Cuéntame un cuento.es Cuéntame un cuento.es ¡las increibles aventuras del Hombre Pelo!

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Pelo llevaba un tiempo descansando en un pueblo, pero ya se estaba empezando a aburrir. Un día, a lo lejos, empezaron a verse unas nubes de polvo y lo que parecían unas carretas. "¡Los cómicos! ¡Los cómicos!", gritaban los niños. Pelo no sabía quienes eran los cómicos. Un niño del pueblo en el que estaba, le explicó que hacían teatro y juegos malabares, y que eran muy divertidos. Su llegada siempre hacía que el pueblo se revolucionase. Solían venir después de la cosecha. Así siempre les daban, al menos, algo para comer. Y, a veces, hasta dinero.

 

Sus carretas pintadas de colores llamaron la atención de Pelo. ¿Cómo sería eso del teatro y los juegos malabares?. Los hombres no paraban de hacer ejercicios, vestidos con unos trajes muy exóticos, que decían haber comprado en un lejano país llamado India. Y las mujeres, todas bellísimas, también llevaban unos trajes que las hacían aún más bellas. Realizaban unos movimientos increíbles. Pelo no pudo evitar acordarse de su amada. ¿Dónde estaría ahora?. ¡Cómo le gustaría compartir estos momentos con ella!, pensó suspirando.

 

"¡Letisia, no corras tanto, que te vas a caer!" Una de las mujeres, con vestidos exóticos, le decía a una niña que fuese prudente. Letisia, como la había llamado su madre, saltó al suelo, como si saliese de una jaula, en cuanto paró la carreta. Con la buena o mala suerte de que Pelo estaba en su camino. Cuando la vio venir corriendo, pensó que era muy difícil que, justamente, se chocase con él. Había mucho espacio alrededor como para que tuviese que chocar con alguien tan fino. Pero, si algo puede pasar, pasa. La niña fue directa a él y tropezó con una raíz del suelo. Pelo gritó "¡Nooooo!", cuando se fueron a caer en el único charco que había detrás de él.

 

Letisia no paraba de reír. Su vestido ahora era de color marrón, lo que parecía hacerle mucha gracia, y, además, oía voces que le hablaban. Pelo estaba lleno de barro, como una croqueta de barro. Igual que cuando Águila le confundió con una lombriz*. Empezó a moverse para salir de allí. Al verlo, a Letisia le dio aún más risa "¡Ja,ja,ja, un palo que se mueve y que habla! Yo quiero uno así para jugar". Y, sin pensarlo ni un minuto, agarró lo que ella creía que era un palo y se volvió hacia su carreta.

 

"¡Mamá, mamá, mira lo que he encontrado, un palo que habla". Pelo no sabía si callarse o hablar, y decir que no era Palo sino Pelo, y que no era un juguete. Pero la madre ya le estaba diciendo a Letisia que lo tirase lejos. No sirvió de nada que llorase, ni que utilizase todos los trucos que, como todos saben, los niños utilizan para convencer a los padres . Así que salió de la carreta, fingió que lo tiraba, pero lo que hizo fue meter a Pelo en una caja de herramientas, que llevaba la carreta por fuera.

 

Pelo no se lo podía creer. Estaba rodeado de martillos y alicates. Con un olor a grasa y a metal y a todo, que casi no le dejaba respirar. ¿Cómo saldría de allí?. Un poco de luz entraba por una rendija de la tapa. Pelo se quitó como pudo el barro, ya casi seco, y empezó a salir por ese pequeño hueco. Es la ventaja de ser fino como un pelo. Pero, justo en ese momento, volvió a aparecer Letisia y, al ver cómo salía, le dijo: "¡Qué gracioso eres! Y estás más limpio. Seguro que, a mi mamá, ahora no le importa que estés conmigo".

 

Esta vez Pelo habló claro: "¡No soy un juguete! ¡Soy una persona, muy fina, pero una persona y me llamo Pelo, no Palo!". A la niña esto le hizo todavía más gracia y le cogió con la mano, mientras decía: "¡Un Pelo, un Pelo!". Otros niños se acercaron a ver qué era aquello, que hacía que Letisia estuviese tan contenta.

 

Letisia se fue corriendo al bosque, no quería que los demás niños le quitasen su nuevo juguete-amigo. Pelo estaba mareado con tanto movimiento y, claro, vomitó. Menos mal que lo hizo hacia la tierra. Letisia se paró a la sombra de un árbol y empezó a limpiarle y a acariciarle. Pelo le miró a los ojos y no pudo enfadarse. Tenía unos ojos preciosos que miraban de una forma muy especial. ¡Qué rabia! con las ganas que tenía de enfadarse con la niña, por todo lo que le había hecho pasar. Letisia empezó a contarle cosas sobre cómo era esa vida, de ir de un sitio para otro, con la carreta de los cómicos.

* Ver Capítulo 1 - El Hombre Pelo y Águila Real

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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