Cuéntame un cuento.es Cuéntame un cuento.es ¡las increibles aventuras del Hombre Pelo!

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Después de lavarse en el río, Pelo y Alfombra Mágica iban camino de una casa, llevados por una niña, que les había encontrado. Ya se veía la casa y, en la ventana, una señora gritaba: "Pero Nieves ¿qué traes ahí?". La niña se dio cuenta de que su madre le iba a hacer tirar la alfombra a la basura, y a ella le gustaba mucho. Así que, se le ocurrió decirle que era mágica, para que le dejase ponerla en su habitación. "Mamá es que esta alfombra es mágica, la he visto volar", mintió, "déjame que la tenga sólo un día en mi habitación".

 

El Hombre Pelo seguía, a corta distancia, a la niña con Alfombra Mágica al hombro. Pudo entrar con ellas en la casa, justo cuando ya se cerraba la puerta. Es la ventaja de ser como un pelo, que pasas por sitios muy estrechos.

"¡Tira esa sucia alfombra inmediatamente, Nieves!", le dijo la mamá, en cuanto traspasó la puerta de la casa. A Alfombra no le gustó que la llamasen sucia, pero permaneció en silencio para no complicar más las cosas. "¡Pero, mamá, si la he lavado en el río!". Eso era cierto, aún le dolían a Pelo y a Alfombra los golpes que les dio la niña para lavarla. "Sólo un día mamá, por favoooor". Esto lo dijo con esa carita de pena que saben poner los niños cuando quieren convencer a sus mamás. "Porfa mami" insistió.

 

"Vale, pero solamente un día ¿eh?", dijo la mamá finalmente al comprobar que, efectivamente, la alfombra no estaba tan sucia como pensaba.

 

Nieves salió corriendo hacia su habitación muy muy contenta. Extendió la alfombra entre su cama y el armario de los juguetes. El Hombre Pelo no se separaba de ellas. Por eso, casi le pisa Nieves al dar marcha atrás, para ver lo bonita que quedaba su nueva alfombra "mágica". No sabía ella lo mágica que era de verdad, pero Pelo y Alfombra ni se movieron, ni hablaron, para no empeorar la situación.

 

La mamá de Nieves la llamó: "¡A merendar!" . Pelo y Alfombra aprovecharon ese momento para poder hablar entre ellos. "¿Nos vamos ya o qué?" le dijo Pelo.

 

"¿Por dónde?" "¡Por la ventana¡" "Pero si está cerrada" "Prueba a ver si la puedes abrir". Alfombra echó a volar hacia la ventana. Justo en ese momento, Nieves venía con la merienda en la mano, dispuesta a comérsela encima de la alfombra. Al verla volar de verdad se paró y gritó: "¡Mamá, mamá, mira como sí que vuela!". Alfombra volvió al suelo y se quedó muy quieta. Pelo no pudo evitar decirle "Ni te muevas". Nieves le oyó y volvió a gritar: "¡Y también habla!". Pelo se escondió debajo de la cama sin volver a decir palabra.

 

La mamá vino corriendo, pensando que le pasaba algo a Nieves. "De verdad mamá, que la he visto volar hacia la ventana". "Nieves, no imagines tanto, las alfombras no vuelan. ¿No ves que está muy quieta en el suelo?". Nieves la levantaba un poco, para ver si volvía a volar, pero Alfombra se hacía la alfombra normal. La mamá salió de la habitación.
"¿Por qué me haces esto?", le dijo Nieves a Alfombra, cogiéndole suavemente de una esquina. "Yo te he visto volar, no es mentira".

 

Tan triste la vieron que Pelo decidió intervenir, saliendo de debajo de la cama "No te asustes, yo soy el Hombre Pelo, que casi no se me ve y ésta es mi amiga Alfombra Mágica, que vuela y me lleva a muchos sitios. "¡Ajá, ya lo sabía yo!", dijo la niña, como si fuese lo más normal del mundo que un pelo hablase, y que una alfombra volase. "Yo también quiero volar contigo".

 

"¡Súbete!" le contestó Alfombra y le dio una vuelta por la habitación. Nieves estaba encantada. "No debes contárselo a nadie porque ya ves que no te van a creer. Cuando pase un tiempo volveremos para llevarte a sitios preciosos, mientras los demás duermen". "¡Bieeeen!" le contestó. "¿Me lo prometéis?" "Prometido". "¿Y no me podéis dar un viaje cortito ahora mismo?" "¿Y si viene tu madre?" "Mejor esta noche o mañana" "Vale, pero no os vayáis".

 

Nieves se puso a leer un cuento. Le gustaba mucho leer y que le leyesen cuentos. Historias fantásticas de otros lugares y de viajes. Por eso, estaba encantada de poder hacerlo con Alfombra y Pelo. Esa noche quizá pudiese volar. Justo en ese momento se oyó un trueno, y un relámpago iluminó la ventana con un color azul intenso. "No me lo puedo creer, va a llover la noche de mi primer vuelo en alfombra". Pelo se le acercó: "No te preocupes, lo haremos otro día".

 

Por la mañana, la mamá de Nieves la fue a levantar y, al ver que la alfombra seguía allí, le recordó que tenía que llevársela, que había acordado que se quedaba solamente un día. La niña le respondió: "De acuerdo".

 

A Nieves ya no le importaba que Alfombra no fuese a estar en su habitación. Le habían prometido volver por la noche para salir a volar. Así que, enrolló a Alfombra con el Hombre Pelo dentro y, después de desayunar se fue al colegio con Alfombra Mágica bajo el brazo.

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Texto: Pedro Pérez Gómez

Ilustración: Cristina Llorente López

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