Cuéntame un cuento.es Cuéntame un cuento.es ¡las increibles aventuras del Hombre Pelo!

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Pelo y Gatoni salieron de la Cueva de los Brillantes, guiados por Unicornio. Allí les esperaba una nave espacial. Unicornio conocía a los pasajeros de la nave, que les invitaron a subir. Se dirigían a su planeta, Quarmia.

 

"¿Cómo te llamas?", escuchó Pelo que le decía una voz detrás de él, cuando ya estaba dentro de la nave. Al girarse, no vio a nadie. Unas risas, y un segundo después, esas risas se convirtieron en visibles. Era alguien plano, como un papel, que de canto se convertía en invisible. Y cuando se ponía de frente, se le veían un montón de imágenes y algo parecido a letras, dibujadas en lo que parecía su piel.

 

"Me llamo Pelo ¿y tú?". "Yo me llamo Nubela, ¿quieres que te enseñe nuestra nave?". Sin esperar la contestación, se dio la vuelta y Pelo la siguió. Su olor le recordaba a alguien de la Tierra.

 

Nubela se movía volando, como cuando Viento lleva a Pelo de viaje. Para no quedarse atrás, Pelo se agarró a una de las esquinas de ella. Unas risas se volvieron a oír en la cabeza de Pelo. En unos segundos, llegaron al otro extremo de la nave. Una ventana enorme les dejaba ver un Universo lleno de estrellas.

 

De pronto, un objeto enorme se acercó y golpeó la ventana. "¡Meteorito, meteorito!", oyó Pelo que alguien le decía dentro de su cabeza: "Nuestro sistema no ha detectado el meteorito y ahora, con el golpe, nos hemos desviado de nuestra ruta. Hay que volver a situarnos".

 

Dentro de la nave había mucho movimiento. Pelo vio algo raro en el punto en el que, el meteorito, había golpeado el cristal. Una especie de araña negra estaba creciendo. No tuvo que decir nada. Nubela le leyó el pensamiento y dio la señal de alarma. "¡Perforador! ¡perforador en cristal de dirección!". Rápidamente, aparecieron un grupo de quarmianos, con un tubo enorme. Pusieron la punta unida al cristal. Un producto espeso salió de allí. Inmediatamente, cerró el agujero que la "araña" estaba haciendo.

 

"¿Esto ocurre muy a menudo?", le preguntó Pelo a Nubela. "De vez en cuando. Son habitantes parásitos de la galaxia, que viajan en meteoritos y que, cuando chocan, salen e intentan abrir un agujero para meterse en las naves. Son muy peligrosos, porque se comen toda la luz de la que nos alimentamos".

 

Pelo estaba aprendiendo muchas cosas del espacio. Si se volvía a encontrar a Buzz Aldrin, al que conoció en la Luna*, se lo contaría.

 

"¿Aquí no se duerme?", preguntó Pelo, que estaba empezando a tener sueño.

 

Una nube de colores suaves se fue acercando a él. "Aquí Nube de Sueño. ¿Alguien me ha llamado?". "No te he llamado, pero sí que tengo sueño", le contestó Pelo, asombrado. "Pues entra dentro de mí, que te llevo a soñar. Hay otros que también están en recarga".

 

Recarga era el lugar donde reponían fuerzas los quarmianos. Pelo se quedó dormido en cuanto entró en aquella sala tan acogedora.

 

Soñó que tenía dolor de espalda y que, en Alcalá de Henares, había una persona que ponía abejas para este tipo de problemas.

 

Al llegar a la consulta, el Apiterapeuta, que así se llama al que pone abejas, le dijo: "¡Tú eres el Hombre Pelo!. Hace muchos años que te inventé, ¿qué haces aquí?". "¿Tú me inventaste?. Por eso, no recordaba a mis padres". "Tu familia somos todos los que te leemos y los que participan en tus aventuras".

 

Pelo se despertó sobresaltado. Gatoni estaba a su lado, dormido. Al oír moverse a Pelo, también se despertó. "¿Qué te pasa?", le dijo, "te noto raro". "Es que he soñado algo muy extraño. Alguien decía que me había inventado. Dijo que estaba en Alcalá de no sé qué. Me gustaría saber si existe de verdad y verle". Gatoni le miró con los ojos achinados y se volvió a dormir.

* Ver Capítulo 22 - Buzz Aldrin, el segundo hombre en la Luna

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Violeta Pérez Llorente

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