, verde, amarillo, blanco. De vez en cuando, alguno se convertía en mariposa. Cuando esto ocurría, Alid decía: "¡Otra hermana que nace!".

 

Ya estaban terminando cuando Merlín movió ligeramente la cabeza. Un ciervo apareció con una bandeja llena de helados de diferentes sabores. Los dejó encima de la mesa para que eligieran. Pelo se tomó uno de fresa. Alid uno de vainilla. Merlín levantó las manos y tres helados volaron a su plato. Vainilla, fresa y chocolate. Dos cucharas, también voladoras, empezaron a llevarle el helado a la boca. Pelo pensó: "¡Si viera esto el Mago Pablum*, seguro que le encantaría!".

 

Finalizado el postre, Merlín miró hacia arriba y abrió el techo de la cueva. La mesa y las sillas se cubrieron con una esfera de cristal y empezaron a elevarse. "¿Os gustaría visitar mi casa?". "¡Desde luego!", dijeron todos.

 

Volaron por encima de los árboles y a una velocidad increíble, se acercaron a una isla enorme. Comenzaron a bajar. En un lado de la montaña se podía ver un pequeño agujero, al retirarse un árbol que lo tapaba. Parecía que Aire, el amigo de Pelo, lo hubiese movido. Fueron entrando uno a uno. Muy despacio aterrizaron en un salón inmenso, con un techo muy alto, lleno de lámparas con brazos y colgantes de cristales de colores.

 

Merlín hizo desaparecer las esferas de cristal y les dijo: "¡Estáis en vuestra casa!". Al ver aquello, Pelo se atrevió a preguntar: "Esta casa tiene muchos años, ¿siempre has vivido aquí?". "Varios siglos", le respondió Beeyou Merlín. Pelo siguió preguntando con curiosidad, "Pues entonces, ¿cuantos años tienes tú?". "Si le sumas 1.000 a los tuyos y le restas los que tiene esta casa, lo multiplicas por el número pi, le añades los granos de arena que te quepan en una mano y lo divides por las ventanas de esa pared, te saldrá un número aproximado de los años que tengo".

 

Pelo no sabía si BeeYou Merlín le estaba gastando una broma o si hablaba en serio, pero dejó de preguntar. La casa estaba llena de libros y de instrumentos raros de metal y cristal. Algunos tenían líquidos de colores. Bajaron por unas escaleras. Alid volvió a convertirse en mariposa. Cuando llegaron al final de las escaleras, un gran lago apareció delante de ellos. Una barca estaba atada a un árbol de la orilla. "Por aquí se sale al mar", les dijo BeeYou. Una cabeza con un cuello muy largo, salió del centro del lago. "¡Nessi, vuelve a tu lago!", le reprendió Merlín, "le encanta venir a verme".

 

En una gruta al fondo, una joven muy engalanada cantaba una canción sobre una sardina que se libró de un tiburón hambriento. "Es la Mouis, que ensaya aquí su próximo concierto en Sevilla". Al pasar junto a ella, pudieron ver que la acompañaba una especie de vaquero del Oeste americano, tocando la guitarra". Mouis le decía: "¡Ese Diego!", lo que le hacía tocar con más ganas. A Pelo le hubiese gustado escuchar más, pero Merlín seguía su rumbo.

 

Una puerta enorme se abría al mar. El sol no les dejaba ver bien. Una sombra parecía atacarles. Merlín se subió las mangas y empezó a hacer gestos en el aire.

 

* El Mago Pablum aparece en varios capítulos de Enero y Febrero de 2015

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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