Cuéntame un cuento.es Cuéntame un cuento.es ¡las increibles aventuras del Hombre Pelo!

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Pelo y Gatoni entraron con Unicornio en la Cueva de los Brillantes. Cuando estaban viendo a un cisne elevarse por encima del lago, éste recibió un disparo y quedó malherido.

 

"Pero, ¿por qué le han hecho eso?", preguntó Pelo. "Era precioso volando y ahora quizá no pueda volver a volar más".

 

Unicornio le explicó la historia del cazador Rabisto que le había disparado a Cisne porque, de pequeño, otro cisne le picó en la cabeza. Pelo vio que, mientras Unicornio hablaba, una sombra amenazante se iba acercando a ellos.

 

Era Rabisto, que venía muy enfurecido con su escopeta, dispuesto a seguir disparando. Pero, una cáscara de plátano se cruzó en su camino. Resbaló, salió por los aires y fue a parar al lago. Su escopeta cayó a los pies de Unicornio. Con una patada, la metió en un agujero muy profundo que había en el suelo de la cueva.

 

Rabisto se puso a nadar en dirección contraria, con la cara roja por el enfado. Iba tan rápido y con tanta rabia que, en segundos, se convirtió en un punto y desapareció.

 

Con todas estas cosas, se habían olvidado de que venían a ver los brillantes de la cueva. Unicornio colocó a Cisne en una repisa con forma de cama, entre las rocas. Allí le dejó algo de comida para que se recuperase. Después se fueron por un camino con arena de diferentes colores: violeta, naranja, azul, verde. Al final de todo, se veía un arco muy grande. Cuando llegaron a él, pudieron ver que lo tapaba una cascada de agua. Unicornio dio un salto y la atravesó. A los gatos no les gusta mojarse, por lo que Gatoni prefirió quedarse esperando. Pelo le dijo: "No vas a ver los brillantes, si no pasas la puerta de agua". Gatoni movió la cabeza, como si no le importase.

 

Pelo tomó impulso y se lanzó hacia el centro de la columna de agua. En un instante, apareció al otro lado. Unicornio le estaba esperando. Unas escaleras de mármol llevaban a una estancia llena de luz. Subieron por ellas sin dudarlo. Pelo se montó en el lomo de Unicornio, que parecía volar. Cuando llegaron, una llamarada casi les quema. "Es Dragón, el guardián de los brillantes", le explicó a Pelo, "No es malo, simplemente se ocupa de que nadie se lleve nada, sin su permiso".

 

Dragón les vigilaba a los dos, por si acaso. Unicornio ya le conocía de otras veces, pero los dragones no tienen amigos. La importancia de los brillantes no estaba en las piedras, sino en la luz que despedían. Y eso no era posible llevárselo. Sólo brillaban así en la Cueva de los Brillantes. Había que guardar esa visión en la memoria. Por eso, quienes los robaban no podían disfrutarlos. Fuera perdían esa luz especial.

 

Dragón lanzó otra llamarada de atención. Era la señal para que se fuesen. Nadie podía estar mucho tiempo allí y no volverse loco. Unicornio hizo un gesto a Pelo para que subiese a su lomo, y salieron trotando. Tuvieron que atravesar el arco de agua, pero en sentido contrario. Gatoni les esperaba al otro lado.

 

Sus pelos estaban tiesos como escarpias. "¿Qué te ha pasado?", le preguntó Pelo nada más verle. "¡Esto está lleno de abejas!". Así era. En un lado de la pared había un grupo enorme, todas juntas. Y muchas venían volando, para unirse a ellas.

 

Unicornio les explicó que aquello era un enjambre de abejas. "¿Un enjambre?", preguntó Pelo asombrado. "Yo he estado dentro de una colmena, pero nunca las había visto todas fuera". Unicornio les empezó a explicar: "Cuando la reina pone muchos huevos, nacen muchas abejas y la colmena, que es su casa, se les queda pequeña. Así que unas cuantas, las exploradoras, buscan un lugar que sea bueno para vivir. Deben de tener suficiente sitio para construir panales de cera, donde la reina pueda poner huevos y donde almacenar la miel que necesitarán en invierno, cuando no haya flores.

 

Más de diez mil abejas, con su correspondiente reina, estaban pegadas a la pared. Gatoni seguía paralizado por el susto. Pelo y Unicornio se acercaron con cuidado a verlas. "Normalmente, las abejas de los enjambres no pican, porque están llenas de miel y no pueden sacar el aguijón", le dijo Unicornio a Pelo, que estaba fascinado por lo que veía.

 

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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